Un día sin interlocutores

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Un día sin interlocutores 58

Recuerdo que hace algunos años se filmó una película intitulada “Un día sin mexicanos”. En ella se trataba de mostrar lo que sucedería en Estados Unidos si de pronto desaparecieran los millones de mexicanos que viven y trabajan del otro lado de la frontera norte, desempeñando diversas labores; labores que -es criterio de aceptación general- no son aceptables ni atractivas para los gringos en general: lavaplatos, recogedores de basura, jardineros, niñeras, afanadoras de hoteles y hospitales, cosechadores de productos agrícolas al rayo del sol, etcétera… las chambas peor pagadas, más pesadas y menos atractivas para los hombres blancos de un país que se siente superior a cualquier otro.

Fue una película en la que se planteaba una situación obviamente teórica y poco plausible ya que, aunque es absolutamente improbable que ocurra en la realidad, no obstante sirvió para poner en contexto real la importancia que tienen los inmigrantes para un país como los Estados Unidos y, en términos generales, para cualquier país de América, de Europa y de cualquier otro continente.

El veredicto casi unánime fue que, de desaparecer los mexicanos y demás inmigrantes latinos de los Estados Unidos, el país vecino entraría en un profunda y severa crisis, que tendría costos impagables y alcances insospechados. Pero como no se trata de entablar una polémica pública, ni de entrar en el terreno de las controversias, de esas que en México fácilmente se convierten en verdaderas batallas campales (tipo las que se dan en “Juego de Tronos”) mejor lo dejamos hasta aquí, en lo que toca a ese escabroso y sensible tema.

¿Qué pasaría entonces si el presidente López Obrador de repente se quedara sin interlocutores en las peroratas matutinas que su equipo de comunicación le arma todos los días, en un salón de Palacio Nacional expresamente acondicionado para el efecto? ¿Qué pasaría si por algún milagro lo dejaran solo y su alma, frente al micrófono que utiliza como instrumento para difundir los mensajes insulsos y vacíos de contenido que lanza a los cuatro vientos, confiando en que no faltarán medios que los repliquen? Imaginemos la escena del presidente de la República de pie ante el podio, mirando consternado un salón lleno de sillas desocupadas, donde solo resuenan los ecos de conferencias pasadas… e inmediatamente olvidadas. Sería un impresionante acto de repudio y de censura mediática ¿verdad?

Sería en verdad impresionante, y también inimaginable, dadas las condiciones actuales en que se encuentran muchos de los principales medios de comunicación, y la gran mayoría de reporteros y gacetilleros que son convocados a esas pantomimas mañaneras. “Periodistas” que desconocen la auténtica integridad profesional, que desconocen la más elemental ética periodística, que carecen de un mínimo prestigio, y cuya presencia en el ámbito mediático nacional es prácticamente nula. Lacayos de los medios que les pagan con dinero que fluye de las arcas públicas, para que cumplan con la encomienda de hacerle el caldo gordo al Mandatario de la nación, preguntándole estupideces y omitiendo los temas fundamentales y los problemas primordiales que les afectan a 130 millones de mexicanos.

Imaginemos un día sin esa pesadilla que se ha vuelto cotidiana, entre los lunes y los viernes de cada semana, a lo largo de los cinco meses cumplidos que han transcurrido desde que se inventó ese insulso y aborrecible “show” de fantasías, embustes y tonterías. Imaginemos el silencio que habría en todos los rincones del país, sin el ruido que producen la infinidad de matracas periodísticas, radiofónicas y televisivas que nos aturden, que nos atontan y sacan de quicio a quienes aún nos queda un atisbo de cordura y de sentido común.

Pero ese planteamiento imaginario que, como he dicho, probablemente jamás se hará realidad, se sustenta ante la evidencia que nos brindó la presencia de un solo periodista en una de esas funciones de circo preparadas con esmero para el lucimiento del presidente López. Un periodista de nombre Jorge Ramos, cuyo estilo y forma de hacer periodismo puede o no ser del agrado de usted, pero que tuvo las agallas de enfrentar al todopoderoso presidente, armado tan solo con un manojo de hojas llenas de datos reveladores sobre las condiciones de inseguridad que privan en el país, y que van en deterioro constante cada día, todos los días, según la información que no deja de fluir.

Se vale imaginar y se vale abrigar la esperanza. No existe forma de que el gobierno totalitario, despótico y controlador que nos ha caído encima, nos pueda prohibir ninguna de esas dos cosas. Y ahí reside una parte importante de nuestra fuerza como sociedad nacional en su conjunto, y como ciudadanos individuales.

En cambio la fuerza de López Obrador reside en la devoción de la masa. Devoción que raya en entrega incondicional. Entrega incondicional que raya en enfermedad mental. Todavía no he encontrado una explicación clara y convincente que explique ese tipo de apegos enfermizos. De lo único que estoy seguro es de que existen, y de que, siendo indudablemente reales, son al mismo tiempo un tanto virtuales, lo cual no constituye un contrasentido, aunque a simple vista y sin análisis previo, lo parezca.

El amor y la devoción de la plebe es tan frágil como una pompa de jabón que se deshace en el aire con el toque más leve. El gran enemigo del Mesías convertido en un presidente aparentemente omnipotente, es el tiempo. El tiempo pone a todas las cosas, y a todos los hombres y mujeres que ocupan posiciones de mando o liderazgo, en el lugar que justamente les corresponde. Las decisiones que toma un gobernante y los hechos que de ellas se derivan, pueden ser inicialmente motivo de aplauso y admiración, sobre todo cuando están envueltas en un populismo engañoso y ponzoñoso, pero al intervenir el “factor tiempo” es cuando se descubren realmente sus aspectos positivos o negativos, sus alcances verdaderos y propósitos reales.

El tiempo, en relación con las acciones de gobierno, resulta ser tan corrosivo como el vitriolo o el agua regia. O, por el contrario, también puede blindarlas y elevarlas a la categoría de piedras angulares en el bienestar social o el desarrollo de un país y de sus ciudadanos. Puede construir figuras políticas, o puede derrumbarlas. Puede ratificar prestigios e imágenes personales, o puede demolerlos con igual rapidez y eficacia. Los hechos, medidos con la vara inflexible del tiempo, son los que sustentan o destruyen, los que determinan la permanencia o la defenestración. Y ningún aparato publicitario, por eficiente que sea, y ninguna campaña de creación de imagen, por amplia y costosa que sea, pueden evitarlo.

La erosión que inevitablemente genera la sobre exposición de cualquier figura pública, especialmente la de los gobernantes, es algo sumamente perjudicial, y que, llevada al extremo, puede resultar incluso letal. Y por consiguiente debe ser cuidadosamente dosificada, para no excederse en su uso como elemento en las estrategias de creación y fortalecimiento de la imagen de cualquier gobernante o líder político.

Las conferencias mañaneras que está utilizando el presidente López como elemento de contacto diario, están teniendo un efecto adverso al que supuestamente deberían tener. El tiempo, de nueva cuenta el tiempo cruel y despiadado, nos dará la medida exacta del daño o del beneficio. Hasta el momento el balance no es muy favorable que digamos. Y no solo es la disléxica dicción que muestra el presidente, ni la ausencia total de sustancia en los mensajes, ni la evidente falta de calidad y de profundidad que muestran los interlocutores “a modo” que hacen presencia en los shows presidenciales matutinos… es el efecto corrosivo del uso y el abuso del discurso perverso, confrontador y agresivo, y de la sobre exposición que mencionaba en el párrafo anterior.

Las políticas asistencialistas extremas que está utilizando López Obrador como palanca única para sostener su popularidad (que por ningún motivo debemos confundir con aprobación), igual que todos los otros planes y proyectos anunciados, también están siendo sometidos al análisis y a la severa la prueba del tiempo. El costo del populismo desbordado que el presidente está utilizando para mantener contenta a la masa, sobre una economía nacional que pende de un hilo, puede tener y va a tener efectos desastrosos. De hecho, ya se empiezan a percibir las primeras señales en la notable disminución que se reporta en el poder adquisitivo de los salarios, y que afecta las ventas en los diferentes renglones comerciales y de servicios. Y además lo confirman los pesimistas pronósticos de crecimiento que auguran el advenimiento de tiempos muy difíciles y complicados.

Cuidado pues con la sobre valoración de las acciones presidenciales, y la sobre estimación de sus pretendidas bondades. Cuidado con la sobre exposición mediática del señor presidente. Y mucho cuidado también con las señales que nos están enviando las condiciones políticas, sociales y económicas internas del país. La situación está realmente delicada, y no se vale tratar de presentar imágenes color de rosa, cuando el ambiente nacional se está poniendo al rojo vivo.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

 

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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