Tiempos de ira

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Tiempos de ira 278

No recuerdo ningún otro momento en la historia política de mi estado, Sonora, en que al llegar el momento de darse el cambio de gobierno el ambiente haya estado más caldeado, más enrarecido, y la ira ciudadana más a flor de piel que en este. Tal vez cuando Luis Encinas Johnson le entregó el mando a Faustino Félix Serna las cosas estaban parecidas, pero las circunstancias eran otras, muy diferentes, y de ninguna manera tenían como fondo el brutal nivel de corrupción, el inmisericorde pisoteo de la ley, y el destrozo total de las instituciones como sucede hoy, sino más bien el motivo de aquella inconformidad fue la forma como se había designado al candidato que resultara electo para el período 1967-1973.

Muchos años han pasado desde aquel episodio que puso a Sonora en pie de guerra. En realidad, el principal foco de inconformidad y de protesta se ubicó en la ciudad de Hermosillo, donde hubo estallidos de violencia callejera que pusieron a los ciudadanos en las calles, y que originó un movimiento estudiantil que, apoyado totalmente por la comunidad hermosillense en un respaldo nunca visto antes o después, requirió el uso de las fuerzas armadas del ejército para ser sofocado y desmantelado. Ahí surgieron aquellos legendarios “aguiluchos universitarios” que se sostuvieron a pie firme hasta que fueron desalojados de nuestra Alma Mater por un batallón aerotransportado, en medio de un silencio sepulcral y ante una muchedumbre que, con el rostro bañado en lágrimas de impotencia, fue testigo del desalojo de los muchachos y muchachas estudiantes.

Bombas molotov, granadas de gases lacrimógenos, balazos, heridos, furia, violencia, garrotazos, autos incendiados y ciudadanos metidos a la cárcel. Mi difunto padre, Oscar “Chapo” Romo Kraft, hombre de carácter fuerte y acciones decididas, fue a prisión por involucrarse en la balacera que ocurrió una tarde frente a la escuela de El Ranchito. El gobernador Luis Encinas, por intercesión de Mario Morúa, amigo muy cercano de mi padre, accedió a liberarlo con la condición de que abandonara el país en un plazo perentorio. Y ese mismo día, al filo de la media noche, mi padre abandonó Sonora para refugiarse en Los Angeles, Cal. donde residía la mayor parte de la familia Romo-Kraft, mi abuela Luisa y varias de mis tías. En el destierro, mi padre se puso a escribir artículos en el periódico “La Opinión” que se publicaba en aquella ciudad principalmente para los mexicanos residentes, denunciando lo que ocurría en Sonora. Historias viejas de mi familia, y tiempos de ira, también viejos, que hoy vuelven a presentarse bajo un contexto totalmente diferente, aunque mil veces peor en cuanto a amargura y desolación.

Hoy no se trata del rechazo ciudadano por la imposición de un gobierno mediante medidas impopulares y antidemocráticas. Hoy se trata del repudio absoluto y total hacia una forma de gobernar, más bien de una forma de ejercer el poder, absolutista, delincuencial y vil. Hoy se trata de una exigencia generalizada de que los delincuentes que nos han gobernado a partir del año 2009 paguen por los delitos que cometieron. Que paguen y que restituyan lo que se robaron, lo que escamotearon de las arcas públicas a ciencia y paciencia del gobierno federal y de las instituciones encargadas de hacer justicia. Hoy vuelve a ser tiempo de ira. De ira y de ansias de retribución.

Y no estoy del todo seguro de que los hombres y las mujeres que han recibido el poder de manos de los ciudadanos el 7 de junio pasado, y con él la enorme responsabilidad de castigar a los culpables de los mil y un atracos cometidos en perjuicio del patrimonio de los sonorenses, se den cuenta cabal de la carga moral y legal que han contraído, de cara al pueblo de Sonora. Este Sonora que clama a grito pelado por la aplicación rigurosa y extrema de la ley a las alimañas que nos han desvalijado, que nos han vejado de mil maneras, y que han abusado de nuestra tradicional manga ancha, que los ofensores erróneamente han confundido con una tolerancia a prueba de sus barbaridades.

Tiempos de ira y momentos de desesperación ciudadana ante la increíble cantidad de evidencias documentales y testimoniales que existen, y la tremenda cantidad de rumores y especulaciones que nos hablan de supuestas integraciones de expedientes, y de supuestas averiguaciones previas en contra de los sospechosos de los incontables delitos. Momentos de desconcierto ciudadano ante la falta de acción legal de parte de las instancias justicieras que tienen en sus manos la obligación de actuar, con máxima premura y diligencia, ante la muy real posibilidad de que los presuntos culpables huyan con rumbo desconocido. Los engranajes legales suelen girar lento, lo sabemos, aunque en este caso esa lentitud se antoja como una penalización para los ciudadanos ofendidos, y como una evidente y esplendorosa vía de escape para los canallas delincuentes.

Por eso la ira, y por eso el clamor. Por eso la furia apenas contenida, y por eso la angustia ciudadana ante la posibilidad real de que escapen los culpables sin  el justo castigo por sus actos. No, no podemos culpar a la gente por perder la paciencia y salir a recolectar firmas para exigir a la Procuraduría de General de la República que actúe, y que actúe ya, sin demora y con toda la dureza posible. Una exigencia sustentable y sustentada, porque día con día crece la mancha negra que se esparce sobre el territorio sonorense, y porque a cada instante surgen nuevas atrocidades, nuevas villanías, que nos hablan del enorme daño que esta gentuza le ha causado a Sonora.

Pero no se debe dar curso a la justicia nada más porque el pueblo lo exige, así sea a gritos destemplados por momentos. Se debe aplicar la ley en riguroso apego a sus mandamientos, porque a pesar de todo seguimos siendo un país de leyes y de instituciones, y no un país de salvajes que buscan hacerse justicia por su propia mano. De entre todos los daños que nos han causado los canallas que han abusado del poder estos seis años que culminarán en breve, tal vez el peor de todos, por su terrible impacto sobre nuestra forma de vivir y los precedentes negativos que establece, sea la profunda destrucción del estado de derecho, y el desprecio por la ley y sus mandatos. En lo personal eso me parece mucho más grave que la brutal rapiña, los enriquecimientos obscenos, los abusos y las canalladas, los engaños y las mentiras, el cinismo, la hipocresía y la increíble desvergüenza.

Afirmar en forma contundente que el pueblo jamás se equivoca es cruzar la línea de lo temerario. El pueblo puede equivocarse, y de hecho se equivoca, cuando es inducido al error, cuando se le suministra información sesgada, datos manipulados o elementos de juicio deliberadamente pervertidos. Durante los últimos seis años de todo eso tuvimos, y lo tuvimos en abundancia, vía los medios y los comunicadores contratados para conseguir el efecto de confusión deseado. Y en ello se invirtieron decenas de millones de pesos, centenares inclusive. Y la estrategia pareció funcionar en un principio, pero el peso de la realidad no tardó en eliminar la venda que se trató de amarrar sobre los ojos de los ciudadanos para que no vieran, para que no se enteraran y para que permanecieran idiotizados, como viles zombies.

El alud de datos, las evidencias irrefutables, los reportajes realizados por medios locales y nacionales, y el continuo fluir de la información cotidiana, confirmado todo por los informes anuales del ISAF sobre las cuentas públicas de 2012, 2013 y la de 2014, que está por salir en un par de meses, justamente cuando se esté dando la transmisión de poderes, más la del año 2015 que será el cerrojazo final de la serie de alarmantes informes, nos ofrece una visión absolutamente aterradora acerca del estado desastroso que guarda la cosa pública en Sonora.

No puede haber duda al respecto: Sonora se encuentra en artículo mortis y requiere de un tratamiento de shock operativo que lo saque del coma y, además, de una inyección de optimismo que solo puede provenir de la aplicación de la ley con la máxima dureza, en todos y cada uno de los casos de los funcionarios léperos que se han enriquecido más allá de lo inimaginable, abusando de sus cargos y las prerrogativas inherentes. Es tiempo de ira, y esa ira, que en este caso está plenamente justificada, solo puede ser calmada con las contundentes acciones que se exigen de las dependencias estatales y federales que, debiendo haber intervenido oportuna y decisivamente, han permanecido impávidas ante el desastre, unas por el evidente control que se ejerció internamente sobre ellas, y las otras por las componendas y los arreglos oscuros que se realizaron entre los truculentos operadores políticos durante los tres años finales del gobierno de Felipe Calderón, y los tres primeros de Enrique Peña Nieto.

Advertencia final: Si la ira popular que día con día crece y brama por doquier no es extinguida en forma adecuada, oportuna y satisfactoria, puede extenderse y convertirse irremediablemente en una conflagración de impredecibles consecuencias. Sirva lo anterior como voz premonitoria hacia las nuevas autoridades que muy pronto entrarán en funciones.

Envíeme su comentario a continuación, o bien a oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter busque también mis comentarios en  @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top