Desilusión, desinterés o ¿la fe en AMLO se cae?

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Desilusión, desinterés o ¿la fe en AMLO se cae? 38

Las elecciones del domingo pasado en seis estados de la república dejan una estela de triunfos, derrotas y fracasos que son dignos de analizarse. Baja California y Puebla, despejaron sus dudas en cuanto a quien ganaría las elecciones de gobernador, siendo en ambos estados MORENA quien paso sobre el PAN que gobierna hasta ahora ambas entidades. Igual en Baja California se disputaron las presidencias municipales de los cinco municipios, con que cuenta ese estado, resultando que las cinco se las agencia MORENA. Y qué decir de las bancadas legislativas que también se las llevo MORENA para transitar con el carro completo en los siguientes dos años; en que tendrán que acudir de nuevo a las urnas los bajacalifornianos para atender el principio de elecciones concurrentes a partir del 2021.

Lo que fue un bastión panista, se convirtió ahora en enclave morenista, como está sucediendo en varios estados de la república. La ola lopezobradorista que se convirtió en tsunami en 2018, sigue pegando aunque con menor fuerza, pero ganando terreno, en dos reductos panistas si tomamos en cuenta que en puebla igual, el PAN fue desbancado del poder por el movimiento social que pude ser, el partido político más poderoso no solo en México, sino en Latinoamérica.

Yo no me atrevo aun a reconocer a MORENA como un partido de fuerzas regionales confederadas, menos a un movimiento nacional de unión de liderazgos sociales. No, MORENA sigue siendo la presencia de un solo hombre, que dice, ordena, califica y descalifica e impone condiciones en la política nacional.

Andrés Manuel es hoy por hoy el líder social más poderoso de cuantos nos cuenta nuestra historia.

Es fácil establecer su fortaleza si recordamos que su triunfo electoral de un altísimo 53 % ó de 30 millones de los votoscontantes y sonantes en las elecciones de 2018 y luego de un crecimiento en confianza a partir de iniciado el sexenio el primero de diciembre pasado, hasta rascarle la panza a un altísimo 80 en la calificación nacional.

Hoy luego de seis meses de un gobierno de contrastes, sin rumbo fijo, basado en meras especulaciones con cuentas alegres y mejores propósitos, se manifiesta un notorio desengaño en la ilusión despertada, que le cuesta ya al presidente López Obrador un desgaste de casi 15 puntos menos, que en términos de mediciones son muchos en seis meses, que corren ya de este gobierno.

La verdad, los resultados obtenidos en las elecciones de este domingo no fueron sorprendentes, en términos de presencia de electores en las urnas. Lo que si sorprendió fue la ausencia de votantes que ahora tratan los partidos de justificar, aduciendo que son elecciones intermedias, sin el interés que despiertan las elecciones federales. Vea usted, en Puebla el PAN y la fallecida Martha Alonso de Moreno Valle ganaron en 2018 las elecciones con 1´150,000 votos. Hoy apenas si rebasaron el medio millón y no se diga MORENA que aun ganando, lo hacen con 400 mil menos de los votos que obtuvieron en 2018, cuando alegaban que fueron víctimas de fraude electoral.

La otra sorpresa fue la inútil, cuanto dañina institucionalmente hablando, declaración de la presidenta nacional del PRI que sin pena alguna anunció el éxito de su partido al no haber perdido el registro en ninguno de los dos estados. Don Plutarco, Reyes Heroles y Colosio, seguramente retumbaron en sus lugares de descanso eterno.

Entre los años 50´s y principios de los 80´s, el PRI ejercía un dominio absoluto—le quito el casi—ocupando en promedio el 90% de los cargos públicos de origen electoral. La conformidad de la ciudadanía se manifestaba en el desinterés ciudadano por acudir a las urnas para elegir a sus gobernantes. Las manifestaciones opositoras estaban presentes en grupos disímbolos entre la izquierda, que se proclamaba socialista y la derecha que aspiraba a la libre y global economía.

No eran muchos, pero estaban en la izquierda por ejemplo simpatizantes del socialismo instaurado en Rusia y que llegó a Cuba vía Castro Rus y Che Guevara y que se agrupaban en el perseguido partido comunista mexicano (PCM), luego PSUM (Partido Socialista Unificado de México) hasta convertirse en PRD. Por su parte el PAN desde 1939, hacia presencia, más ideológica y de formación ciudadana, que activista arrebatado en la búsqueda del poder, por el poder.

En todo ese mundo de actividad política, en la que se aplicaba la regla salinista de ni los veo ni los oigo, bastaba conocer quiénes eran los candidatos bendecidos, para saber quiénes serían los próximos gobernantes en los tres órdenes de gobierno, incluyendo al legislativos. Una mínima parte del mexicano, salía a votar y ratificaban la instrucción palomeada en la histórica mansión de los pinos.

Hoy la historia es igual lo que demuestra que también la reversa es cambio. Un súper poderoso presidente decide entre otras cosas, quienes en su partido—porque hasta eso—ahora el presidente es dueño de su partido, serán los candidatos a tal o cual cargo de elección y si no basta recordar lo declarado recientemente por Ana Gabriela Guevara a la prensa estatal, cuando dijo que si el presidente así lo decidía, ella sería candidata a la gubernatura en 2021.

La hegemonía priista duró sesenta años y fue rota gracias a las reformas políticas iniciadas en 1988 por el presidente Carlos Salinas de Gortari. La oposición del momento se centraba en el PAN con presencia nacional y en las elecciones de 1991, por primera vez participa el PRD como movimiento integrador de las fuerzas de izquierda organizadas.

Fue a partir de entonces que los porcentajes de ciudadanos que salían a votar empezaron a rebasar el 50% de los padrones electorales y que el mosaico de colores partidistas se amplió en toda su potencia en el territorio nacional. El interés ciudadano de participación era notorio, se despertaba la confianza y los mexicanos demostraban que tenían intereses en el armado de sus gobiernos.

Hoy la historia se regresa, la ilusión despertada en 2017-2018 está a punto de convertirse en desilusión. La ola de billetes en que nada la promesa de gobierno de AMLO, no alcanza, son muchos los esperanzados y pocos los generadores de impuestos que permitan girar y girar cheques al actual gobierno, con destino a ninis, adultos mayores, madres solteras, discapacitados y becarios.

¿Que la ciudadanía no cree en los partidos? Es verdad de Perogrullo, luego entonces, tampoco creen en MORENA si partimos de premisas verdaderas. ¿Que un gran sector de la sociedad sigue creyendo en Andrés Manuel López Obrador?Cierto, la prueba está en el gran número de arrojados defensores amlistas, que se la parten contra todo aquel que osa hacer pública su crítica contra el gobierno.

Me regreso a la historia. En aquellos años—1950 a los 70s—el abstencionismo electoral era regla, la gente estaba satisfecha con el estatus económico que se tenía (Solo basta comparar las familias de 10 y todos comían y vestían. Hoy quiero conocer a un valiente que sostenga algo así). Luego vino la decepción en la primera recesión económica y las personas se negaban a votar porque acusaban de fraudes electorales. Siguió la apertura, empezó a ganar el PAN y luego hasta el PRD…Y llegó MORENA y colorin colorado este cuento será terminado el próximo viernes.

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