Ciencia ciudadana

Ramón Pacheco Aguilar, Recientes No hay comentarios en Ciencia ciudadana 8

El verdadero impulsor del desarrollo económico y social de los países y las regiones, es la ciencia. El grado de confort en el que vivimos actualmente, deriva de ella. Lo que pase en nuestro futuro inmediato y en el lejano, también dependerá de la ciencia. Los resultados, productos e impactos de la ciencia se caracterizan por su ubicuidad; están en todos lados, articulados siempre al desarrollo y bienestar humano. Sobre esta característica de la ciencia, aún no existe plena conciencia en nuestro País no solo por parte del Estado y del empresario, sino también por el ciudadano. La ciencia no puede ser ajena a nuestra vida diaria ya que esta última depende prácticamente de la primera. Pensemos en ello con profundo detalle. La ciencia se debe ciudadanizar porque todos podemos contribuir al conocimiento científico.

Veamos, la ciencia por naturaleza es antinatural; es un invento del ser humano. Por ejemplo: Un puente que nos sirve para cruzar un río; el láser que nos hace más cómoda nuestra vida doméstica y los antibióticos que nos resuelven múltiples afectaciones a la salud, no estaban ahí. Todos son inventos del ser humano y por tanto, antinaturales. No existían en la naturaleza; habría que crearlos, habría que inventarlos.  ¿Y cómo lo hicimos? Con la ciencia y su método operativo a través de la investigación. La investigación científica hubo de transformarse primero en tecnología, que se tradujo posteriormente en utilidad social. Por ejemplo: El puente, transformo las comunicaciones; el laser, innovo enteramente el desarrollo productivo y los antibióticos simbolizan la garantía y mantenimiento de la salud. Y así podemos seguir asociando los inventos científicos logrados a través de la investigación, con la comodidad y seguridad de nuestra vida cotidiana; con el confort ciudadano.

Por eso es importante la ciencia. Por eso es que el apoyar a la ciencia es algo así como un derecho humano; algo así como una obligación y función del Estado. A las posiciones anteriores me gustaría quitarles el “algo así”, para convertirlas en directas aseveraciones. Pero vayámonos despacio; el asunto aquí es que se entienda el mensaje y que todos lleguemos, de ser posible juntos, a la misma conclusión. Por cierto, y como sucede en los países desarrollados, los empresarios mexicanos debieran participar más activamente impulsando y apoyando económicamente a la ciencia. De igual forma, el ciudadano no puede quedar fuera o exento de responsabilidad. Todos podemos y debemos contribuir a generar conocimiento científico. Ése es el supuesto básico de la ciencia ciudadana. El ciudadano debe incrementar sus conocimientos sobre qué es y para qué sirve la ciencia y la investigación científica; sus implicaciones, sus impactos, sus beneficios y sus riesgos. Todo ello lo conducirá a exigir más actividad científica en nuestro País, incluso también, presentando propuestas de investigación más identificadas con el desarrollo de sus regiones y comunidades.

La ciencia no es potestad exclusiva de los científicos; es asunto donde todos los ciudadanos tenemos que participar.

Así es la ciencia ciudadana. Ciudadanicémosla.

 

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