Algunas preguntas sobre la crisis

Bulmaro Pacheco Moreno, Recientes No hay comentarios en Algunas preguntas sobre la crisis 28

Son tiempos de crisis, de muchos cuestionamientos y algunas respuestas a modo. Afortunadamente la gente le cree más a la ciencia que a las acumuladas versiones dudosas en las redes sociales, y que desinforman a amplios sectores de la opinión pública sobre la pandemia del coronavirus y la posible crisis económica futura.

 

Datos ciertos y falsos, dudas y preguntas justificadas sin claras respuestas todavía. ¿Qué va a pasar? Nadie lo sabe. Si vemos el resto del mundo, más vale ir tomando previsiones para no vernos en el espejo trágico de otras naciones que, a pesar de ubicarse entre las más avanzadas y desarrolladas del mundo, la crisis ha puesto a sufrir a sus gobiernos y a su población.

 

No hay consenso respecto a la duración de la pandemia, o acerca de los verdaderos costos en vidas humanas y en lo económico, a cuantos realmente afectará y si el sistema nacional de salud en México está realmente preparado para enfrentar la crisis.

 

No hay explicación que valga ante la comparación cotidiana con el resto del mundo y lo que está pasando en cada una de las naciones.También sobre el tiempo que durarán las medidas protectoras de la sociedad, como el aislamiento y la sana distancia, y sobre la posibilidad de una crisis de desabasto, que pudiera ocurrir al fallar los cálculos del gobierno sobre las existencias reales de productos básicos para el mantenimiento de las familias.

 

Dice Humberto Eco, que “la psicología de la conspiración surge porque las explicaciones mas evidentes de muchos hechos preocupantes no nos satisfacen, y a menudo no nos satisfacen porque nos duele aceptarlas”. También que “el instinto natural de idealización y el temor natural del hombre actúan conjuntos frente a lo desconocido, para aumentar su importancia por la fantasía y consagrarle una atención que no hubiéramos prestado a la realidad clara”.

 

Muchas son las preguntas.

¿Nadie en el mundo tuvo la capacidad de prever lo que está pasando?

Lo de la pandemia, sí; pero de sus consecuencias, no. La misma Organización Mundial de la Salud advirtió a los países del mundo tomarse en serio la enfermedad, y se dice que un investigador médico en China, pero no los tomaron en serio.

 

¿Y lo de la crisis económica?

Carlos Marichal de la Universidad de Harvard se pregunta: “¿Porqué no son capaces los más avezados especialistas en finanzas en prever el futuro? Este es un gran dilema no resuelto de la economía. Y hay razones. El análisis económico suele ofrecer más seguridad para realizar previsiones sobre tendencias del crecimiento en el mediano y largo plazo que sobre la evolución altamente volátil de las finanzas en el corto plazo”… y sus consecuencias; despido de trabajadores, quiebra de empresas, desalojo de hogares y locales comerciales entre otros. Así sucedió en 1929 y 2008, las peores crisis que se recuerden. Recordemos nada más lo dicho por Isaac Newton cuando perdió mucho dinero en la bolsa de Londres: “He logrado predecir el movimiento de los astros, pero no la locura de las masas”.

 

¿Y en México?

Los problemas de la economía que no crece, la polarización política, los enfrentamientos del gobierno con actores importantes y la falta de eficacia en los resultados de un gobierno federal que prometió mucho, no auguran nada bueno—lo dicen los principales organismos calificadores— para el crecimiento económico de México en 2020, y si a eso le agregamos también que la pandemia tampoco la esperábamos, realmente estamos viviendo un año muy complicado en salud, política y economía y —aquí sí—dependerá mucho de lo que hagan los gobiernos para paliar los efectos de una doble crisis sobre la calidad de vida de la mayoría si queremos terminar bien este año y empezar con algo de certeza el 2021.

 

¿En alguna ocasión en México se había vivido una situación de crisis sanitaria como la estamos viviendo?

Hemos vivido severas crisis por las enfermedades que en un tiempo asolaron a la población mexicana, mataron a cientos de miles de gentes y no teníamos a la mano ni medicinas ni hospitales. La lepra y el paludismo, por ejemplo, la meningitis, la tuberculosis y la poliomielitis, la tosferina y las enfermedades gastrointestinales, entre otras. Con el tiempo el esfuerzo de los gobiernos dio frutos en materia de salud, algunas de las enfermedades letales fueron erradicadas y otras controladas.

 

En su libro Las grandes crisis financieras, Marichal señala: “No cabe duda que el fin de la gran guerra (Primera Guerra Mundial) fue recibido con enorme alivio por todo el mundo, aunque una serie de eventos ensombrecieron los festejos. Tan mortífera como la lucha en las trincheras resultó la pandemia de influenza —también llamada gripe española— que a partir de 1918 se difundió con increíble rapidez alrededor del planeta y mató a millones”. Los expertos en epidemias todavía debaten sus orígenes. En México se estima que mató a medio millón de personas entre 1918 y 1920, un número de bajas cercano al causado por la Revolución (la cual estaba en su fase final después de casi 10 años de combate).

 

Ahora la población mexicana vive más años (78 las mujeres y 76 los hombres, en promedio), pero las expansión y crecimiento de las enfermedades crónico- degenerativas como el cáncer, la diabetes y  cardiovasculares se han ampliado notablemente y con altos costos sociales y económicos.

 

¿En alguna ocasión de la historia de México se juntó la crisis sanitaria con la económica?

No que se recuerde. Las crisis económicas de México habían ido solas desde que el país empezó a tener problemas con sus intercambios externos. En 1918 México tenía problemas con su deuda externa y la ruina de los años de violencia revolucionaria, en 1929 lo afectó la llamada Gran Depresión, y de ahí en adelante las sucesivas crisis de las devaluaciones del peso en 1954, la de 1976, hasta llegar a las grandes crisis de bajas sensibles en el crecimiento económico: La crisis de la deuda y el petróleo en 1982; todo el sexenio de Miguel de la Madrid, que desembocó en la crisis de 1987; la del error de diciembre que pegó en 1995, con Ernesto Zedillo, cuando la economía mexicana dejó de crecer  un -6,29%, y con Felipe Calderón en 2009; un -5.29%.

 

¿Existe el concepto “toque de queda” en la Constitución mexicana?

No. La Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos contempla en el primer párrafo del artículo 29: “En los casos de invasión, perturbación grave de la paz pública, o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto, solamente el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, con la aprobación del Congreso de la Unión o de la Comisión permanente cuando aquél no estuviere reunido, podrá restringir o suspender en todo el país o en lugar determinado el ejercicio de los derechos y las garantías que fuesen obstáculo para hacer frente rápida y fácilmente a la situación; pero deberá hacerlo por un tiempo limitado por medio de prevenciones generales y sin que la restricción o suspensión se contraiga a determinada persona”. Lo que establece la Constitución es el Estado de emergencia o de excepción. En México  se aplicó “en el lapso de 1942 a 1945 por la participación en la Segunda Guerra Mundial” son 78 años sin que se ejerza esa facultad.

 

En la práctica, se denomina “toque de queda” a la medida que establece un gobierno en situaciones excepcionales para limitar la libre circulación por las calles y la permanencia en los espacios públicos. Dicha decisión se vincula a la intención de “resguardar la seguridad y de minimizar posibles disturbios o enfrentamientos”. En algunas realidades se aplica para evitar desórdenes en situaciones especiales como los terremotos, las inundaciones o las pandemias.

 

¿Y en el caso de los municipios de Sonora?

Ahí se trata de decisiones administrativas de los presidentes municipales aprobadas por los cabildos, más como una forma de colaborar con las autoridades del orden estatal y federal, en el control de la pandemia que como una medida para restringir libertades ciudadanas consagradas en la Carta Magna.

Y la Alerta Sanitaria: ¿Una función concurrente?

Sí, tanto la salud como la educación y la seguridad pública son funciones concurrentes, señaladas en la Constitución para la federación y los estados. La concurrencia en materia de salud quedó establecida en los artículos 19 (acuerdos de coordinación), 77 bis 5, 134 (concurrencia), y 181 y 182 (acciones extraordinarias en materia de salubridad) de la Ley general de Salud reglamentaria del artículo 4 constitucional.

 

¿Y en lo local?

Tiene razón la gobernadora. La Constitución Política para el Estado de Sonora lo establece para el Ejecutivo local en el artículo 79 (facultades y obligaciones del gobernador) fracción XXX:“Dictar las medidas urgentes encaminadas a la conservación y mejoramiento de la salubridad pública general del Estado”.

 

Preguntas y respuestas para tiempos inéditos, difíciles y complicados  para varias generaciones que hoy requieren de calma, paciencia, orden y disciplina para sortear los grandes retos.

 

bulmarop@gmail.com

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