Don Abelardo: Historias y realidades

Bulmaro Pacheco Moreno, Recientes 1 comentario en Don Abelardo: Historias y realidades 321

Los Gobiernos son como los peces: Comienzan a Descomponerse por la Cabeza: Abelardo Rodríguez.

“A la memoria de mi Madre”, “Abelardo Rodríguez Luján, 12 de mayo de 1942”. Así de lacónico versa el texto inscrito en la oscura y enmohecida placa de bronce adornada con minúsculas telarañas cubiertas de restos de tierra caída del techo, colocada a la entrada de la vieja escuela por Abelardo Rodríguez Luján, coincidiendo esa fecha con su cumpleaños número 53. Él había nacido en esa casa, en la misma fecha pero del año 1889, en San José de Guaymas.

Se trata de una casa tipo hacienda antigua, no muy amplia, donde nacieron Don Abelardo y sus nueve hermanos y donde vivieran por años sus padres: el comerciante Nicolás Rodríguez y Petra Luján, que se conocieron en Guaymas y se casaron en 1876.

Ahí vivió la familia más de 15 años antes de emigrar a Nogales. Desde esa fecha -hace ya 72 años-, la casa donada por el expresidente de la República a la comunidad funciona como la primera escuela primaria completa del lugar, con el nombre de su madre Petra Luján de Rodríguez.

El inmueble, actualmente en reparación, permanece firme en el terreno original, ubicado al norte del poblado, cuidadosamente cercado y rodeado de grandes eucaliptos, matorrales y añejos mezquites, que crecieron como figuras humanas moldeadas por el tiempo y los vientos de por acá, con abundante ‘chúcata’, numerosas hormigas negras y pájaros de todos colores que revolotean y juegan sobre el lugar.

En esa ocasión, Abelardo Rodríguez visitó Guaymas para celebrar su cumpleaños en compañía de amigos cercanos, con el gobernador Anselmo Macías Valenzuela y el alcalde Modesto Valle (abuelo de Sara Valle) y algunos amigos. Aprovechaba el general también para sondear opiniones acerca de sus aspiraciones de gobernar Sonora, para sustituir al también general Macías (1939-1943). Su nombre, junto a los de Gilberto R. Limón y Pedro J. Almada empezaban a mencionarse como los más fuertes aspirantes a suceder al militar de Agiabampo. 

Sería el primero y único caso en la historia de Sonora de tener a un expresidente de la República como gobernador.

Era mayo de 1942 y con el grado de general de división obtenido en junio de 1928, a Abelardo Rodríguez Luján lo precedía una larga y exitosa carrera política y militar: Había sido ya presidente de la República (1932-1934) y antes había ocupado las carteras de Guerra y Marina y la de Industria, Comercio y Trabajo.

Su carrera fue de riguroso escalafón: Jefe de la Policía municipal de Nogales a los 20 años; oficial del ejército constitucionalista; teniente y capitán segundo en 1913; capitán primero y mayor en 1914; jefe de la escolta de Venustiano Carranza; teniente coronel en 1915; coronel en 1916; general brigadier y jefe de la escolta presidencial en 1920; jefe de las operaciones militares y gobernador del Distrito Norte de Baja California entre 1923  a 1929, con influencia en Sinaloa y Nayarit; y un personaje clave en la vida de sus amigos Álvaro Obregón Salido y Plutarco Elías Calles, a quienes les sirvió y apoyó política y económicamente en no pocas ocasiones.

Amigo muy cercano de los presidentes Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho, un año después sería postulado por el Partido de la Revolución Mexicana como candidato al gobierno de Sonora para el período de 1943 a 1949, siendo el último gobernador del siglo XX oriundo de Guaymas, entre 1911 y 1935 después de José María Maytorena, Plutarco Elías Calles, Adolfo de la Huerta  y Rodolfo Elías Calles.

No se notan muchos cambios en la imagen de San José de Guaymas a más de un siglo de que ahí naciera uno de los tres presidentes de la República oriundos del puerto. La imagen es la clásica de los pueblos que se resisten a los cambios y a perder sus orígenes. Oloroso a frutas, café tostado,pastura y a humo de las cocinas y pretiles al aire libre, sus viejas banquetas, la plaza pública diseñada junto a su  vetusta iglesia, algunos comercios parcialmente surtidos que compiten con vendedores callejeros de ropa y comida. Todavía se distinguen algunas carretas y caballos en sus polvorientos caminos al lado de terrenos enmontados y extensos sembradíos de cítricos como la famosa naranja valenciana que aquí se cosecha.

El paisaje de San José se complementa con un conjunto de cerros grises que limitan al mar, y que recuerdan -la famosa piedra volada incluida ahí muy cerca en Empalme- el primer aeroplano utilizado en la Revolución para las célebres batallas libradas ahí por Álvaro Obregón, Manuel M. Diéguez Y Rodríguez contra el ejército de Victoriano Huerta.

El viejo panteón con algunas tumbas fechadas desde el siglo XVIII fue prácticamente arrasado por las aguas generadas por el último de los ciclones que golpeó en Guaymas. Hoy solo quedan escasos restos borrosos del trazo original y las antiguas tumbas en medio de un conjunto de matorrales y animales silvestres, que con el tiempo han ido desdibujando los últimos vestigios de lo que fuera el panteón original del pueblo.

A 12 kilómetros de Guaymas, el camino que lleva al pueblo se encuentra parcialmente pavimentado, y el resto se compone de una serie de tramos de terracería que desembocan en las comunidades que lo rodean como El Resbalón, La Cuadrita, El Arroyo, Laurita, Santa Clara y Los Almendros, entre otras, que han logrado concentrar a una población cercana a los 5 mil habitantes en una comunidad ejidal cuya dotación data de 1937.

Ante la crisis mexicana de finales del siglo XX y el estancamiento social de las familias más desfavorecidas, la familia de Rodríguez se fue de San José hacia Nogales buscando mejores oportunidades para una familia numerosa que aspiraba a mejores condiciones de vida.

Fue ahí donde Rodríguez se inició en el trabajo en 1903 a los 14 años en una ferretería propiedad de su hermano. Allá se desempeñó en varios oficios: Herrero, boxeador, beisbolista, cantante aficionado, ferretero en la mina de Cananea, aprendiz de garrotero e inspector de ferrocarril -con sede en la estación de Navojoa inaugurada en 1907-.

Se casó con Luisa Montijo, de Guaymas, en 1917, y se divorció en 1920. Volvió a casarse con la norteamericana Eathyl Vera Meier en 1921 y enviudó en 1922. En 1924, en Mexicali, se casó con Aída Sullivan Coya, originaria de Puebla, hija del estadounidense John Sullivan y la Cubana María Coya.

El talento innegable de Abelardo Rodríguez para la política y los negocios propició una buena parte del desarrollo y el crecimiento de estados clave como Sonora y  Baja California.

Su lealtad probada a los presidentes Obregón y Calles queda fuera de toda duda. Los apoyó económicamente dentro y fuera del poder, incluso en el exilio de Calles en los Estados Unidos. En varias ocasiones respondió por ellos como aval, con créditos y diversos apoyos económicos para sus proyectos personales. Las cartas entre ellos revelan con claridad que tanto Obregón como Calles, aun siendo presidentes de la República en funciones, no utilizaron sus cargos para enriquecerse y seguido demandaban de Rodríguez apoyos para sus proyectos -básicamente- agrícolas. Con o sin cargo público trataban a Rodríguez como subalterno “Y al parecer éste asumía el papel sin mayores complicaciones”. En una carta a Obregón finalizó la comunicación con una frase significativa: “Reciba un abrazo de su respetuoso subordinado y amigo que lo quiere” (Gómez Estrada).

Don Abelardo dejó muy claras sus posturas en 1924 con la rebelión de Adolfo de la Huerta. Habló con Serrano y Gómez antes de la muerte de ambos en 1927, acusados de intento de golpe de Estado, para tratar de disuadirlos de sus pretensiones de competir con Obregón por la presidencia.

En un mensaje en el sepelio de Álvaro Obregón en Huatabampo en julio de 1928 y ante los insistentes rumores que culpaban al presidente, deslindó a Plutarco Elías Calles de cualquier sospecha de haber intervenido en el crimen cometido por León Toral.

Trató de convencer a los generales Fausto Topete y Gonzalo Escobar de evitar la rebelión “renovadora” de 1929 contra el gobierno de Emilio Portes Gil, a la que lo habían invitado: Como Presidente de la República supo mantener a raya -a diferencia de Portes Gil y Ortiz Rubio- a colaboradores acostumbrados a los acuerdos sin su autorización con el ex presidente Calles que por entonces residía en Cuernavaca.

En el rompimiento entre Lázaro Cárdenas y Plutarco Elías Calles prefirió la neutralidad y mantuvo frecuente contacto con ambos, dedicándose a los negocios y a viajar por el mundo, rechazando incluso el nombramiento de gerente de Ferrocarriles Nacionales de México.

Con el presidente Manuel Ávila Camacho regresó como comandante militar de la zona del Golfo, después presidió el Comité Organizador de Acercamiento Nacional y como tal promovió y logró la única reunión -en un siglo- de seis ex presidentes de la República, cerrando filas ante la guerra mundial con el presidente Ávila Camacho, incluyendo acérrimos enemigos como De la Huerta y Calles o este con Cárdenas,Ortiz Rubio y Portes Gil.

Posteriormente dirigió el Organismo de Coordinación Económica de la Producción hasta marzo de 1943.

Fue un gobernador de Sonora fuera de serie. Constructor, emprendedor y talentoso. Amigo de los presidentes Ávila Camacho y Alemán no batalló para jalar inversión pública a Sonora. La infraestructura hidráulica, carretera, educativa, portuaria y eléctrica de la época se debe a él.

Carlos Moncada uno de sus principales biógrafos nos dice: “El chisme político no hace reproche alguno al general por lo que toca a su período presidencial de dos años y dos meses, ni mucho menos en cuanto a su gestión como gobernador de Sonora” “La cómoda postura de condenar, sin excepciones, a todo el que haya hecho fortuna, como si solo caminos ilegales hubiera para llegar a ello, se ha vuelto un abuso respecto del general. Sin pruebas y, peor que eso, sin razonamientos, se le reprueba inclusive en niveles políticos tan altos que la agresión parece motivada por una irracional envidia”. Aquí (a Sonora) vino a dar, no a recibir” Pidió licencia definitiva como gobernador el 15 de abril de 1948. Problemas de salud.

Con enorme visión forjó la Fundación Esposos Rodríguez, que desde entonces y hasta ahora, ha proporcionado miles de becas y ha impulsado la movilidad social de los jóvenes sonorenses.

Lo dijo: “Siempre sacrifiqué mis intereses personales y mi vanidad en bien de la nación. Para mí los intereses de la Patria están por encima de todo lo demás”. La historia le ha dado la razón.

Murió un 13 de febrero de 1967 y sus restos descansan en El Sauzal, a 10 kilómetros de Ensenada.

Ese fue El General Abelardo Rodríguez Luján, un verdadero conciliador, estadista, visionario y reformador, fruto de la cultura del esfuerzo y de los mejores momentos del cambio social y político impulsado por la Revolución mexicana. Ahí tienen a un verdadero ejemplo de capacidad, talento, tenacidad y fortaleza política y moral aquellos que a cada rato machacan la tesis de los años perdidos… o que nos sorprenden a diario con su pequeñez y con una miseria política y moral fuera de todo cálculo e imaginación. Sin duda.

bulmarop@gmail.com

1 Comment

  1. cocinas modernas 16/02/2017 at 10:10 am

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