Cuando sale peor el remedio que la enfermedad

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Cuando sale peor el remedio que la enfermedad 14

La semana pasada atendí el asunto muy importante del agandalle de las pluris federales por las burocracias partidistas, que no ven, ni escuchan a la militancia de cada uno,  que sin más animo que su amor a la institución política en la que cree, le mete ganas, esta al pie del cañón y perdona todo, hasta los actos de corrupción que a la vista saltan cuando estos suceden en los cargos públicos ganados a punta de votos.

El tema anterior es del ámbito federal, en donde suponen que México, es la ciudad de México y desde allí se dan el lujo de hablar por todos y hacer para ellos mismos. El degenere de la política viene siendo algo parecido a la frase proverbial viejísima, que nos dice que salió peor el remedio que la enfermedad, cuando el resultado de la acción emprendida no causa los efectos positivos que originaron tal acción.

Déjeme llevarlo al pasado.

En la década de los noventa sucedieron en México movimientos sociales y políticos que demarcarían los nuevos tiempos por venir, sobre todo en materia que tiene que ver con la democracia. Todas las actividades emprendidas desde finales de los setenta reclamando oportunidades igualitarias entre organizaciones políticas para competirdemocráticamente en condiciones similares por los cargos públicos, tuvieron su tope en las elecciones presidenciales de 1988, en las que aseguran muchos ganó el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas y que—¡¡oh Dios!!—Manuel Bartlett entonces secretario de gobernación y por ende presidente de la Comisión Federal Electoral dijo nones, se cayó el sistema y gana Carlos Salinas de Gortari.

Una primera tarea de Salinas de Gortari ya encumbrado como presidente de México, fue convocar a las fuerzas políticas al acuerdo para alcanzar una reforma política que contuviera todas las propuestas que hicieran del evento electoral un evento justo, equitativo y de resultados.

Para entonces las izquierdas tradicionales habían convergido en una sola presencia: el Partido de la Revolución Democrática y junto con los veteranos PAN y PRI echaron a caminar la maquinaria legislativa que logro un primer código electoral que dio nacimiento al IFE (Instituto Federal Electoral) hoy INE (Instituto Nacional Electoral). El éxito mayor sin duda alguna fue arrancar de las garras gubernamentales la organización, vigilancia y realización de los eventos electorales futuros. El tiempo se ha encargado de conservar lo esencial de la ley, aunque se haya hecho de esta ley, un conjunto de condicionamientos ridículos, ilógicos y populistas que originan mayor confusión que aporte de más claridad a las elecciones cada tres y seis años.

Una parte importante de las leyes electorales, desde los años setenta en que el pensador priista Don Jesús Reyes Heroles, a la postre Secretario de Gobernación en el sexenio Lopezportillista, fue la inclusión de los diputados de representación proporcional o diputados de partido y más conocidos aun como plurinominales; para dar presencia y voz en las cámaras legislativas a partidos minoritarios que cumpliendo un N porcentaje electoral, ganaban tal derecho.

Esas posiciones legislativas alcanzadas por porcentajes de votos, tenían pues un sentido ya burlado desde hace muchos años: la oportunidad de debatir, proponer y alcanzar acuerdos en diversas materias que sus plataformas políticas contemplaban.

Se han reformado las leyes una, otra y mil veces más, pero la gallina de los huevos de oro que significan los congresos legislativos son intocables; aunque ya estemos viviendo a plenitud la democracia electoralmente hablando. En los congresos deben estar quienes ganen de manera directa la posición y desparecer la figura plurinominal que equilibra pasadita la mano, la presencia legislativa de cada uno de los partidos.

Si es justo regresar al pensamiento de Don Jesús Reyes Heroles, en cuanto a que las minorías merecen oportunidades de voz y presencia condicionada en los congresos y no hacer de esta figura un arrebato de pasiones y ambiciones que son repartidas como botín por las burocracias partidistas, que luego tratan de justificar que ellos son la voz de los partidos.

En Sonora, bajo el gobierno de Manlio Fabio Beltrones se lograron tres sucesos antes que en el resto del País, incluyendo a la legislatura federal: Uno, se llevo a rango constitucional la presencia de géneros en las candidaturas (70%-30%); dos: Se integró el primer consejo electoral ciudadano en el País, esto en 1993—en lo Federal se hizo en plena campaña de 1994—y  tres: Se incluyo en la ley electoral que tenían derecho a las diputaciones de representación proporcional quienes habiendo competido en elecciones de distrito y no obtuvieran el triunfo, tuvieran los más altos porcentajes como segundo lugar.

A la generación anterior, la mía pues, en donde me tocó desde diversas tribunas participar, una como inquieto ciudadano, otra en calidad de directivo partidista y la más importante como diputado en el congreso local nos obligó a equilibrar la oportunidad de competencia electoral, hicimos lo que nos tocaba, alcanzamos la democracia en la que aun muchos no creen, incluyendo al mismo presidente de la república actual.

Toca a las nuevas generaciones hacer de la democracia un sistema de vida, antes que un evento electoral, en donde cada quien este donde le corresponda de acuerdo con su vocación y empeño y dejar de ver los cargos públicos como el negocio de la vida, o la lotería que garantiza presente y futuro de mayor nivel.

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