Carta a Miguel Ángel Murillo

Bulmaro Pacheco Moreno, Recientes No hay comentarios en Carta a Miguel Ángel Murillo 127

Recibí sus anotaciones relacionadas con mis escritos más recientes, relativos a la perspectiva política de Sonora en el 2015. Acuso recibo de sus puntuales observaciones, coincidencias y recomendaciones, así como de los subrayados temas que en las semanas siguientes se irán clarificando, conforme avancen los plazos establecidos en las leyes electorales y las decisiones políticas de los partidos.

Esa tesis de que el PAN le lleva ventaja al PRI porque el precandidato oficial del partido en el gobierno inició su campaña desde noviembre de 2012 a través de una fundación originalmente de origen filantrópico -que de eso ya no le queda casi nada-, no deja de ser muy discutible y sin duda equivocada. Verá usted: A pesar del enorme gasto que realiza dicha Fundación en medios de comunicación y en dádivas, no se ve reflejado en el mejoramiento del precandidato en los sondeos, convirtiéndola en un falaz y costoso instrumento político -sin regulación ni control oficial alguno sobre el origen de sus abundantes recursos para la ocasión- del que la ciudadanía toma cuidadosa nota.

El precandidato oficial ha transitado súbitamente de las páginas de sociales a las de corte político disfrazadas de servicio social, para aterrizar finalmente en lo que ha sido un intenso cabildeo político con las estructuras de Acción Nacional en el territorio estatal, con recursos y medios asegurados.

Y no ha sido por casualidad: Dicho precandidato ha visto cómo se estanca su crecimiento en las encuestas en proporción directa al agravamiento de muchos problemas sin solución del gobierno que representa.

Y tampoco ha sido gratuito: Los potenciales votantes lo ven operar y de inmediato lo asocian con un proyecto de continuismo. Por eso se le ve con desconfianza, malicia y dudas. Como alguien que -con seguridad- no deja de representar más o peor de lo mismo que hemos tenido en lo que va del  gobierno de la alternancia.

En los principales temas de la agenda sonorense, el precandidato oficial no opina ni se pronuncia en algún sentido, por temor al desgaste y a los costos políticos. Quizá así se lo aconsejen sus asesores, porque temen que salga raspado. En ninguno de los asuntos importantes, candentes y controvertidos aparece. Solo se dedica a enviar mensajes de auto ayuda y a pronunciar discursos sin mayores contenidos ni propuestas.

También hay razón en sostener que le han perjudicado las divisiones que se observan en los municipios, donde se están dando con todo, por las prematuras ambiciones en torno a las futuras candidaturas.

Hay luchas soterradas y enfrentamientos entre altos funcionarios del Gobierno y los seguidores del precandidato por imponer candidatos en municipios clave, y en eso ya están chocando: Cajeme, Guaymas y Hermosillo aparecen como las más frescas manzanas de la discordia.

Esos conflictos, en mucho han sido atizados por algunos priístas tránsfugas de años atrás, en lugares donde no quieren quedarse por fuera del reparto político, previendo la muy probable victoria del PRI.

Por eso enfrentan a los blanquiazules de origen que con varias campañas electorales a cuestas, los ven -a ellos- como logreros. Son los panistas históricos que ante el arribismo y las nuevas cooptaciones, les reclaman ser dueños de la franquicia de origen.

Como verá usted, todavía falta ver correr mucha agua bajo el puente de los azules, al grado de que todavía no saben si lograrán acuerdos.

La otra tesis que sin duda lleva “chanfle” es la inducida por emisores muy claros y con cierta dedicatoria, y ha sido pensada en relación a lo que decidirían a posteriori aquellos aspirantes que no resulten favorecidos con las candidaturas en juego: ¿Qué va a hacer fulano si no resulta candidato?, preguntan ansiosos, esperando una respuesta a modo para de inmediato comunicarla a quienes les ordenaron preguntar y así entrarle a la descalificación de quienes involucren en el cuestionamiento.

Tiene usted razón sobre el tema al afirmar que no se tiene una bola de cristal para adivinar y saber con anticipación cualquier tipo de reacción humana y política de quienes, inconformes por no haber sido postulados candidatos, pudieran generar tensiones en sus partidos.

En lo estatal recordamos los conflictos sucesorios del PRI en 1961 y 1967. También cuando el aspirante Armando Hópkins Durazo se negara a firmar el acuerdo sobre la candidatura de Carlos Armando Biébrich en 1972, y las fuertes tensiones -con divisiones incluidas- generadas en los procesos abiertos de 2002 y 2009. Nada más.

Las izquierdas se fueron con el mismo candidato en 1997 y 2003, y su crisis les llegó en el 2009 cuando cayeron estrepitosamente. Entre otras, porque  algunos de sus cuadros jalaron con el PAN a cambio de exiguos platos de lentejas y cargos muy menores en el gobierno. Con honrosas excepciones ya hemos visto el comportamiento de algunos de ellos en el Congreso y en los cabildos y no parece que les vaya a ir mejor en 2015 por su fragmentación y su escasa representación.

El PAN no presentó candidato en 1973. En 1997, sufrió su peor crisis al vivir una auténtica desbandada de militantes valiosos hacia el Partido Alianza Social (PAS), que en un tiempo llegó a dirigir Pablo Emilio Madero.

Coincido con usted en que el PRI se presenta hoy en Sonora como el partido más unido y en el que seguramente no se batallará mucho para lograr la conciliación política posterior a las candidaturas, pero no hay que confiarse. Usted y yo sabemos que nunca faltan los voluntariosos que en aras de no quedar mal con nadie, juegan varias cartas a la vez y no escatiman recursos para pactar al mejor postor decisiones y principios.

No es casual por ejemplo, que en el mismo PRI hoy se libre una batalla  con quienes han sacado siempre raja política y económica de las indefiniciones, los pactos, las complicidades y  los puestos que han ocupado, y representan una corriente interna que busca posicionarse para seguir en el negocio. Cuidado con eso, sería una imperdonable ingenuidad no registrarlo.

En el 2003 el PRI se descuidó y no le puso la atención debida a los procesos municipales y por poco pierde la elección de gobernador. En el 2009 la estrategia de cooptación de los adversarios del PRI arrastró a muchos, que sin rubor alguno operaron en contra. Ayudó mucho que el PAN tuviera un presidente de la República radical y furibundo anti priista, dispuesto a ganar Sonora al costo que fuera. Por eso le invirtieron mucho dinero a su candidato y abundantes recursos para dividir al PRI. Eso fue en realidad lo que llevó al PAN al palacio de gobierno. ¿No cree?

Sobre la otra cuestión que circula: ¿Quién va a decidir en el caso Sonora? Coincido con usted que será el mismo que decida con la información proporcionada por el CEN del PRI en el caso Sonora y los otros ocho estados con elección de gobernador.

Y la decisión claro está, se hará sobre bases de perfiles competitivos y con posibilidades de ganar. No habrá de otra.

No es imaginable que alguien se pusiera al tú por tú con el presidente Enrique Peña Nieto para disputarle la facultad meta constitucional para opinar sobre candidaturas. Esa atribución ha sido una práctica histórica, que hasta los dos presidentes de la República de origen panista utilizaron. En la historia, a veces con excesos y omisiones, dicho poder le ha permitido a la máxima autoridad mediar, conciliar, unificar y decidir por encima de las ambiciones de los grupos de poder locales deseosos de imponer.

Actualmente se hacen consultas, se piden opiniones, se analizan los sondeos, y seguramente en las nueve entidades donde en 2015 habrá elección de gobernador, se postulará a quienes resulten los más competitivos, los mejor evaluados y aquellos que puedan garantizar una mínima posibilidad de triunfo. No es poco lo que estará en juego el próximo año como para caer en ligerezas, exponiendo al PRI a descalabros y aventuras que determinarían el rumbo de la elección presidencial del 2018.

Coincido con usted en que el presidente Peña Nieto es un político eficaz y práctico, con una solidaridad manifiesta hacia su partido -dentro de la Ley- del que ni se distancia ni se niega ni lo contradice y al contrario, en su estructura partidista se ha apoyado para gobernar y aterrizar sus principales decisiones, pactos, proyectos y reformas.

Por lo tanto, es de preverse una atención mayor desde el más alto nivel, sobre las decisiones políticas del 2015, con el propósito de consolidar en las regiones las políticas presidenciales prioritarias de cara al 2018.

Claro que hay mucho todavía por hacer y usted y yo coincidimos en que en estos momentos y a menos de 10 meses de la elección, el PRI no debe descuidar un ápice su trabajo ni confiarse demasiado con posturas triunfalistas que lo lleven a perder piso.Entre muchos otros,hay asuntos preocupantes. Dos ejemplos:

Un ejército de funcionarios estatales recorre ya palmo a palmo la geografía  estatal tratando de localizar a los indecisos para mediante carta personal del ejecutivo tratar de convencerlos. Otro ejército de funcionarios estatales de confianza están siendo apuradamente basificados con la intención de heredarlos a la próxima administración sin que el Sindicato de burócratas que se dice del PRI haya dicho ésta boca es mía. ¿Complicidad o temores?

Como bien lo dice usted: Se esperan tiempos de definiciones y complejos tiempos políticos para la oposición en Sonora. Las cada vez más frecuentes versiones de que el gobierno utilizará todos los recursos disponibles para conservar el poder, son síntoma -y no se trata de un alarmismo irresponsable- de que se están cocinando estrategias tendientes a la desestabilización no solo de los partidos, sino de todo aquello que les sea útil para cumplir el objetivo. Suficientes muestras hay ya,para no dudarlo. Por eso le agradezco sus críticas, opiniones y sugerencias, que sin duda enriquecen la visión de la política en la hora de las decisiones y en los tiempos de cambio que se avecinan. Muchas gracias.

bulmarop@gmail.com

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