De las cosas peores en sociedad y política

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en De las cosas peores en sociedad y política 21

15 atentados entre octubre de 2017 y Febrero de 2018, a personajes que eran servidores públicos o lo querían ser en calidad de candidatos en diferentes partidos. De los 15, solo dos lograron escapar de las balas asesinas y desgraciadamente 13 fueron tiros acertados que cegaron vidas. 13 muertos miembros de la clase política que sin ponerle color y siglas, eran mexicanos, eran personas, jefes de familia y lideres sociales que no por nada encabezaban candidaturas a diversos cargos de las administraciones publicas municipales, estatales y federales.

De los 13 asesinados, 10 eran militantes perredistas, 2 priistas y uno panista. De esos mismos 13, cinco de los crimines se cometieron en el estado de Guerrero, y uno en Veracruz, Tabasco, Baja California, Jalisco, Nayarit, Michoacán, San Luís Potosí y Estado de México respectivamente. La industria del crimen no es ya solo la parte malévolo de las películas; es la triste realidad en que vivimos nuestros días.

No voy a perder el tiempo en un análisis impreciso buscando las razones de estas barbaridades. Me vale si los asesinos son sicarios al servicio del crimen organizado, que hace rato se nota muy desorganizado. Voy directo: Hace tiempo vengo insistiendo en lo costoso que en la moral y conducta pública nos afecta a la sociedad en su conjunto la campaña de odio en contra de la clase política nacional.

No es mi propósito discernir sobre buenos y malos o malos y peores. La frustración de muchos, el coraje de más y la aceptabilidad que masas afectadas brindan a los desbarres de los dos primeros, han creado un choque social peligroso, que como en este caso ha acabado en crímenes, aberrantes asesinatos como formula para acallar intenciones y proyectos políticos.

Entre la inmensa basura que circula en redes, están los mensajes cobardes muchos, en contra de mujeres y hombres que se desarrollan en el ejercicio político cualquiera que seas el escenario. La muralla que se ha querido levantar entre políticos y sociedad civil, no pasa de ser una perversa intención de romper el derecho de elegir y de seguir en lo personal a cualquiera de las corrientes políticas, que mejor acomode al criterio, pensamiento y umbral de lo posible de cada quien.

La inseguridad ha cobrado cuotas que nos alarman. Miles de muertes entre bandas y pandillas que mueven el bajo mundo del hampa y pelean entre si posesiones territoriales, representan una estadística que pueda compararse con cualquiera de los países en guerra civil o por fanatismos de credos. Otros tantos caídos en la lucha entre fuerzas armadas y civiles contra los carteles; que lo mismo nos dicen de policías y militares muertos que miembros de las bandas perseguidas.

Que decir de los crímenes a periodistas. En territorio nacional en 2015, se dieron los asesinatos de 12 personas; 13 en 2016 y 10 en 2017. Igual que ha sucedido con los políticos, no es asunto de géneros, edades, ni la importancia del medio para quien laboraban lo que nos llevará a un común denominador para intentar relacionar casos entre si. Lo único que puede ser coincidente es que los asesinos, encuentran similitud en asumir aquel principio de “muerto el perro, se cabo la rabia”; ambigüedad que les ha costado la enemistad y juicio social, que solo aspira a que los deshumanizados sujetos que mataron y en su caso quien se los ordenó, paguen con creces el daño a la sociedad y a las familias que quedan en el desamparo.

Nos dicen que somos un tejido social con hilos rotos que nos separan y que ocasionan la también llamada descomposición social. Los estudiosos de la condición humana han encontrado mil formas de dibujarnos la desintegración social, sus límites y los costos y la urgencia de encontrar ya la formula que nos lleve a la reconstrucción de ese famoso e incomprendido tejido social. Igual que hay promotores de lo correcto, los hay de lo negativo, los que se dan el gusto de cobrar facturas por sus fracasos a otros de quienes se creen victimas. El ejercito de los inconformes, los cansados, los frustrados, los incomprendidos y los que se creen victimas, crece todos los días. La siembra de la desesperanza y el pesimismo, encuentra tierra fértil en esta condición humana.

Los ceños fruncidos, la ausencia de la sonrisa amistosa, la escasez de las gracias y el con permiso son cada vez más notorios y se reflejan muchos en los mensajes compartidos que denigran, deshonran y dañan morales ajenas y gremiales. ¿Los culpables? El gobierno, los partidos, los candidatos, los ricos, los pobres, Trump, los rusos, el Peje, Meade, Anaya y todos los etcéteras que en su espacio quepan.

Hay odio irracional contra partidos y candidatos y allí esta la prueba palpable en 13 muertos en solo 4 meses de iniciada la etapa electoral 2017-2018. ¿Hay culpables? Claro, las armas no se accionan solas y las decisiones de coartar vidas no las trae el espíritu santo; las toman pérfidos mortales influenciados por todo; menos por Dios. Culpables son también las mentes afectadas que promueven el odio como arma que rompa el orden y genere gobiernos a modo.

Concluyo diciendo que imposible ocultar razones que generan la inconformidad. Hay pobreza, ausencia de salarios justos, cargas impositivas y corrupción. Igual debe haber optimismo y esperanza: nuestros hijos tienen escuelas con instalaciones muy dignas en su mayoría, los trabajos que nos ocupan y nos permiten vivir en este mundo de competencia también están. El combate a la corrupción e impunidad esta en ejercicio; el derecho de promoverse como opciones para encabezar mejores gobiernos nadie lo escatima y el derecho de votar y ser votado es tan cierto como que después de la tempestad, llega la calma.

Abonemos como sociedad a nuestra propia seguridad, nada es mejor que la convivencia digna y con respeto. Nadie merece morir por sus convicciones, por sus idearios o por su participación en cualquiera de los medios de comunicación en uno de los casos ó de las opciones políticas que la ley contempla, en el otro.

A sus ordenes en: oscarhpaco@hotmail.com; @PacoBarrera en Twitter; igual en Facebook

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