El hijo del revolucionario

Joaquín Robles Linares, Recientes No hay comentarios en El hijo del revolucionario 29

Un suicida deja una ruta de desolación e interrogantes. El misterio de su decisión nunca desaparece, los ha habido de todos talantes en la ficción como en la vida real, arrepentidos como Judas, patriotas temerarios como Juan Escutia, enamorados como Anna Karenina, atormentados como Tchaikovski, solidarios como Stefan Zwaig y su esposa.
Pero lo que siempre sorprende es el suicidio del hijo de un personaje, como si la sombra avasalladora del padre siempre apabullara y anulara toda iniciativa, o lo que es peor, cancelara cualquier esperanza futura. Recientemente conocimos el suicidio de Fidel Castro Díaz- Balart, individuo que por ser hijo del revolucionario y hombre fuerte de Cuba, no deja de extrañar.
A ciencia cierta no se sabe que sucedió en realidad, algunos aseguran que su suicidio deviene de una depresión profunda, padecimiento que estaba siendo tratado en un sanatorio donde acude la alta burocracia cubana. La depresión es una enfermedad que se manifiesta paulatinamente, hasta ser una cadena que aprisiona cualquier voluntad y erosiona el estado de ánimo.
Al revisar en las escasas líneas creíbles y centradas de lo que sucede en Cuba, es evidente que no es un caso aislado, algunos conspicuos integrantes del círculo del poder han escogido el mismo camino, Haydee Santamaría primero y, después sus hijos tomarían la misma decisión ya adultos, Nilsa Espín (cuñada de Raúl Castro) y su esposo, Oswaldo Dorticós y muchos más.
Fidel Castro Díaz- Balart nunca fue el personaje disipado al que nos tienen acostumbrados estas figuras. Fidelito, como se le conocía, era hasta donde se sabe, un científico con respetabilidad, estudió en Moscú y libró una de las batalla más duras, la herencia forzada del anonimato. Fidelito siempre usó un nombre ficticio para transitar por la vida, de niño y joven en Cuba y España, siempre vigilado por las agencias de seguridad cubana como la soviética y, seguramente, la norteamericana.
Ya adulto su padre lo hizo responsable de un proyecto nucleoeléctrico que detonaría el abastecimiento de energía en la isla, todo se fue a pique junto con el colapso del campo socialista, ahí no hubo ideología ni discurso multitudinario que salvara a la Central Nuclear de Jaraguá, simple y llanamente, Cuba despilfarró más de mil millones de dólares en un intento de demostrar lo que no es, un país moderno y de oportunidades sociales.
Después de esto, Fidel padre fulminó al hijo con la desaprobación y lo obligó a renunciar y, a diferencia de sus otros hijos o parientes, lo acusó en público de incompetente.
Fidelito se refugió en los estudios y pasó a ser un científico más e invitado permanente a congresos, con el tiempo su presencia era notoria por ser el hijo del revolucionario, no por ser quien era, un hombre preocupado por la ciencia y su impacto en la humanidad.
Un día Fidelito se hartó, se dice que tomó la determinación de aventarse por la ventana de un quinto piso, su prima Mariela Castro escribió en un twit: “solo quien haya conocido la depresión que provocan las pérdidas, sabe la infinitud de su impacto en la vida de los seres sensibles. De otra manera no se explica la elección de la muerte.”
Según su prima, Fidelito no había soportado la ausencia del padre, no lo creo.
Silvio Rodríguez finaliza su canción El Papalote con estas líneas, que bien podría ser representar el final de Fidelito:
Una noche el respeto
bajó y te puso bella corona
—respeto de mortales
que, muerto, al fin te hizo persona—.
Pobre del que pensó
—pobre de toda aquella gente—,
que el día más importante
de tu existencia fue el de tu muerte.

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