Alegoría de las piñatas

María Emma Freaner Figueroa, Recientes 1 comentario en Alegoría de las piñatas 37

Al finalizar este aciago año y arrancar el nuevo gobierno, de cara a los momentos cruciales y definitivos que nos esperan, me puse a reflexionar: ¿Cómo somos los habitantes de este país? ¿Qué tanto nos interesan realmente las elecciones y sus resultados? ¿Qué somos para los que llegan a gobernar? ¿Cómo nos ven nuestros gobernantes y los aspirantes a serlo? ¿Somos realmente el objetivo de sus acciones, o simplemente somos los peldaños de una escalera que los conduce al poder? ¿Nos consideran un rebaño que pudieron guiar mediante los 60 millones de spots publicitarios con que, según se ha informado, nos bombardearon durante el proceso electoral de este año, hasta el día de la votación? ¿Por qué somos como somos, y por qué hacemos lo que hacemos?

La búsqueda de la respuesta a todas estas preguntas llegó a inquietarme a tal grado que al dormirme una noche, después de haber visto en la televisión un programa donde hablaron de los países libres de corrupción, empecé a soñar…

“Que había Llegado a un país muy extraño donde sus habitantes tenían sentimientos obsesivo-compulsivos por las piñatas. Escogerlas era uno de sus mayores retos. Se pasaban años buscando la que mejor representara sus necesidades y anhelos, pues pensaban que si encontraban la adecuada para sus festejos, todos serían más felices.

Atraída por el folklor y buscando conocer más de las costumbres de ese pueblo, me dediqué a observar y a investigar cuál era, o podría ser, el motivo de esa obsesión. Yo de piñatas solo sabía lo que conocí de niña: que se hacían con una olla de barro recubierta con mucho papel rizado de crepé o de china, y que se quebraban a palos, durante la celebración de los cumpleaños, las posadas y otras festividades, para que los dulces, las frutas, las confituras y los regalos que contenía dentro, alegraran a los invitados al convite.

Ah, pero resulta que el fondo real de mi sueño no se refería a las piñatas tradicionales, sino a otra cosa muy diferente, ya que esa búsqueda se había convertido en una obsesión por tener una figura representativa que pudieran golpear igual que a una piñata cada vez que se sintieran desilusionados, o cuando algo les salera mal, y así poder descargar en ella sus frustraciones, descontentos y hasta hacerla responsable de las fallas y errores individuales o colectivas cometidos.

Investigando entre los vecinos empecé poco a poco a entender la idiosincrasia de los habitantes de aquel lugar, donde la mayor parte de las personas quisieran tener todo y que sus problemas se les solucionaran con el mínimo esfuerzo posible de su parte. De manera que cada tres o seis años se emprendía la búsqueda de una figura milagrosa que llenara todas sus expectativas. Una figura a la que pudieran exigirle todo sin molestarse ni esforzarse en cooperar con ella para ayudarla a lograr sus objetivos. Mientras se realizaba la búsqueda se les oía tararear las consignas… “dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino…”

Durante el tiempo de búsqueda se formaban grupos con diferentes preferencias en formas y colores, y como el país era muy extenso acordaron dividirlo por regiones para hacer más exitosa la búsqueda de aquella figura milagrosa que transformaría la región y la vida de sus habitantes como si fuera un mago. Se formaban comités encargados de escogerla y pertenecer a estos comités era considerado todo un privilegio. Desde el momento en que eran escogidos, los beneficiados sentían como que ascendían a un plano superior encima de la demás gente, pues las personas que los integraban gozaban de privilegios especiales y podían disponer libremente de los dineros del pueblo, lo cual les permitía desplazarse hasta el último rincón del territorio asignado, disfrutando de pleno confort y sin que nada ni nadie los molestara.

Cada grupo escogía la piñata que lo representaría, la estudiaba y la adornaba transformándola como con una varita mágica para que a los ojos del pueblo luciera irresistible…

Solo que… lo que realmente se buscaba era que ganara aquella piñata que fuera del gusto y conveniencia del comité ni de la gente que spuestamente representaba… y allí empezaban los problemas, porque se buscaba el triunfo por medio del convencimiento forzado, de componendas sucias e inconfesables, o del chantaje vil, repartiendo de antemano los dulces y los regalos que deberían de ir dentro de ella hasta que cayera por el suelo destrozada a palos.

Después me di cuenta de que la desconfianza era otra de las características de este pueblo tan singular, que nunca quedaba satisfechos con los resultados de las elecciones. Quizá parte del problema era la gran cantidad de piñatas de diferente colorido, morado, azul, amarillo, rojo, verde, naranja y en algunos casos mezclas de colores como si fuera arcoíris. Pareciera que buscaran hacer realidad aquel dicho de “divide y vencerás”.

Cuando al fin votaba el pueblo por su piñata preferida, nadie quedaba satisfecho con los resultados. Normalmente los que sentían que habían encontrado la mejor, la más bella y seductora, se adjudicaban el triunfo. Y empezaban los dimes y diretes, las marchas por las calles, las congregaciones en las plazas públicas, las acusaciones de fraude, de chanchullos, de compra de votos, y etcétera, etcétera y etcétera.

Y lo más triste de todo es que cuando al fin surgía la piñata escogida, y se exhibía colgada en lo más alto… a la vista de todos… estaba sola… triste e inevitablemente mente sola… y nadie era capaz de ver la mano oculta que jalaba de la cuerda, esa mano que es el poder detrás del poder y que permanece escondida en lo oscurito, para que los palos dirigidos a la piñata no los toquen ni les hagan daño. Aquí no vale aquello de “ya le diste uno, ya le diste dos, ya le diste tres y la cuenta se acabó”… aquí es golpéala hasta que se resquebraje tanto que ya ni valga la pena terminar de quebrarla, porque después de un tiempo ya a nadie le importa lo que suceda con esa piñata… pues hasta los que jalaban de la cuerda están demasiado ocupados escogiendo su remplazo.

*****

Desperté y con tristeza recordé algo que me explicó una querida amiga acerca de los sueños: Que nuestro subconsciente nos revela, a través de algunos sueños, aquellos sentimientos y temores que llevamos escondidos en lo más profundo de nuestro ser, porque reconocerlos es doloroso e implica un gran compromiso de nuestra parte.

@mefreaner

1 Comment

  1. Ana ma moreno 20/12/2018 at 1:56 pm

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