El IMSS… 27 años después

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en El IMSS… 27 años después 21

Cumpliendo mi papel de amigo de toda la vida, me vi obligado por la enfermedad de mi cuate a  asistir al hospital del IMSS de la Avenida Juárez de la colonia Modelo en Hermosillo, en el área de urgencias. Luego de conseguir ingresar al área de hospitalizados y ver las escenas, imborrables  escenas que acudieron a mi mente vividas enaquellos días terribles de Septiembre de 1992, en los que contemplé impávido los últimos momentos de un ser amado imposible de olvidar.

27 años han pasado y la tarde del pasado sábado mire el mismo cuadro de dolor, de condición humana minimizada en su máxima expresión al amontonarlos en pasillos y salas de espera en camillas y bancos en aguardo de atención médica de carácter urgente, en donde en los rostros de las personasse lee la gravedad del enfermo y la impotencia y desesperación del familiar que la “bondad” del sistema, le permite acompañarlo.

Me explico. En septiembre de 1992 mi compañera de vida entonces, llegaba al fin de su lucha por sobrevivir a un cáncer de hígado. La instrucción médica de entonces, fue ingresarla al IMSS para “dignificar” en lo posible las horas que de vida le quedaban. Era en aquellos años el equipamiento del IMSS, muy superior a algunos de los hospitales particulares, en los que uno de ellos asistía a mi enfermita. Es así como fuimos a dar al hospital ya mencionado, del cual era yo derechohabiente.

18 horas permaneció ella recostada semi inconsciente y con intensos dolores sobre una camilla y una colchoneta de 2 pulgadas, más una manta llevada por mi cubriéndola. Su médico de cabecera, al cual aun le guardo gratitud por sus muy finas atenciones, cuando respondí a su pregunta de ¿cómo está tu esposa? Con firmeza me dijo:

–“Voy a cumplir un favor que ella me pidió le hiciera cuando llegara el momento”.  Agregó poniendo su mano en mi hombro:– “Ella quiere morirse en su casa, en Agua Prieta”. Cumplí el encargo de inmediato, pero aquellas horas y las escenas presenciadas se encuentran en mi archivero mental, como una pesadilla.

Pero no es mi historia lo que deseo contarle en este despacho. Mi comentario va encaminado a remarcar como en 27 años con todos los adelantos y modernidades seguimos viviendo, al menos en esta parte de la seguridad social, no un atraso y si un estancamiento en la atención a urgencias que en gran porcentaje son momentos finales de una lucha temporal en la que la muerte le gana a la inteligencia del hombre y sus adelantos científicos.

No estoy en contra del IMSS.  Para mí es una de las instituciones más acertadas de los gobiernos del siglo XX en donde igual que progresos como son las cirugías de corazón abierto, los trasplantes de órganos vitales y otras muchas cosas buenas más; hay rezagos y como en este caso;estancamiento en la planeación y desarrollo de estrategias que dignifiquen al enfermo y la familia que obviamente resiente el embate de la situación que todo mal provoca.

Un cuadro trágico—permítame el exceso—se aprecia cuando por los pasillos hay que sacar la vuelta a las camillas y sus ocupantes que esperan el turno de atención y sus familias que después de horas de estar parados—no hay sillas y si las hubiere, no hay espacio para ellas—algunos descansan sobre el suelo mismo.

He visto, en una nueva actitud de presenciar directamente las carencias de la noble institución, al delegado— ¿o encargado?—del IMSS regional Guillermo Noriega, recorrer clínicas y servicios que el IMSS brinda a sus afiliados en busca de mejorar en lo posible la atención que las personas merecen. Yo le sugiero amable y amistosamente, haga lo mismo en las áreas de urgencias en donde las escenas de dolor humano se ven en enfermos y acompañantes, muchos de ellos venidos de otros lugares, por la necesidad de atención que el padecimiento del ser querido reclama.

Pero créame, lo mismo que vi y sentí en 1992, lo viví en este julio de 2019… ¡27 años después!

El IMSS es de todos los mexicanos. Ni presidentes de la república, ni partidos político del presidente en turno, debenexperimentar menos aplicar medidas de austeridad republicana en la instancia de salud pública que vela por la seguridad social del pueblo sabio y bueno, a quien dice el actual presidente, se debe.

Cuando el gasto para el sostenimiento de la casa no alcanza, imposible que el jefe de ese hogar procure la casa chica. Al IMSS entre otras muchas carencias del País, le hacen falta los millones de dólares que Andrés Manuel López Obrador ha destinado para auxiliar a países centroamericanos, mucho más jodidos que nosotros. Primero los pobres han dicho el presidente y es marca registrada de su partido, pero debieran ser los pobres mexicanos, no los vecinos.

En fin, la pobreza franciscana que adorna el discurso oficial del gobierno federal, se ve en toda su magnitud en donde menos debiera apreciarse, en la salud y atención que todos merecemos.

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