Crónica de una pendejez no anunciada

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Crónica de una pendejez no anunciada 35

Fue suficiente una distracción de segundos para que me viera involucrado en un imprudente accidente automovilístico, en el cual se juntaron mi distracción y la ausencia de un seguro de daños a terceros para responder por perjuicios materiales ocasionados. Afortunadamente nada que lamentar entre las personas que participamos en el siniestro que les cuento.

El vehículo averiado no fue el mío, fue el contrario; aunque de inmediato reconocí la culpabilidad que me correspondía y le garantice a la parte ofendida responder por los daños ocasionados. Debo decir que el vehículo dañado contaba con seguro, cuyo ajustador acudió al lugar de los hechos. El mismo reportó con transito municipal el accidente y dos agentes hicieron presencia.

Aun estando en stato turulato—recordando al amigo Jesús “Cacho” Bojórquez (+) —de pronto me vi entre las preguntas del ajustador y los agentes que prestos acudieron, referentes a mi situación económica para responder por las daños. Mire, decían es mejor que en este momento pague para que se evite la detención de su carro. La reparación de los daños, más los gastos de grúa y corralón serán muy elevados. En su nobleza uno de los agentes, discreto se acerca a mí y me dice, mejor consiga el dinero para que se evite vueltas y gastos.

Yo, como en la serie del Chapulín Colorado en mi interior me preguntaba: “¿Y ahora quien podrá ayudarme”?

Voy a dejar por un lado lo que el segundo de pendejez me arrancó de la cuenta bancaria familiar cada vez más raquítica, para enfocarme al infierno que se crea en derredor de quien por múltiples razones comete el error que hoy cometí. Se agolpan circunstancias. Necesito el carro te dices, pero debo pagar primero los daños al contrario. Me llevan el carro al corralón y nadie me garantiza que lo recuperaré en las mismas condiciones, con las mismas llantas, equipo de sonido y chácharas que adornar al mueble, según han dicho los que han pasado por la experiencia. En fin mil lamentos que no salen de tu interior, pero como te martirizan.

El colmo, te multan con 20 salarios mínimos—según lo explica el agente—por ocasionar el choque. ¡Te multan por pendejo!, el colmo cuando no ocasionaste ningún daño a la infraestructura urbana. Todos te ven con mirada piadosa, pero en cada par de ojos divisas el signo de pesos que por tu error tendrás que desembolsar.

Todo contra el imprudente, nadie en posición de orientar, de enviar un buen consejo, de aliviar un poco la congoja que la sientes atorada entre panza y tragadero. El gobierno que todos quisiéramos fuese facilitador, en este caso el municipal, es tu cruel verdugo. La registradora debe de sonar para justificar chamba y se convierte en gobierno recaudatorio, implacable.

No contar con seguro que te proteja y proteja a los demás es en si el peor error que podamos cometer. Mi decisión de vender la charanga me hizo no renovar la póliza y he allí los resultados. Aunque con dificultades logré salir del paso, me sirvió la experiencia para pensar en los que por razones que se quieran hay otros más jodidos que tu y aunque ya sabes quién, asegura que primero los pobres, esa prioridad no es para que salgan de esa condición, triste decirlo; es para contar con votos para sus planes de predominio del poder.

Los pobres en mayoría—la clase media cada vez es más difícil sostenerse en ella—no requieren de reglas graduadas con sanciones inconstitucionales salidas de los escritorios burocráticos con afanes recaudatorios, tienen suficiente con endeudarse para conseguir los dineros que les resuelvan sus problemas. Unas veces piden prestado, otras rematan bienes que utilizan en sus hogares, venden lo que sea y llegan incluso a desprenderse de lo más preciado, el techo que reguarda a sus familias.

Aquello de elevar multas para evitar la insistencia en la falta administrativa, es cuento que solo ve un lado, el de quien cobra la multa y no la del imprudente que voluntaria o involuntariamente cometió la falta.

Hay delegados o representantes de las comisiones de derechos humanos presentes en todo, menos en las barandillas en donde vamos a dar todos los involucrados en estos detalles. La ley es la ley, se argumenta siempre; pero la ley no puede ni debe ir más lejos que las acotaciones de las constituciones general y local permiten.

En México, apenas el 25 % de la población está sobre ingresos superiores a los diez salarios mínimos, considerados como dignos para ingresar a las clases económicas que permiten cumplir con un nivel de comodidad y seguridad patrimonial. Vale decir que las sanciones económicas están hechas sobre estos límites y no sobre los ingresos de menos cinco salarios mínimos que obtienen las mayorías.

Reflexione mucho al respecto. La cruda moral aun después de una semana de ocurridos los hechos persiste en castigarme. Antes que muchas iniciativas que adornan egos legislativos, es necesario regresar la vista a los hogares sonorenses que adolecen de protección legal y facilitadores oficiales que les permitan al menos, responder por sus actos sin dañar sus raquíticas economías familiares.

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