Colina 875

Joaquín Robles Linares, Recientes No hay comentarios en Colina 875 8

El sopor que produce es veneno cuando llega el combate,  la sorpresa irrumpe cruelmente después del pecado de la confianza,  ésta será el amargo alimento de la derrota, después inevitablemente la muerte de los sorprendidos.

Estados Unidos entra a la Guerra de Vietnam pensando ingenuamente que su estancia  en el territorio asiático sería un asunto de meses, suponían que su dominio final se impondría avasalladoramente por una lógica elemental, el poderoso ejército de los Estados Unidos, su imponente maquinaria, además del elevado espíritu de combate probado en conflictos alrededor del mundo, estos arrasarían irremediablemente  con un famélico ejército de campesinos comunistas.

Después de la vergonzosa derrota de los franceses, que  fueron aniquilados y humillados por combatientes sin lustre ni oropel, algo que los norteamericanos  estimaron como la incompetencia de una Francia agotada y fuera de forma.

Lo americanos comenzaron con unos cuantos batallones de apoyo, el involucramiento y la desmedida confianza del Presidente, Lyndon Johnson y el Secretario de Defensa, Robert McNamara, operaron en contra, el gobierno norteamericano  fue incrementado paulatinamente el número de soldados y de equipo militar.

Los norteamericanos  pensaban que las guerras se ganaban con bombardeos indiscriminados, dominio policial de ciudades, acorazados atiborrados de cañones frente a las costas enemigas, tanques de última generación y aviación supersónica con misiles teledirigidos, sin embargo la lucha terrestre era inevitable, había que desplegar tropas.

Para 1967 el número de soldados norteamericanos rebasaba el medio millón, se habían lanzado toneladas de explosivos, se habían devastado aldeas enteras, se había defoliado una abismal cantidad de hectáreas de selva, el ejército norteamericano tenía el débil  control de una parte del país, sin embargo a la guerra le faltaba entregar los más terribles resultados para el gigante americano.

Los norteamericanos bautizaron una elevación  como la colina 875, desde ahí impedirían el paso de las fuerzas del ejército de Vietnam del Norte y controlarían un área cerca de la frontera con Laos. Al intentar acceder al lugar tuvieron que ser aerotransportados, se eligió a la experimentada  División 101.

Para entonces los norvietnamitas habían tomado la colina,  con una paciencia modelo horadaron protecciones subterráneas, colocaron nichos encubiertos con ametralladoras calibre 50, se desplegaron de forma subrepticia y dominaban estratégicamente el reducido valle donde estaban siendo localizadas las tropas norteamericanas.

Al momento de tomar por asalto el objetivo , la nutrida metralla de morteros, las certeras  balas de los AK 47 y las poderosas ametralladoras 50, aniquilaron a casi la totalidad de la vanguardia americana, el bombardeo aéreo  se intensificó y el Napalm bajo de los aviones provocando un infierno.

El sistema de subterráneos salvó a los comunistas, para el final de la batalla la cantidad de muertos y desaparecidos era abrumadora, los norvietnamitas abandonaron la posición y cuando el ejército norteamericano tomó el control de la colima ni un solo enemigo quedaba, todos habían huido propinando un durísimo golpe al poderoso norteamericano.

En la guerra y la política la confianza es tóxica y si a esto se le añade arrogancia, la derrota es indudable. Paradójicamente el ejército de Estados Unidos abandonó la colina 875, se dieron cuenta al final que no tenía valor estratégico.

 

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