Tengo miedo… mucho miedo

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Tengo miedo… mucho miedo 36

Empecé a temblar en 1976, hace ya la friolera de 43 años, cuando yo tenía 39 años de edad y era un hombre joven y lleno de energía, proyectos e ilusiones, que se abría paso a machetazo limpio en la jungla implacable de la vida, para proveer de lo necesario a mi familia. Eran los tiempos del singular sexenio de Luis Echeverría, el incansable y tiránico presidente que puso de moda la guayabera como prenda oficial de los políticos totonacas, y el agua de chía como bebida en las recepciones de Palacio Nacional.

Tiempos de expropiaciones aquí y allá, en Sonora y otras partes del país. Tiempos de hacer justicia social a costa de la injusticia social, y los abusos del poder. Tiempos de violencia con características diferentes a las actuales, pero violencia al fin y al cabo. Tiempos de cambios también, la salida de una época de relativa bonanza y estabilidad económica, efervescencias sociales que desembocaron en la marcha del silencio y la noche de Tlatelolco en 1968, cediendo el paso al autoritariamo de una presidencia dura y de decisiones aún más duras.

Yo ponía atención, desde luego, aunque no demasiada. Estaba muy ocupado abriéndome paso en la vida, y no me daba la gana de perder el tiempo en distracciones políticas, inexplicables por lo demás, al menos para mí. Un craso error que me provocó el primer gran sobresalto en mi vida adulta.

Un día algo se rompió y amanecimos con la noticia de que nuestra moneda se había devaluado casi un ciento por ciento, al pasar de 12 a 20viejos pesos por un dólar, en números redondos, y posteriormente a 24 pesos por dólar. Un golpe demoledor y contundente que nos agarró a los mexicanos totalmente desprevenidos y con los calzones abajo,enredados en los tobillos. El caos, un pandemónium y el país en el desbarajuste total. El principio de temblores y terrores que se convirtieron en la norma nacional, cuando llegó José López Portillo consu adminstración de la abundancia petrolera, la estatización de la banca y su perruna defensa de un peso moribundo.

Y luego se vinieron en cascada los años terribles de Miguel de la Madrid, sus actitudes pusilánimes, y aquellos pactos de aliento y crecimiento económico que no resolvieron nada, pero que se llevaron consigo los ahorros de gran parte de la clase media mexicana, a la cual yo pertenecía y pertenezco aún. Luego el periodo de Carlos Salinas, que en mi opinión como presidente (no como persona) fue mucho mejor de lo que se le considera en términos generales. Los atentados, las muertes y los funerales de los destacados personajes de la vida nacional que sucumbieron, víctimas de las balas asesinas.

El “error de diciembre” con que inició Ernesto Zedillo su periodo de gobierno, y las muchas tribulaciones políticas y financieras que sobrevinieron. Y la primera alternancia que nos trajo a Vicente Fox y a Felipe Calderón en la docena trágica de los dos sexenios panistas. Años también de temborinas, migrañas y miedos profundos, mientras se desarrollaba la sangrienta guerra declarada por Calderón contra el crimen organizado. Y llega la segunda alternancia que nos trajo de regreso al PRI con Enrique Peña Nieto y su “Pacto por México”, sin duda el logro más destacable de su sexenio. La pérdida final y total del respeto a la institución presidencial, y preámbulo de la llegada de Andrés Manuel López Obrador, su 4T y la cauda de especímenesindescriptibles que integran su gabinete.

Septiembre de 1976 a diciembre 2018, 42 años de incertidumbres, de caídas y levantadas, de no saber qué pasaría mañana, de preguntarnos hacia dónde marchaba el país y nosotros con él. Y ahora llevamos ya casi un año completo de enfrentar la que pinta para convertirse en la peor época de todas. Empezó mal el sexenio de la transformación, pero conforme han ido transcurriendo los días, las semanas y los meses, la situación ha ido empeorando más y más.

La colonización paulatina e implacable de las principales instituciones democráticas. La absorción de los poderes Legislativo y Judicial por el Ejecutivo. “El culiacanazo” e inmediatamente después “el bonillazo”, representan las dos gotas que finalmente han derramado el vaso, lleno ya hasta los bordes con los errores, las decisiones insensatas, las cancelaciones de obras prioritarias, y el anuncio de inversiones destinadas al fracaso, las continuas violaciones al estado de derecho, la promoción del odio y la confrontación como herramientas de polarización, y todo este explosivo coctel molotov envuelto en la infame urdimbre de las peroratas confusas e inconexas a las que se ha dado en llamar “las mañaneras”, que se realizan diariamente en un salón de Palacio Nacional, y que han desembocado finalmente en los derrapes monumentales e imperdonables que el presidente López ha experimentado ante una prensa, cada vez más incisiva y cuestionadora,que no le admite más vaguedades evasivas y salidas por peteneras al rey de la estulticia.

En medio de esta indescriptible cacofonía de desaciertos e informaciones contradictorias, y en el creciente ambiente de desconfianza e incertidumbre, surge el discurso que constituye el motivo y la razón del presente escrito.

Lo pronunció el general Carlos Gaytán Ochoa en un evento en el que estuvo presente su colega militar, el general Luis Crescencio Sandoval,titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). La pieza discursiva ha sido comentada y difundida ampliamente en diferentes medios, por diferentes articulistas, columnistas y comentaristas. Coincidencias sorprendentes entre ellos, acerca del contenido del discurso y sobre lo que expresa, pero sobre todo lo que, sin ser explícito, deja entrever.

Destacaré aquí, simplemente como elementos que enmarcan y definenel contexto, algunos de los conceptos que establecen la línea de pensamiento de un militar de alto rango y amplia experiencia, merced de una carrera brillante dentro de la milicia, y los importantes cargos desempeñados en diversos momentos.

Una sociedad polarizada
Acumulación de resentimientos
Fragilidad de los contrapesos
Decisiones estratégicas que no han convenido a todos
Crisis en las Fuerzas Armadas
Inquietud, ofensa y preocupación en el ámbito militar
Una formación axiológica sólida, que choca con la forma con que hoy se conduce al país
Agravio como mexicanos, y ofendidos como soldados
El alto mando enfrenta, desde lo institucional, la existencia de un grupo de Halcones que podrían llevar a México al caos

 

Un mensaje de advertencia hacia el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas del país (o sea el presidente López) que no deja lugar a duda, en cuanto al condicionamiento del respaldo y el apoyo que las fuerzas armadas mexicanas invariablemente le han brindado al Ejecutivo en turno, aún en los peores momentos de crisis política que ha vivido el país.

Y la reacción torpe, la respuesta inadecuada y arriesgada del presidente y sus principales allegados, que de inmediato empezaron a manejar la idea de que se está fraguando un golpe de estado, por parte de los enemigos del régimen, sin especificar quiénes son y dónde están. O sea que entre el sentido profundo del discurso pronunciado por el general Gaytán, y la respuesta errónea y casi suicida de los que detentan el poder, los mexicanos de pronto nos encontramos entre la espada y la pared.

De un lado la inequívoca disminución del apoyo del Ejército (y presumiblemente de la Marina Armada) hacia el régimen lopezobradorista, y por otro lado el aviso preventivo de la toma de medidas contra ese imaginario golpe de estado por parte del propio estado, un golpe que evidentemente solo existe en la conciencia dequienes viven en situación de profunda zozobra e intranquilidad, como conecuencia de los innumerables dislates y los graves errores y omisiones que han cometido.

Quien no sea capaz de leer las letras que están apareciendo escritas con sangre en los muros agrietados del país, y quien no sea capaz de advertir los enormes peligros que se ciernen sobre la nación mexicana, está perdido sin remedio. Y vale la pena recalcar que esto está sucediendo enpoco menos de un año de haber arribado la 4T que prometió transformar el país.

Lo que jamás se nos aclaró fue que esa transformación significaría convertir al país en una entidad inviable, en un campo de batalla en elque la sangre del pueblo bueno y sabio empaparía el territorio nacional, y las osamentas de los adversarios, chairos babeantes y fifísinconquistables, se blanquearían bajo el sol ardiente e implacable de la violencia que probabemente estallará, de no retornar cuanto antes la cordura y la sensatez a la mente y el comportamiento de los mexicanos.

Y por eso tengo miedo… tanto miedo.

En Twitter soy @ChapoRomo

Mi dirección de correo es oscar.romo@casadelasideas.com

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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