El que se queda, ¡se queda llorando!

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en El que se queda, ¡se queda llorando! 25

 En lo que ensaya Andrés Manuel López Obrador el México que quiere, sus acciones y sucesos causan nerviosismo no solo al pueblo bueno y sabio, sino a la comunidad internacional en su conjunto, prueba de ello son los altibajos que el dólar tiene y las variables en las mediciones de la bolsa, que apenas los economistas entienden; cuando se sabe de renuncias de personajes que encabezan cargos públicos de primer nivel, en el gobierno federal.

Carlos Urzúa, fue hasta el martes 9 de julio secretario de hacienda y según los expertos era uno de los pocos miembros del gabinete que si sabe lo que estaba haciendo.Su dimisión causo impacto y la carta renuncia más bien fue otra denuncia de hechos, como en su momento fue la renuncia de German Martinez a la dirección general del IMSS.

Su sorpresiva renuncia al principal cargo de la estructura de gobierno, de inmediato generó pánico en calificadoras y mercados internacionales; igual en el sistema económico interno. Apenas el inmediato y oportuno anuncio del nombramiento del hasta entonces subsecretario de esa dependencia Arturo Herrera, calmo los ánimos y las aguas se tranquilizaron. La estancia de Herrera en el Banco Internacional y otras dependencias de alcances mundiales, anuncia no solo seguridad en los manejos hacendarios, igual oferta la seguridad de inversionistas y otros actores del comercio internacional interesados en México.

Como es habitual ya en AMLO minimizar las razones de los que prefieren irse, lo hizo ahora con Urzúa. Germán Martínez se fue según en su momento lo dijo el presidente, por falta de consistencia en el paso que la cuarta transformación lleva. Ahora el ex secretario se fue, de nuevo según el presidente, por las broncas que arrastraba con el jefe de la oficina del presidente Alfonso Romo y otros de menor grado en el escalafón de mando del gobierno federal.

Aunque tanto Germán Martínez como Urzúa han sido muy claros en por qué se fueron y delinearon con precisión lo que está pasando con influyentes del primer círculo del presidente, a quienes lo menos que les dicen es ser ignorantes de los temas de interés de la dependencia que cada uno era responsable; AMLO insiste en desechar razones e imponer su único e irrefutable juicio: abandonan el barco por falta de consistencia en la propuesta de acción de la cuarta transformación.

No me asusta la calificación que se nos asigna a quienes manifestamos públicamente las inconsistencias en los hechos del presidente de México. Imposible estar de acuerdo nada más porque lo dice el presidente. Sin razonamientos válidos no deja margen López Obrador a creer sus juicios románticos de inspirado, que convence solo por su insistencia en hacernos creer que no tiene cargo de conciencia y por lo tanto, actúa siempre de buena fe.

Alguien me dijo “ya chole con tu tema antipeje, ya cámbiale. Cada semana escribes casi lo mismo, parece que en México no hay otro tema”. Con mucha pena debo de aceptar que es cierto, Andrés Manuel, desde el 2 de julio del 2018 que amaneció ganado de las elecciones, puso agenda, se robó el show y se apropió de todo lo bueno y malo que a México le atañe.

Como presidente electo se avocó a enumerar uno a uno los deslices que a la mafia del poder le arrebató, no que esta le heredó. Él quiso apropiárselas para corregirlas y todo ha girado en torno de la corrupción y sus remedios. La corrupción incluso, contra toda regla científica cuando no hay modo de establecer montos sin hechos y sin culpables, fue valorada en 500 mil millones de pesos; cifra que de inmediato tuvo un imaginario destino, que iría a parar a la bolsa de jóvenes lámparas que no estudian ni trabajan, peyorativamente conocidos como ninis.

El discurso de campaña no ha sido cambiado por el discurso presidencial, sigue siendo el mismo y después de siete meses de gobierno, entre lamentos y fijaciones desde el podio de las mañaneras—las ruedas de prensa—traza Andrés Manuel, líneas que definen la agenda de trabajo para sus colaboradores de las diferentes dependencias y puntualiza en su coloquial lenguaje  a fifís, conservadores y mafiosos del poder que si no están con él, están en contra de él.

El aviso mayor de que hay problemas de identidad y comportamiento en el primer círculo del presidente, son las renuncias no pedidas. Si analizamos perfiles de los que se han ido voluntariamente, encontramos en ellos profesionalismo en sus áreas de influencia, experiencia en los temas que les corresponden y particularmente,  descontento  más con ignorantes con influencias que con el mismo presidente.

Los competentes difícilmente simulan ser pendejos. Los pendejos estorban cuando simulan ser competentes. Algo así está pasando en ese círculo del poder que acompaña al presidente en la pesada carga de llevar a buen puerto los intereses de la nación. Son los segundos quienes adulando al poderoso, no solo dañan al ídolo, dañan a la sociedad en su conjunto.

Al parecer y de acuerdo con su comportamiento, al presidente no le preocupa que se le vayan colaboradores valiosos, al fin y al cabo que está convencido—el presidente—de que sus chicharrones truenan y el único que sabe de economía, seguridad y salud pública, desarrollo social, educación y lo que se ofrezca es él mismo. Para acompañarlo, cualquiera que se diga su amigo, adorador y fiel escudero es bienvenido.

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