Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en 18

Cada vez siento más peligroso el reclamo de los Yaquis hacia los gobiernos formales. Para nadie es secreto el perfil de indómitos que sobre los miembros de esta tribu se ha institucionalizado a través de las páginas de la historia. En México, los términos medios no existen, por costumbre de quienes reclaman siempre lo faltante, ni disfrutan menos reconocen lo que se tiene; de tal manera que no es común escuchar el no se ha hecho nada por tal o cual cosa que beneficia a sectores grandes o pequeños de nuestra sociedad.

Los Yaquis son y han sido de las etnias mejor posicionadas en sus ancestrales territorios. Son celosos conservadores de sus usos y costumbres, aunque se muestran renuentes a la aceptación de las leyes civiles que como mexicanos y sonorenses también les impactan, entre otros el derecho de paso y la inexistencia de un estado sobre otro estado. Son dueños y defienden su suelo y los recursos naturales que los hacen ricos, particularmente el agua; aunque la constitución los defina como propiedad de la nación.

Tata Lázaro—el Gral. Lázaro Cárdenas del Rio, presidente de la república 1934-1940—fue según cuenta la historia el líder nacional que mejor trató a las etnias en cuanto a reconocer y defender sus derechos y mediante decretos, legitimo los mismos en protección justa de quienes se resisten a dejar de ser lo que son y dejar en el olvido de donde vienen. Sus legados, del Tata, según lo reconocen otros grupos indígenas de la nación—mentiría si dijera que los Yaquis Igual lo describen—no me consta, no lo he escuchado, tampoco lo he leído. Les decía que estos legados a los grupos étnicos permanecen incólumes aunque sean reclamados como violados, de manera reiterada por los beneficiados.

La parsimonia que la autoridad federal concede a la atención de asuntos como este, no es necesariamente la parte de una estrategia que conceda oportunidades de solución. Es el gran temor que los domina al actuar y ser denunciados de gobierno represor. Nadie quiere a la violencia como solución, pero todos queremos que los asuntos se atiendan sin demoras, sin excusas y sin mentiras.

Los Yaquis, aunque muy apreciados por muchos entre ellos el que esto escribe, ya no están en las listas de los más queridos por una sociedad que se siente afectada con sus formas de pedir más, o reclamar lo que dicen que no les han cumplido. Están en pie de guerra. Sus acciones lo dicen, su cerrazón a no dar pasos atrás lo anuncian, su afectación a la planta productiva que sostiene la economía estatal se ve, se siente. Interrumpen vías de comunicación que cumplen con la misión de distribuir alimentos, medicamentos y otros servicios.

Si fuesen criminalizados los cobros ilegales por uso de carreteras y caminos que cruzan sus territorios, la interrupción del derecho de vía, los costos de perecederos en desperdicio; pero sobre todo negar agua a miles de hogares en Guaymas, en donde viven niños, adultos mayores, enfermos terminales, además de contagiados con la pandemia que nos aqueja, además de centros de atención y hospitalización medica; no encuentro otra forma de calificarlo que no sea como acto homicida.

Lo anterior no es solamente con cargo de un solo lado, falta el otro 50% que no da respuestas. El

Gobierno federal adolece de un formato que garantice la seguridad no solo de quienes se manifiesten en reclamo, también de los ciudadanos, organizaciones y planta productiva como afectados directos. Ni guardia nacional, ni policía federal, ni ejercito, ni mediadores o mandaderos actúan, hasta que el tlatoani le mida el agua a los camotes, calcula los votos que perderá o ganará y da la orden. Normalmente la orden es “no caeremos en provocaciones” y le juegan al tío lolo, gobiernan pero sin autoridad. No es que les importe la seguridad de la ciudadanía, ellos van por votos ¡Qué pena!

Los Yaquis merecen lo que en justicia les corresponda, pero no medir las consecuencias de sus formas violentas, esa; esa es otra historia. Nosotros los ciudadanos comunes, requerimos de seguridad, de protección según reza el cumulo de derechos logrados.

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