Balas perdidas

Joaquín Robles Linares, Recientes No hay comentarios en Balas perdidas 13

Al fogonazo siguió un intenso zumbido que en ese instante me aisló del mundo, una atmósfera silente y lenta me envolvió, el disparo me había dejado sordo. Era la primera vez que veía el accionar de un arma de fuego.
Poco a poco el sonido empezó a regresar, las voces distantes se fueron agrandando y aquel silbido chillante fue disminuyendo para que todo regresara a la normalidad, lo único que quedaba era un picante olor a pólvora.
La noche de fin de año hubo once heridos por disparos al aire en el Estado, “balas perdidas” es eufemismo desgraciado, lo único que enmascara es la enorme irresponsabilidad que hay al momento de detonar un arma de fuego, con el único fin de celebrar intentando demostrar una superioridad ficticia.
Supremacía utópica, que no tiene nada que ver con la triste realidad que acompaña ese culto que guardamos por las armas de fuego, fijación idiota que cuesta vidas y que nos representa como lo que somos, un pueblo lleno de complejos, obsesiones ridículas que se convierten en tragedias, en situaciones desesperantes que nunca debieron haber sucedido.
Las detonaciones infortunadamente han seguido en otro terreno, el de la política, las “balas perdidas” han abundado, con una irresponsabilidad igual que aquellos presuntuosos de la pasada noche de Fin de Año. Empuñan un arma verbal y vociferan una cantidad de disparates intentando demostrar su preeminencia, intentando alardear su discutible ventaja moral con dichos y hechos que nada tienen que ver con la agenda racional que debe seguir un político responsable.
Desde hace muchos años he seguido con atención a aquellos actores políticos que tienen algo que decir y algo que hacer. En estos años ha habido algunos brillantes y propositivos, independientemente del signo partidario, los hay con un gran sentido social y lo que es más meritorio, con una sensatez más allá de agendas electorales.
Definitivamente el actual gobernador de Chihuahua, Javier Corral, no es el caso. Tengo años escuchando con atención sus propuestas y acciones, su belicosidad es ejemplo nacional de intolerancia, se ha enemistado con todos y por todo, al final invariablemente termina convertido en material de noticiario y programa de opinión.
Es de recordarse como acabó enfrentado a Calderón y a los dirigentes de su partido. Sin embargo lo que vimos recientemente es muestra fehaciente de lo que señalo, una verborrea acusatoria y pomposa, como esa frase que disparó después de que le preguntaran por las acusaciones de tortura hacia el preso que retiene, con acusaciones de testigos protegidos y pruebas endebles: “eso mueve a hilaridad” contestó.
Creo que lo que debimos haber escuchado era una invitación a la Comisión Nacional de Derechos Humanos a emitir dictamen o juicio, para certificar el estado del preso, no reírse socarronamente y decir en otras palabras que la pregunta le hacía gracia. Advierto que todo esto terminará en un gran ridículo para Corral y los que lo acompañan, y que comienza a evidenciar serias fallas en su gestión, el asesinato de Miroslava Breach es tan sólo un ejemplo.
Corral ha lanzado disparos al aire, envanecido por el efímero poder que detenta. Hace años aprendí que las armas ensordecen al momento que se disparan, el efecto dura unos minutos, el fogonazo ha desaparecido, aquel que la sostiene queda mudo, vencido, no tiene nada que decir. Las palabras no desaparecen, regresan lentamente, únicamente permanece un picante olor a pólvora.

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