De mitos e invenciones

Joaquín Robles Linares, Recientes No hay comentarios en De mitos e invenciones 16

El Presidente electo es un enamorado del pasado, es un ferviente admirador de aquellos personajes hipotéticamente  intransigentes y arrojados, de los cuales la historia política mexicana echó mano hasta la saciedad; historia poco reflexiva que produjo  enormes mitos, pasajes llenos de distorsiones que a la postre tuvieron consecuencias desafortunadas en la formación cultural de los mexicanos.

Es claro que no tiene una lectura profesional de la materia, sino una visión parcial, alimentada por el prejuicio y la quimera. López Obrador es político acostumbrado a construir, creer y propalar leyendas que se tejen a diario en torno a los gobiernos, instituciones  y personas.

Fábulas que tienen asidero en la corrupción que azota a nuestro País desde hace muchísimo tiempo, pero también en la mediocridad intelectual del que las teje, o en una profunda animadversión ante aquel que piensa diferente, ese que  siempre verá como enemigo.

Pretendiendo con esto, deformar a una nación entera, enfrentándola, provocando temor, disputa y discordia, todo para lograr un respeto efímero y dudoso, para intentar  apuntalarse ante la población como el hombre-destino, que en su imaginación el País demanda.

Recientemente hizo una afirmación que quedó sin respuesta, algo que se entiende, ya que a diario hay un torrente de declaraciones y posturas escandalosas, para  lo cual es muy complicado detenerse ante tanta verborrea.

Aseguró que la prensa “fifí” había contribuido en el golpe y  posterior asesinato de Madero, que con su actitud crítica ante el coahuilense -en aquellos días nefastos-,  habían sido parte del oprobioso crimen, la prensa- a su juicio-, era a fin de cuentas responsable.

Toda aseveración en el campo de la Historia se tiene que probar, lo elemental es remitirse a fuentes y luego hacer un análisis de éstas  para poder sostener tal afirmación, algo que no ha hecho; luego analizar tendencias y conductas en el universo de periodistas y periódicos de la época para aproximar un juicio, tampoco lo va a hacer.

Lo que yo puedo afirmar, es que en el expediente de felicitaciones al general Manuel Mondragón (1859-1922) por el golpe de Estado y su posterior nombramiento como Ministro de Guerra y Marina en 1913,  expediente que he revisado personalmente; el cual consta de más de 300 documentos, entre cartas, escritos personales y oficiales, telegramas, tarjetas, etc.

Y que viene a ser una prueba sólida para conocer las simpatías y medir las concordancias de distintos grupos  y personas con los auténticos golpistas, hay solo un periodista, el director de un medio de la época denominado: El Noticioso Mexicano.

La gran mayoría de las felicitaciones son de militares de todas las regiones del país, también  de personajes vinculados al antiguo régimen, de extranjeros, empresarios, profesionistas, artistas, aristócratas,  ciudadanos comunes, incluyendo amas de casa.

Todos veían a la Revolución maderista con temor creciente y advertían el caos que se aproximaba; creían que la única entidad confiable en esos momentos, para que no sucediese una debacle, debía de ser el Ejército.

A Madero no lo mató la prensa, lo mataron los conspiradores pertenecientes al Ejército federal y a una parte de la clase política del antiguo régimen, confabulados y animados por el embajador de los Estados Unidos.

Es conocido que los golpistas tuvieron simpatías en algunos periódicos, pero de eso a ser parte del magnicidio hay una distancia enorme. Bien valdría que el Presidente electo estudiara lo sucedido en aquellos días.

Lo otro, son inventos y descalificaciones sin fundamento.

 

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