Al lado de un Olivo

Joaquín Robles Linares, Recientes No hay comentarios en Al lado de un Olivo 28

Han pasado décadas y su figura aumenta, lo que hizo la barbarie y la sinrazón provocó que su obra se difundiera aún más, el artista permanece unido a la literatura provocando la admiración y el respeto eterno, pero también el desprecio y la abominación de aquellos que lo mataron.

El 18 de agosto se cumplen 80 años del asesinato, escritor, poeta y dramaturgo español, después de la  funesta historia peninsular de esos años, y la vocación genial del personaje, creo que es el gran artista de la primera mitad del siglo XX en España, con un impacto sin precedente en toda Hispanoamérica.

Federico García Lorca (Granada 1898-Granada 1936) fue fusilado una  madrugada maldita, un piquete de soldados franquistas lo asesinó, pretextando lo que la ignorancia y la brutalidad intenta balbucear cuando se cometen estos crímenes; era un  18 de agosto de 1936, muy temprano y todavía a oscuras, en una España revuelta e incomprensible, nación en la cual se debatían dos visiones delirantes y un solo aborrecimiento,   la patria común de los españoles se convirtió en la muerte del contrario.

Federico fue conducido bajo una tempestad de amenazas e improperios, los soldados descargaron su rabia en un ser débil y talentoso, seguramente sus ojos grandes se cerraron al ver el fulgor de la boca de los cañones al escupir la muerte.  Su cuerpo quedó sin vida al lado de un Olivo, cuentan tímidas crónicas, cerca del pueblo de Viznar en tierras granadinas, no podía ser en otra parte, ya que Andalucía es parte central de su obra y origen, pareciera que escritura es destino.

García Lorca era ya un gran personaje de la cultura española, no representaba únicamente a un aspirante a escritor o a un joven inquieto,  sino a un intelectual y consumado poeta y dramaturgo, que había creado un nuevo lenguaje y que había tenido la habilidad de llevar su obra a numerosos públicos.

Basta recordar el esfuerzo de aquel teatro  itinerante: La Barraca, dónde bajo su dirección y después  la de otros, llevaron a los grandes del Siglo de Oro español a numerosas poblaciones de una España rural y pobre, causa y efecto de lo que serían después los 40 años de dictadura férrea y asfixiante.

Este esfuerzo monumental y entusiasta, refrescaba con su ingenio a la cansada  y vital España, país crepuscular que había pasado por un siglo XIX desastroso e infortunado,  un larguísimo siglo marcado por derrotas y pérdidas.

Es de muchos conocidos su relación amistosa y de complicidad artística con Buñuel y Dalí, su paso por la Residencia de Estudiantes de Madrid y su relación con la vanguardia francesa, así como con la intelectualidad española del momento.

Hasta el día de hoy se desconoce su paradero, se han abierto fosas intentando encontrar los restos, sin embargo la ironía aparece  y Federico se ausenta de nuevo, para llegar y hacerse presente en las líneas de un verso o en el sentido parlamento de una obra de teatro, sin la comparecencia de sus despojos, sin la seguridad que es él.

Se dice que estuvo a punto de abordar un barco rumbo a México, siguiendo el destino de aquel exilio republicano que llegó al país en esos años,  tras- terrados que se integraron con amor e integridad a nuestra nación para no regresar.

Hasta hoy nadie sabe con certeza   dónde se encuentren los restos de Federico García Lorca, pero de lo que  estoy seguro, es que él se encuentra en el alma de muchos de nosotros, al  lado de un Olivo frondoso y de tupido follaje, la memoria.

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