Derecho a vivir, derecho a matar

Jorge Murillo Chísem, Recientes No hay comentarios en Derecho a vivir, derecho a matar 47

¿Otra vez el tema del aborto? ¿Y por qué no?; habrá que insistir siempre, porque para comprender cabalmente un valor humano, no bastan los años. Como me escribió filosóficamente un familiar del vecino estado de Sinaloa: “Los años no bastan para conocer a un niño, ni para amar a una mujer. No bastan para aprender a convivir o despedirse de un viejo.”

La vida pues, es muy corta y los años no son suficientes para hacerle entender a la mujer que nosotros, la comunidad, tiene el deber de liberarla de ciertas cargas que la han llevado a vivir la mayor de las bendiciones como si fuera la mayor de las desgracias.

Las pasiones se mueven en torno del discutido derecho de la mujer a abortar. Los partidarios del aborto alegan que la mujer tiene el derecho de decidir si quiere o no quiere convertirse en madre. Este derecho es indudable, pero ANTES de concebir.

¿Lo sigue siendo después?

Cada vez que en el periódico aparece el anuncio “¿Embarazo inesperado?” y proporcionan solamente un número telefónico, sin identificarse. Supongo que los responsables pretenden orientar a la futura madre en salud mental y espiritual, pero no para abortar.

Es absurdo creer que el embrión es solamente una “parte” del cuerpo femenino, como si fuera un apéndice o como un órgano o un miembro más de él. Si así fuera, entonces pocos le negarían a la mujer que no quiere ser madre, la libertad de mutilarse.

Acaso ¿No lo hacen ya tantas personas con narices que no les gustan, con tejido graso que sobra o con órganos que se donan generosamente a otros, sin que a nadie se le ocurra impugnarlos?

Debe quedar bien claro lo siguiente: El embrión es un “todo aparte” del cuerpo femenino desde que madre y padre lo concibieron. Por lo tanto, el derecho de la madre embarazada a disponer de sí misma se limita ante el nuevo sujeto de derechos que late en su seno.

En otras palabras, algunas mujeres hacen valer su libertad para decidir si quieren o no quieren un hijo. Pero esa libertad no puede ser mayor que el derecho a la vida del hijo por nacer. El derecho fundamental a la vida prevalece sobre el derecho menos fundamental de rehusarse a la maternidad.

Sólo es legítimo el aborto en el caso de que la vida de la madre peligre de continuar el embarazo, porque entonces no hay uno sino dos derechos fundamentales en juego. En este último caso, contra una vida inocente, no hay derecho de matar. Se ha dicho infinidad de veces: Si el embrión es vida, abortar es matar. ¿Por qué no donarlo?, existen organismos responsables que realizan esa importante labor sociable.

El aborto no puede quedar ni siquiera librado a la conciencia de cada madre, porque el homicidio no es una cuestión privada. Así expresada, esta definición parece inhumana. Pero el humanismo no debe expresarse permitiendo un crimen, sino generando apoyos de la sociedad, como sería un sistema educativo que la prepare para la decisión libre de concebir.

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