Alma, Cuerpo y Razón: Aristóteles

Ramón Pacheco Aguilar, Recientes No hay comentarios en Alma, Cuerpo y Razón: Aristóteles 22

Hace una semana comentamos algunos puntos importantes del pensamiento y filosofía de Platón. Hoy le toca el turno a Aristóteles, quién aun siendo su discípulo más destacado, tuvieron algunas diferencias fundamentales. La existencia de las dos dimensiones de Platón, el mundo sensible y el mundo de las ideas, se contrasta con el mundo único, sin compartimentos, de su discípulo.

Decía Aristóteles que el hombre es un ser racional; por lo que, el ser humano está compuesto de alma con forma de cuerpo, cuya principal característica es la razón.

La teoría del conocimiento, el método científico, el aprendizaje inductivo, la experiencia sensible y la información, son las piedras angulares de su enseñanza. Podemos decir que su metodología sistemática es la fuente de la revolución científica.

Aristóteles cultivó la lógica (fue su fundador), la política, la ética, la física, la biología y la retórica, la astronomía y la poética; y, aun así, tuvo tiempo para lidiar con los ímpetus de uno de sus célebres alumnos, Alejandro Magno;
indirectamente, también nosotros lo fuimos. Como olvidar aquellos nuestros icónicos e iconoclastas tiempos preparatorianos empeñados en nuestros primeros intentos formales por estudiar la lógica del pensamiento, aunque no siempre con éxito alguno (alusión personal únicamente). Eso del principio de la no contradicción y la construcción de los silogismos categóricos con sus dos premisas y su única conclusión, siempre me fue un asunto un tanto cuanto complicado. Ah, pero eso sí, ¿qué tal el estudio de las falacias y sus encantos?

Tantas cosas le debemos a Aristóteles de aplicación en nuestra vida cotidiana, entre las que podríamos mencionar la división de las disciplinas científicas y la teoría clásica de las formas de gobierno. Sin embargo, también algunos de sus interesantes desaciertos que prevalecieron por siglos, como lo fueron su modelo astronómico geocéntrico y sus teorías de los elementos y de la generación espontánea, a las cuales Copérnico, Galileo, Mendeleiev y Pasterur se encargaron de hacerles los requeridos ajustes, no necesariamente menores.

Para finalizar, es necesario señalar que Aristóteles identificaba el bien con un fin, defendiendo la idea de que cuando el hombre actúa, es porque busca alcanzar un objetivo concreto, principalmente, la felicidad en la vida. Esta felicidad la identificaba con las virtudes, tantos las éticas (fortaleza, templanza, justicia) como las racionales (prudencia, inteligencia). Sin duda, una de las tantas máximas aristotélica es aquella que dice: “Somos lo que hacemos días tras día. La excelencia no es un acto, sino un hábito”. Que así sea.

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