Vagabundos por fuera, bibliotecas por dentro

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Vagabundos por fuera, bibliotecas por dentro 46

Por José Luis Martín Descalzo [+]

[Transcripción de Óscar Romo Salazar]

Preámbulo: Hace rato que tenía el deseo y la intención de volver a ofrecerles a ustedes, mis amigas y amigos, otro escrito de José Luis Martín Descalzo. Otro de los muchos maravillosos artículos que dejó para la posteridad, y que yo me he tomado la libertad de compartir con ustedes, sea en forma escrita y/o verbal, seguro de que encontrarán en ellos la misma belleza y profundidad que yo encuentro.

Por angas o mangas, por esto u lo otro, lo había ido posponiendo, pero ha llegado el momento de reemprender la placentera tarea de compartir con ustedes este estupendo material que hoy les ofrezco. Y he seleccionado este artículo que he tomado de su libro “Razones Para La Esperanza”, y que estoy seguro les dejará con hambre de escuchar el siguiente.

Para este escrito, Martín Descalzo tomó como base de sustentación a Ray Bradbury, el inmortal escritor de temas futuristas y de ciencia de ficción que fue uno de mis favoritos en mis años de juventud, junto con Isaac Aasimov, Arthur Clarke y otros genios del género de la fantasía y la ciencia de ficción. De hecho, en mi colección de películas tengoFarenheit 451 [en blanco y negro], una cinta basada en la genial novela de Bradbury, y que probablemente ustedes conozcan.

Esto es lo que escribió Martín Descalzo:

Si yo tuviera que reempezar a vivir, y me dejaran escoger la manera, elegiría ser uno de esos vagabundos que Mingote pintaba bajo los puentes, comiendo una lata de sardinas mientras compadecen a los comedores de langosta, puesto que según dicen los periódicos, este año las langostas tendrán sabor a petróleo; o sintiendo una auténtica pena por los poderosos que ayer fueron víctimas de la bajada de la Bolsa.

Nota: Por si no lo conocen, les diré que el Mingote que Martín Descalzo menciona en su escrito es, o más bien fue, Ángel Antonio Mingote Barrachina (17 de enero de 1919-3 de abril de 2012) un dibujante, escritor y periodista español, miembro de la Real Academia Española. Obtuvo el título nobiliario de Primer Marqués de Daroca.

Querría ser uno de esos vagabundos porque dicen las cosas sin siquiera un atisbo de ironía. Menos aún con envidia o amargura. Ellos son completamente libres. Se sienten seriamente superiores a los pobrecillos que están encadenados a su dinero. Santa Teresa diría de ellos que “lo poseen todo porque no desean nada”. Son viejos pero jovencísimos. Viven bajo los puentes -puentes que ya solo existen en la imaginación milagrosa de Mingote- pero están en ellos mejor que en un palacio. Visten harapos, pero limpísimos. Son un prodigio de humanidad. Tanto que uno teme que sean solo fruto de los sueños del dibujante, pero queéste, como sea y en este mundo en que vivimos, no encontraría ya modelos reales en que inspirarse.

Me gustaría, sí, ser un vagabundo (vagamundo, diría Santa Teresa). Me gustaría no estar encadenado a oficio ni beneficio alguno. Me gustaría mucho moverme por las únicas pasiones del amor y de la libertad. Quisiera saber más de flores y de pájaros que de automóviles, de inversiones y cuentas bancarias; estar mejor informado del curso de las nubes, que del proceso de los golpistas; entenderme mejor con los niños que con los catedráticos. Me gustaría -ya lo veis- todo aquello que no poseo.

Pero mi sueño, imposible y dorado, sería el de que un día pudiera aplicárseme aquella cimera definición de lo que ha de ser un ser humano, que Ray Bradbury dedica a los mejores ciudadanos de un mundo futuro: gentes que eran “vagabundos por fuera,  y bibliotecas por dentro”.

Supongo que muchos de ustedes habrán tenido alguna vez el gozo de leer esa prodigiosa nivela que se tituló Farenheit 451, en la que Bradbury profetizó hace años el mundo espantoso que se nos viene encima; un mundo en el que ya no será verdad que “los hombres nacemos iguales”, pero en el que sí será cierto que “los hombres terminaremos por ser todos iguales”.

La civilización contemporánea es una gran domadora. Todos vamos entrando por sus aros. Año tras año, poco a poco y casi sin sentirlo, todos vamos comiendo lo mismo, cantando lo mismo, pensando lo mismo. El gran dictador “Míster Mediocridad” se va adueñando de nosotros, tira de nuestra nariz con un arito llamado “salario”, nos enseña cada tarde y cada noche a saltar como dóciles perritos a través de los ingeniosos ejercicios televisivos, pone agua en el vino de nuestros sueños y esperanzas, corta las uñas a nuestras ilusiones, nos convierte ensub-vivientes, en sub-humanos.

En el mundo vertiginoso que Bradbury pinta, no hace falta siquiera que el gran dictador apriete los tornillos de su censura. Ha mandado -es cierto- que se quemen todos los libros -ya que todo libro con ideas es una escopeta cargada de vitalidad- pero en la realidad actual los quemadores de libros apenas tienen trabajo: simplemente la gente ha abandonado la lectura, buscando ocupaciones más digeribles y menos exigidoras de esfuerzo. “Los periódicos -cuenta Bradbury- se morían como enormes mariposas. Nadie deseaba volverlos a ver. Nadie los echó de menos cuando desaparecieron.” Hacia eso vamos, ¿quién no lo vería?

El otro día un amigo mío ironizaba de otro compañero que era “un ligón que no ligaba nada”. “Fíjate -me decía-, que lleva chicas a su apartamento y tiene el apartamento lleno todo de libros… ¿Acaso no sabrá que una casa llena de libros vuelve frígidas a las mujeres?”

Yo, que soy analfabeto en esos temas [Martín descalzo era sacerdote católico], me maravillé mucho, pero entendí que eso era un signo más de este mundo anti-lectura y vacío al que nos encaminamos.

Afortunadamente, en la novela de Bradbury hay también rebeldes, personajes que, ante esa persecución a los libros, han decidido oponerse, convirtiéndose ellos mismos en libros vivientes: como no pueden poseerlos físicamente, cada uno ha aprendido de memoria uno de ellos, y esos “anarco-lectores” se reúnen de vez en cuando (tal vez bajo los puentes de Mingote) para “leerse” los unos a los otros.

Hay un señor que “es” nada menos que “La República” de Platón; otro “es” “La Odisea” y otro mas “La Eneida”, aquel otro se ha convertido en “Los Viajes de Gulliver; cuatro amigos han decidido “ser” los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Viven todos como vagabundos, pero “son” libros vivientes. Por eso pueden definirse a sí mismos como “vagabundos por fuera, y bibliotecas por dentro”. Cuerpos libres y des-encadenados; almas henchidas y llenas: la plenitud de la felicidad.

A lo mejor un día me decido a fundar una asociación de “gentes quetengan la funesta manía de pensar”; gentes que no acepten esta generación de “papillas digestibes” a las que quieren reducirnos, gentes que no estén dispuestas a tragarse cada mañana, todos los días, una rueda de molino.

Enseguida nos declararían ilegales, estoy seguro, y nos convertiríamos de inmediato en proscritos, ya lo sé, pero no creo que eso fuera demasiado importante. Es difícil que inventen una ley que prohíba tener el corazón completo y el alma puesta en pie. Cuando nos juzguen, se quedarán tan sorprendidos como Pilato ante Cristo, que al final ya no se sabía quien juzgaba a quien. Cierto que Cristo salió de ahí condenado a muerte, pero Pilato salió condenado a fantoche por los siglos de los siglos y por toda la eternidad, lo cual es mucho más grave.

A Cristo lo mataron hace más de dos mil años, es cierto, pero aún siguevivo. A Pilato no hizo falta ejecutarlo porque ya estaba muerto. Como muertos están todos esos millones de seres que deambulan por la Tierra, de un lado a otro, de aquí hacia allá, con el alma sorbida y en tinieblas, aunque se engañen a sí mismos creyendo que están vivos, por el hecho de ganar dinero y de poseer cosas”.

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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