Al servicio de la vida

Recientes, Voz Joven No hay comentarios en Al servicio de la vida 41

Por Karla Pamela Romo Dueñas

Es, a mi consideración, algo muy común tener personas a quienes veamos como modelos a seguir. Puede ser desde un familiar, maestro o amigo, hasta una figura pública o algún estudioso. Algunas veces los modelos a seguir son personas difuntas, cuyas historias han sido escritas de principio a fin; otras veces son personas que todavía tienen la pluma en la mano y una hoja a medias, con espacio para seguir narrando su travesía por la vida.

Una persona a quien yo veo como un modelo a seguir, con una historia impresionante y un sinfín de frases célebres que nunca fallan en inspirarme es la Madre Teresa de Calcuta. Una gran mujer que vivió en el siglo pasado, con una simpleza y una entrega verdaderamente impresionantes. No voy a dedicar mucho tiempo a hablar de su vida porque no es el fin de este artículo, pero sus palabras llenarán espacio dentro de él, como llenaron mi corazón y me movieron a realizar una hermosa labor este verano.

El que no vive para servir, no sirve para vivir.” – Madre Teresa de Calcuta

La semilla del servicio fue sembrada en mi hace mucho tiempo. No puedo decirles con certeza el momento exacto cuando esto sucedió, sólo que así fue y que durante mis cortos 19 años, me he encontrado desempeñando diferentes tareas que me ponen al servicio de los demás y que lo hago con gran gusto. No es mi intención hablar sobre mí, ni mucho menos echarme flores, pero es necesario hablar de esta inquietud, porque fue precisamente la que me llevó, después de varios años de intentar moverme en esa dirección, a tocar la puerta de un hermoso lugar al inicio del verano.

Ubicado en la esquina de Real del Arco y Paseo Río Sonora en Hermosillo, el Centro de Rehabilitación e Inclusión Infantil Teletón Sonora, mejor conocido como CRIT, abrió sus puertas en el año 2010. Desde entonces en él se atienden a niños y jóvenes con discapacidad, brindándoles a ellos y a sus familias una rehabilitación integral.

Fue en CRIT Sonora donde pasé la mayoría de mis mañanas este verano.

Para serles sincera, tenía ya alrededor de 4 o 5 años que decía que quería entrar de voluntaria al CRIT, sin embargo, por ‘x’ o ‘y’ razón, nunca concretaba mis deseos y se quedaban sólo como palabras al aire. Ahora, después de haber vivido esta experiencia, me gusta pensar que la razón por la que no lo había hecho era porque no era el momento; no estaba lista. Todavía me hacía falta madurar y crecer para estar en el punto en el que yo pudiera dar lo mejor de mí a las personas, y que mi corazón estuviera abierto a recibir todo lo que ellas me dieran a cambio.

Y lo que recibí fue mucho. Mucho más de lo que podía imaginarme. En mi ingenuidad yo había pensado que lo que haría sería dar y dar. Pero lo que realmente pasó fue algo como lo siguiente: llegué con una caja del tamaño de un alhajero, y al partir me fui con una caja de cartón tamaño paquetería rebosando. Muchas de las cosas que recibí ni si quiera las consideré como adquisiciones antes de un poco de reflexión. No puedo decirles que haya habido un momento específico que me haya marcado y me haya llenado, fue más como un hilo constante desde el momento que entré hasta el momento que salí por última vez.

“Nunca sabremos todo lo bueno que una simple sonrisa puede llegar a hacer.” – Madre Teresa de Calcuta

El primer día llegué a la puerta llena de nervios e insegura de lo que me esperaría. No me malentiendan, tenía una idea general de lo que iba a hacer y de lo que podía ver y experimentar en este lugar durante este servicio, pero lo que sucedió fue que mis expectativas fueron superadas.

Me encontré con una sonrisa y un “buenos días” a cada paso, con una plática corta y amena entre los pasillos, un abrazo y un saludo de beso de vez en cuando. Al cruzar la puerta una sonrisa se pintaba en mi rostro y esta no desaparecía incluso hasta después de que me iba y llegaba a casa.

Erróneamente, hay personas que cuando piensan en un centro de rehabilitación para niños y jóvenes se imaginan un lugar triste y serio. El CRIT es todo lo contrario. Hasta los mismos padres de familia te pueden decir que sus hijos son felices y disfrutan el estar ahí; te dicen que ellos también lo están y lo disfrutan.

Tuve la oportunidad de convivir con niños y jóvenes pacientes, sus familias, colaboradores del CRIT y otros voluntarios. Todos ellos contribuyeron a lo que ahora considero como una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida.

Este verano aprendí a valorar con más fervor la familia. Es increíble ver como se manifiesta el amor de los padres a sus hijos al constatar la manera como cuidan de ellos cuando tienen necesidades todavía más grandes. Aprendí a valorar una mano tendida, porque hay veces que se precisa ayuda y necesitarla no tiene nada de malo. Aprendí que realmente trabajando en equipo las cosas se hacen mejor; que hasta las personas más importantes y los lugares más complejos requieren que se trabaje en conjunto para lograr los objetivos. Aprendí que a veces una sonrisa es todo lo que necesitamos dar para cambiarle el humor y mejorarle el día a una persona; que a veces una sonrisa es todo lo que necesitamos para que nuestro día y nuestro humor cambien. Aprendí que realmente en el dar está el recibir, que hay que abrirse y entregar para encontrar todo aquello que no sabíamos que buscábamos, que necesitábamos. Aprendí a valorar la sencillez de los actos de amor. No es necesario dar regalos ostentosos ni desgastarnos para poder demostrar a las personas que las queremos, que las apreciamos. A veces lo mejor que podemos dar es un abrazo, una sonrisa, una mirada tierna o un apretón de manos, a veces es simplemente una risa compartida o un beso al aire; pero ésto basta. Lo importante del dar es siempre hacerlo de corazón y sinceramente.

La lección más importante que me llevo es la de autovaloración. Los pacientes del CRIT me inspiraron a valorar lo que soy. A conocer mis fortalezas y mis debilidades y verlas simplemente como condiciones físicas y mentales que me hacen quien soy. Las barreras que se interponen a que logremos lo que queremos son sólo tan fuertes como nos dejemos creer que son. La actitud es el ingrediente secreto para el éxito y solo se requiere ésta, y seguir intentando para lograr lo que nos proponemos.

“Yo puedo hacer cosas que tú no puedes, tú puedes hacer cosas que yo no puedo; juntos podemos hacer grandes cosas.” – Madre Teresa de Calcuta

Una de las cosas más importantes que viví, por la que sin duda seguiré luchando de la manera que pueda es la inclusión. Este término se refiere a vivir todos como iguales, dentro del mismo espacio, sin ningún tipo de separación. La inclusión comienza en cada uno de nosotros. Es necesario cambiar nuestra actitud y nuestra manera de ver la discapacidad como un impedimento, como algo que hace a las personas menos dignas, menos aptas. Necesitamos aceptarnos unos a otros y valorar nuestras diferentes capacidades y visiones del mundo. Si hay algo que ahora se con más certeza es que cada persona tiene algo especial y único que aportar.

Nos falta mucho caminar para lograr la completa inclusión. Necesitamos cambiar nuestras ciudades, no solo nuestra mentalidad, para que ésta pueda alcanzarse. Algo muy importante de la discapacidad es que es creada en parte por la falta de condiciones aptas. Una persona en silla de ruedas no se consideraría discapacitada si las calles de la ciudad estuvieran hechas para que pudiera transitar sin dificultad alguna. Nuestro Hermosillo, nuestro Sonora, nuestro México, todavía están lejos de ser lugares incluyentes, pero nosotros, su gente, podemos compensarlo cambiando nuestra actitud y siendo más conscientes de aquellos que nos rodean. Nuestro país no cambiará ni mejorará hasta que toda su gente trabaje en conjunto para lograrlo. Hagamos esto posible.

Me gustaría terminar con una petición e invitación: les pido, lectores, de todo corazón que compartan este escrito. Me encantaría que mi último servicio de este verano sea difundir estas palabras y crear consciencia sobre este tema en las personas. Espero que mis palabras se queden con ustedes más que un solo instante y los inspiren a ser mejores. Los invito a ser más amables, más agradecidos y más inclusivos en su día a día. Les prometo que esto no será sin recompensa.

“No podemos hacer grandes cosas, pero si cosas pequeñas con gran amor.” – Madre Teresa de Calcuta

Author

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top