Alarma en un aeropuerto soviético

Jorge Murillo Chísem, Recientes No hay comentarios en Alarma en un aeropuerto soviético 17

La bella ciudad de Riga es la capital de Letonia, la más grande de los Estados Bálticos y situada  allá en el litoral de las frías aguas del norte europeo. La UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad por tener el mayor Centro Cultural educativo, político, financiero, comercial e industrial  de la región del Mar Báltico.

Pues en el aeropuerto de aquella importante ciudad, el destacado violonchelista mexicano Carlos Prieto Jacqué se vio obligado a bajar de la aeronave, al igual que los demás pasajeros, para una  revisión de los pasaportes. Su viaje obedecía en 1985 a una gira de conciertos que incluía ciudades de Rusia, y las ahora exrepúblicas sovieticas de Estonia, Lituania y Letonia.

Al regresar a sus asientos las azafatas estaban alarmadas al descubrir que había desaparecido un pasajero. Y para colmo de males era un pasajero que venía enseguida de don Carlos Prieto. Las azafatas iban y venían, presas de gran nerviosismo, y don Carlos se imaginó lo que sucedía y acercándose a ellas les dijo: Creo saber en donde se encuentra el pasajero extraviado. Le miraron con desconcierto y casi con indignación, como era lógico : Ya está en su asiento del avión y, además, bien sujeto….¡Se trata de mi violonchelo!

Lo que pasa es que el violonchelo (abreviado a menudo este término bajo la forma chelo) de don Carlos Prieto es un Stradivarius; un instrumento musical con valor de uno a tres millones de dólares por la calidad de su sonido y haber sido construido por un miembro de la familia italiana de don Antonio Stradivari en el siglo XVIII. Sin embargo, el Stradivarius de don Carlos se le llama también Piatti porque perteneció al célebre violonchelista italiano Alfredo Piatti.

Así pues, el violonchelo de don Carlos es un instrumento valioso y delicado, que para viajar se convierte en un objeto verdaderamente incómodo, sobre todo en los aviones. No se puede enviar como equipaje por las elevadas probabilidades de que llegue a su destino hecho pedazos, pues las bandas de los aeropuertos están diseñadas para manejar maletas. No se puede meter en la cabina, libre de cargo, como los violines, porque no cabe debajo del asiento ni en los compartimientos superiores de equipaje de mano. Debe, pues, viajar como un pasajero cualquiera y ocupar un asiento. Las reglas indican que el violonchelo debe pagar tarifa normal y colocarse en un asiento de ventanilla que no coincida con la salida de emergencia.

A pesar de la claridad de las reglas, los empleados de la venta de pasajes de muchas compañías de aviación se desconciertan cuando llega alguien a comprar un boleto para un violonchelo. Empiezan a consultar manuales o a llamar a supervisores y se pierde a veces tiempo considerable. Por ello, Carlos Prieto, optó por comprar el boleto con el nombre de Chelo Prieto, sin especificar si es señora, señorita o instrumento musical.

El nombre que aparece en general es Srita. Chelo Prieto o Miss Cello Prieto e inclusive tiene una tarjeta de viajero frecuente con ese nombre. Y para utilizar el kilometraje acumulado, se ve en la necesidad de falsificar la firma de Miss Cello Prieto.

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