El fraude electoral, bandera del escepticismo

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en El fraude electoral, bandera del escepticismo 63

En esta ensalada de ofensas, afrentas y contrastes entre lo que dicen y lo que hacen muchos que participan en política y otros tantos que les aplauden, dejan por un lado lo mejor que tiene el temporal electoral de dada tres años, la fuerza ciudadana. Las elecciones no son organizadas, ni en coadyuvancia menos compartida con el gobierno. Desde 1994, la autoridad electoral recae en un órgano autónomo gobernado por consejeros ciudadanos electos, eso si, en la cámara de diputados a propuesta de los partidos políticos. Desde su creación hasta el año 2014 el organismo rector electoral se denomino Instituto Federal Electoral (IFE) y en la reforma electoral de ese año se transforma en Instituto Nacional Electoral (INE) ya que asume también la rectoría en las elecciones estatales.

Para quienes nacieron hasta 1970, recordaran que en esas épocas lo de cada tres años era el espectáculo del corre caminos electoral. Las elecciones hasta finales de los setenta del siglo pasado eran de mero trámite. Se daban enfrentamientos en algunos municipios entre miembros del partido único que reclamaban su derecho de ser y estar, obedeciendo aquella regla de “en la que sigue, te toca” y en última instancia se resolvía el asunto convocando a plebiscito popular, que terminaban como asambleas perredista, a sillazos, piquete de ojos y trompadas.

A partir de entonces (finales de los setenta) la sociedad adopta actitud más despierta y participativa encontrando trincheras para vaciar sus inquietudes políticas, unos en el PRI, otros en el PAN, algunos más en el partido comunista (PCM) convertido luego en PSUM (Partido Socialista Unificado de México) y veteranos que añoraban los premios de la revolución, se agrupaban en el PARM (Partido Autentico de la Revolución Mexicana). No había necesidad de la separación entre políticos y ciudadanos, todos eran (éramos) ciudadanos con inquietudes de participar en política para alcanzar un cambio en el sistema de gobierno.

Grandes acontecimientos motivaron y convocaron en consecuencia, a que la ciudadanía buscara estar en donde las soluciones eran consideradas y los remedios posibles de aplicar. En el gobierno de Luís Echeverría Álvarez (1970-76) la expropiación de grandes extensiones de tierra, incito a productores agrícolas a congregarse en uniones y otras formas de organización para su defensa, incluyéndose algunos de sus líderes en las fuerzas políticas electorales, particularmente el PAN, la única opción entonces que vislumbraba a la derecha capitalista de la libre oferta y demanda. En la administración siguiente (1976-1982) que encabezó José López Portillo, se dio la peor época crítica en la que el dólar alcanzó valores máximos históricos y la inflación superaba los tres dígitos, comparable con la Venezuela de hoy. El PAN se consolidaba como la esperanza (iba a decir de México, pero esa es publicidad de ya sabes quien) y crecía en simpatías.

La organización, vigilancia y realización de las elecciones estaba hasta 1991, en manos del gobierno quien ejercía la obligación a través de comisiones electorales, que en la republica encabezaba el secretario de gobernación y en los estados, los secretarios de gobierno. Los únicos partidos que contaban con registro legal entonces eran el PRI, el PAN, el PARM y el PPS (Partido Popular Socialista), Al tiempo se reconoció al PCM (partido Comunista Mexicano).

En Sonora se venían dando gobiernos municipales de transición desde 1946, según lo relata el Maestro Carlos Moncada Ochoa, pero ya en la modernidad con fuerzas electorales definidas, es en 1967, cuando el PAN gana como consecuencia de aquella primera lucha de estudiantes involucrados en los cambios políticos, les decía gana la capital del estado con Don Jorge Valdez Muños, además de siete municipios más, entre ellos Huepac y Santa Ana.

Pero déjeme salirme del asunto histórico, esto lo hacen bastante bien los Maestros y licenciados Moncada Ochoa y Bulmaro Pacheco y retrocedo al objetivo de la presente colaboración que es nada más y nada menos que dejar en claro que las elecciones para nuestra fortuna, están en manos de la ciudadanía a quienes no se les respeta, empezando por los mismos partidos políticos y algunos de sus candidatos, Es el caso de Andrés Manuel López Obrador, que se empeña en vivir 30 años atrás y convoca a la defensa del voto, al no fraude electoral y hasta deja en manos del presidente de la república la suerte electoral del 2018, cuando lo invita a sacar las manos de las elecciones.

El fraude electoral es la intervención ilícita de un proceso electoral con el propósito de impedir, anular o modificar los resultados reales. Son acciones que atentan contra la legalidad de la democracia. Eso señores políticos tan afecto a vivir la ficción y acelerar la adrenalina ya no es posible. Hay algunos imberbes que se dicen analistas políticos que entre muchas otras cosas que ignoran, esta la historia cívica electoral del país. Vivir del cuento, es vivir en la novela. El cuento lo crea un sagaz con imaginación, lo escribe y lo recrea en el imaginario colectivo y hay quienes lo asumen como hechos reales sucedidos. Lo electoral es un cuento, que lo narran como quiere cada cuentista y bobos que lo dan por cierto y lo transmiten con tal seguridad, que repitiendo mil veces llegan a creer y hacen creer que todo fue real.

En Sonora las manifestaciones y reclamos post electorales son historia. Los últimos se dieron en 1991, cuando en Puerto Peñasco turbas de panistas demandando fraude electoral, echaron al mar camiones sacados de la planta frigorífica de la familia Vélez que ocasionó que sus lideres se refugiaran en territorio norteamericano, para evitar las aprehensiones que mediante ordenes se giraron en contra de varios de ellos. Igual en esas fechas hubo tensiones en municipios como Agua Prieta, San Luís Río Colorado y Suaqui Grande. En 1993, a propuesta del Gobernador Beltrones se creo en Sonora, el primer consejo electoral ciudadanizado, no solo en el estado; fue en la República. Es hasta Mayo de 1994, en plena contienda electoral para la presidencia de la republica cuando nace el IFE, bajo la misma convicción que el consejo sonorense.

El juego electoral tiene reglas, hay árbitros y desde luego jugadores. Se gana con votos, no hay otra forma de ganar elecciones aunque estas se judicialicen, al fin los votos son determinantes. Ningún árbitro, ni magistrado puede hacer ganar a quien no tenga los votos necesarios para hacerlo. Lo más que se puede legalmente, es anular elecciones cuando las irregularidades superan lo permitido de acuerdo con las leyes en la materia.

Cuando anuncian quienes compiten electoralmente al fraude electoral, no hay tal, en realidad se preparan para perder y culpar a otros de su incapacidad de convencer al electorado a la urna y que voten por ellos. Iguales derechos y obligaciones animan la competencia electoral. Cierto, en los partidos políticos hay estrategias nada ortodoxas, que llegan a convertirse en delitos electorales; para lo cual hay fiscalías especializadas, que aplican sanciones, regularmente convertidas en cárcel para los atrevidos. Aquello del ratón loco, del niño envuelto, del carrusel y otros términos es mera historia, que alguna vez valdrá la pena contarla. No se ha logrado extinguir la especie dañina del mapache electoral, nada más que ahora no roban votos, roban conciencias que a cambio de cierta paga comprometen su voto a favor de o de plano para no votar. Repito el fraude es historia, las malas mañas, no; estas prevalecen y son combatidas de las fiscalías especialmente creadas para este caso.

De que en 2018 viviremos la elección mas grande y complicada, cierto. Somos más que en 2012, la sociedad esta más envilecida con el sistema político actual, las redes igual que son una bendición por el acercamiento que provocan; son una tragedia por el distanciamiento que induce el veneno diario que por sus venas corre y llega a millones de participantes en ellas. El dinero también juega papel importante, siempre lo ha jugado y la solución para erradicar por completo el mercado del voto que se vive no es de leyes, es de civismo, de responsabilidad ciudadana, de moral y actitud en cada persona que ostenta la credencial que le da derecho al ejercicio democrático.

Como voz en el desierto, yo invito a depositar nuestra confianza en los órganos electorales ciudadanizados. Pueden cometer errores como personas que son, pero que como cuerpos colegiados, garantizan elecciones transparentes y certeras. No hay de otra o confiamos o continuamos hundidos en la confrontación, la duda y el escepticismo como sistema de vida.
A SUS ORDENES EN oscarhpaco@hotmail y PacoBarrera en Twitter y Facebook

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