2018: Primer Balance Político

Bulmaro Pacheco Moreno, Recientes No hay comentarios en 2018: Primer Balance Político 17

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Con la decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación sobre la impugnación de la elección para gobernador de Puebla –donde al final ganó el PAN–, culmina en México la etapa del balance político de los procesos electorales del año 2018.

La distribución de gobiernos estatales a partir de enero del 2019 queda de la siguiente manera: Doce estados gobernados por el PRI, doce por el PAN, cinco para Morena y uno para el PRD (Michoacán), Movimiento Ciudadano (Jalisco) y un Independiente (Nuevo León).

En el Senado, el mayor número de escaños lo tiene Morena con 59, seguido por el PAN con 24, PRI 15, Movimiento Ciudadano 7, 6 el Partido del Trabajo, 6 el Partido Verde, 5 el PRD, y 6 el PES.

En la Cámara de Diputados, Morena logró 256 diputados, 78 el PAN, 47 el PRI, 30 el PES, 28 el Partido del Trabajo, 28 Movimiento Ciudadano, 20 el PRD, 11 el Partido Verde y 2 sin partido. Morena controla 19 Congresos locales, 6 el PRI, y 7 el PAN.

De los 2,458 municipios que integran la República, la mayoría son gobernados por el PRI (1147), seguido por el PAN (760), Morena (202) y el PRD (197). El resto de los partidos y algunos independientes componen la geografía política municipal del México de nuestros días. El PRI, aún con sus recurrentes crisis, sigue siendo la primera fuerza territorial en los municipios. El resto de los partidos ha conservado la presencia regional, predominando las izquierdas en el sur del país. Durante 2019 habrá elecciones de gobernador y fórmulas locales en Baja California, donde el PAN cumplirá 30 años en el poder.

En Tamaulipas, Durango, Quintana Roo y Aguascalientes habrá elecciones de diputaciones locales y ayuntamientos. De los nueve partidos políticos que participaron en la elección del pasado julio, solo sobreviven siete; ante la pérdida del registro de Nueva Alianza y Encuentro Social. Tanto el ex presidente Felipe Calderón como el dirigente civil y senador Emilio Álvarez Icaza han anunciado que se darán a la tarea de formar nuevos partidos políticos a partir del próximo enero. Quien aspire a formar un nuevo partido, según lo establece la ley de partidos políticos, necesitará reunir al 0.26 % de la lista nacional de electores y realizar 20 asambleas estatales con 3000 participantes, o 200 asambleas distritales con 300 ciudadanos cada una, entre otras. No estará fácil.

Por su parte, la dirigencia nacional de Nueva Alianza asegura haber iniciado los trabajos para recuperar su registro el próximo año, considerando que lo mantiene como partido local en 18 entidades. De los siete partidos políticos que quedan, en las encuestas de intención de voto por partido en las cinco entidades que tendrán elección el próximo año, solo figuran tres: Morena, el PRI y el PAN. Esto significa que las batallas principales del 2021 habrán de darse entre esas tres formaciones partidistas, dependiendo de los trabajos que realicen partidos como Movimiento Ciudadano, que ha adquirido cierto relieve a nivel regional (la renovación generacional de su dirigencia nacional, un ejemplo); los trabajos de reorganización del Partido del Trabajo, a partir de la recuperación de su registro; y la salida que se le dé a la grave crisis política que enfrenta el PRD, que todavía no logra recuperarse de sus eternas pugnas internas, ante la fragilidad de sus liderazgos y de la intensa migración de sus cuadros principales hacia Morena, así como los efectos de la baja votación obtenida en la pasada elección.

Morena, por lo que se observa en sus liderazgos principales, como partido en el poder en la Presidencia de la República, en el Congreso de la Unión y en cinco estados, ya trabaja en la organización y la implantación de su estructura territorial aprovechando las políticas oficiales, con atención especial a dos clientelas específicas: Los jóvenes (con el nuevo sistema de becas y la oferta de gratuidad de la educación) y los adultos mayores (con el esquema de las nuevas pensiones que —según se dice— llegarán a todos los pensionados del sistema, incluyendo a los que ya las reciben del IMSS, el ISSSTE y los sistemas estatales). Algo inédito en México, por la duplicidad operativa y por la enorme masa de recursos económicos que se necesitarán para cumplir.

También se ve ya la intención de Morena de colonizar la administración pública federal en los estados —en algunos casos con reputados panistas—, influir en los nombramientos para la integración del Poder Judicial federal, y cubrir administrativa y políticamente a las principales organizaciones sociales demandantes del gobierno. Su estrategia deriva —dicen— a cada momento y para justificar sus decisiones, de los 30 millones de votos que recibieron y de la obligación política de cumplir sus compromisos con quienes votaron por ellos.

Es decir, ellos solo estarían cumpliendo con lo que los electores les aprobaron que hicieran ya en el gobierno y, en caso de fallar—ahí la clave—. no serán ellos sino quienes les demandaron hacer lo correspondiente a través de lo que han llamado la Cuarta Transformación.

El 2018 ha sido un año político intenso. Cambio en el Poder Ejecutivo federal por primera vez en los últimos 90 años con un partido de tendencias de izquierda, que muestra una diversidad de ideas y donde coexisten fundamentalmente ex priistas y ex perredistas. Morena es apenas un partido en formación en lo que se refiere a sus estructuras regionales, territoriales y locales.

Tiene fuerza política, tiene recursos y cuenta con clientelas políticas. Sin embargo, como partido en el gobierno, Morena estará expuesto al desgaste que significa el ejercicio del poder. No faltarán en el mediano plazo aquellos que le exijan cumplir sus compromisos de campaña—aún los más radicales como el “Ya no a los gasolinazos” y la reversión total de la reforma educativa exigida por la CNTE—o nuevos debates sobre la ampliación del tamaño del Estado Mexicano para cumplir compromisos sociales. Ante eso—y para ayudar a la consolidación de su partido—, el presidente López Obrador ya ha anunciado que aparecerá de nuevo en la boleta electoral del 2021 para consultar a la gente si se va o se queda, mediante el procedimiento de “revocación de mandato”.

¿Y de los contrapesos políticos que hay? Al parecer la mayoría de los que se consideran como tal se encuentran aún bajo el ‘shock’ de los acontecimientos políticos de julio. Por ahora no se han notado mucho. Los partidos políticos principales –PAN, PRI y PRD– están en proceso de asimilación y reorganización. En el Congreso de la Unión mantienen una débil posición ante el avasallamiento y, a excepción del tema del fuero donde sumaron fuerzas, pocas resistencias han presentado.

Los empresarios han estado—unos acomodándose sin contemplaciones al nuevo gobierno—, otros a la defensiva ante las decisiones del gobierno federal que les afectan y también se encuentran en proceso de reorganización de su representación. Los medios de comunicación también a la defensiva, salvo raras excepciones. Las iglesias no han mostrado una mayor resistencia, quizá a la espera de las decisiones en materias como el aborto y el matrimonio igualitario.

Al parecer, el mayor contrapeso del nuevo gobierno hasta ahora ha sido el contexto mundial. La globalización y los mercados Internacionales así como los nuevos problemas de la realidad del mundo han actuado como señales y límites para las principales decisiones del nuevo gobierno.

Veremos cómo viene la política exterior el próximo año con las novedades que nos presente Donald Trump en relación al Muro y la nueva relación comercial. Con los casos complejos de Nicaragua y Venezuela, donde no se descartan conflictos, con la nueva estrategia China, la crisis de Europa y veremos también cómo viene el rediseño de la política exterior mexicana… porque la interior, ya la vemos en toda su expresión y la veremos aún más, en los próximos procesos electorales.

FELIZ NAVIDAD

bulmarop@gmail.com

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