Crisis

Jean Meyer, Recientes No hay comentarios en Crisis 36

Crisis, palabra del griego, de origen medical, en el sentido de momento importante en la enfermedad, momento en el cual el médico debe tomar una decisión; de ahí el sentido derivado de momento importante en la historia de una persona, de un país, de una economía, del mundo. Finalmente, no es una palabra que deba espantar, desde que el mundo es mundo, hay crisis. La crisis puede ser positiva cuando está ligada a un cambio para bien.

El mundo actual está en crisis, como el mundo de mis padres, como el mundo de mis abuelos. 1519, año del encuentro entre Moctezuma y Cortés, año de crisis, de una crisis tremenda, así que cuando nos asombramos de los cambios acelerados que estamos viviendo, somos bastante ingenuos. Tan pronto como uno ha vivido unos años, ha experimentado crisis. Y, para empezar la llamada “crisis de la adolescencia”. Yo nací en 1942 en una Francia todavía rural que tenía 40,000,000 de habitantes cuando México tenía 20,000,000; llegué en 1962 en un México rural con una mayoría de campesinos flacos. Hoy México es dos veces más poblado que Francia, el 80% de la población es urbana y la obesidad amenaza la salud y el futuro de la nación.Todo se volvió líquido o se disolvió en el aire. Viví en Europa, en mi adolescencia, la desaparición de los imperios coloniales; todavía me tocó la fuerza de las ideologías, el choque entre partido comunista y democracia cristiana, entre la URSS y los Estados Unidos. Desparecieron la democracia cristiana, el partido comunista y la URSS; ahí siguen los Estados Unidos, pero bajo el trumpismo y amenazados por China.

No cabe duda, vivimos de manera permanente una gran aventura; aventura es otra palabra para krisis.“Lo que el viento se llevó” … bien a bien, no sé que se llevó, tantas cosas, que nos encontramos de repente sin brújula y me dan ganas de citar a mi extrañado Luis González, que decía, en 1983: “Mucho más preocupante que la devaluación del peso, debe ser la devaluación de los valores de la cultura mexicana.

México vive, con optimismo, su propia crisis, pero el estado del mundo es el desorden, el caos y los dirigentes europeos más responsables muchos no lo son o son pirómanos como Trump y Putin ven con angustia la renovada carrera armamentista (China impulsa para 2019 un crecimiento del gasto militar del 7.5%) que afecta a todos los sectores militares, incluso, lo que es de miedo, el nuclear. Eso, en el momento preciso cuando las grandes potencias desmantelan todos los acuerdos internacionales de control del armamento, disminución de los arsenales nucleares. El gobierno francés acaba de declarar el equivalente de una ciberguerra para resistir y prevenir los ataques cibernéticos; advierte que no se limitará a la defensiva.

En México, nuestros dirigentes (y todos nosotros) nos encontramos muy alejados de esas preocupaciones y pensamos que no estamos amenazados por lo que puede pasar entre Pakistán y la India, entre China, Corea, Japón, Estados Unidos, entre Arabia, Israel, Siria e Irán, entre Europa, Ucrania y Rusia. Lo siento, el mundo es uno y hay un solo mundo. Un mundo cuyo futuro no podemos imaginar. Puede que dentro de diez o 25 años todo haya sido modificado en profundidad. Hace cien años mataron a Zapata, hace cien años ¿quién podía pensar en un México de 130 millones de habitantes, en una megalópolis que invade el estado de Morelos, un Morelos sin haciendas ni campesinos?

Ni sabemos distinguir netamente la guerra de la paz. 9,000 personas fueron asesinadas en México, en enero y febrero: ¿guerra o paz? Ni sabemos cómo calificar la violencia cotidiana en nuestro país, la incalificable, increíble violencia contra las mujeres; tampoco, a escala mundial, en todos los países, se alcanza a distinguir abundancia y escasez, victoria y derrota. Nuestra economía nacional y la del mundo tiene aún como meta un desarrollo, un “crecimiento” sin límites; devastamos el planeta, aceleramos el cambio climático, Casandra grita y nadie la escucha. ¿Extinción será la palabra del futuro?

Jean Meyer, historiador.

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