Sin pretextos, por favor

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Sin pretextos, por favor 36

Los inicios de las administraciones municipales suelen ser, por lo general, sumamente accidentados y complicados. Si no en todos los casos, sí en la mayoría de ellos. Por muy diversos motivos las autoridades que llegan ponen el grito en el cielo, al ver la situación en que encuentran el municipio que les toca gobernar, lo cual desde luego sirve como argumento mediático para explicar lo que de antemano se reconoce como explicación de los fracasos y deficiencias que vienen. La gente lo sabe por las experiencias previas, que por repetitivas y choteadas, ya no surten efecto. Sirven para amortiguar un poco los duros golpes iniciales de la responsabilidad, pero nada más.

Con la intención de ser justos, y de no cargarle la mano a las nuevas autoridades con culpas que realmente no les corresponden, digamos que, en efecto, las herencias que reciben, y que a su vez son herencias de administraciones previas, y así sucesivamente hasta tiempos inmemoriales, no les son atribuibles. Sin embargo, no pueden alegar el desconocimiento total de ellas, porque si son del conocimiento de todos, o de la mayoría de los ciudadanos que habitan en un municipio, quienes han competido en una elección y la han ganado, tienen de antemano los documentos y los diagnósticos que muestran con suficiencia la realidad que prevalece en los municipios de nuestro estado, y en general del país.

Gracias a las modernas leyes de transparencia y a la aún imperfecta rendición de cuentas, los medios de comunicación que constantemente están investigando y divulgando las situaciones que privan en los gobiernos de los tres niveles, proporcionan información suficiente para tener una idea más o menos clara, aunque no sea a profundidad total. Por otro lado, se cuenta con las evidencias documentales y físicas para determinar el nivel de complejidad de los poblados y las ciudades que, independientemente de su tamaño y densidad poblacional, todos sufren las penas del infierno para medio salir al otro lado, para que el que venga detrás cargue con el tercio de leña que le van a heredar.

El mejor ejemplo que puedo ofrecer es el de Hermosillo, una ciudad que conozco bien, no solo por haber nacido y vivido en ella toda mi vida (excepto los años en que estuve fuera estudiando y trabajando), sino también porque nunca he dejado de estar atento a su crecimiento, a su desarrollo y a las diversas circunstancias que lo han ido afectando y transformando en lo que hoy es. Hermosillo ha sido y es mi casa, y mi amor por esta ciudad no puede ser cuestionado de ninguna manera, ni por nadie.

Lo anterior viene a cuento porque la nueva presidente municipal de Hermosillo, Célida López Cárdenas, desde que se oficializó su triunfo en las urnas el pasado 1º de julio, se la ha pasado entre las amenazas de encarcelar a los funcionarios anteriores y los lamentos y quejas por las complicadas situaciones que ha encontrado al tomar las riendas de su cargo. Como si aún estuviera en campaña, no ha cesado de hacer acusaciones muy graves, que incluso rozan lo temerario, habida cuenta de que no se sustentan en pruebas sustentables, y documentos probatorios tangibles. Nada nuevo bajo el sol, dirán algunos, y no dejarán de tener algo de razón.

Infinidad de veces, y de infinidad de maneras, se le advirtió de lo que es Hermosillo y de las enormes deficiencias, problemas, rezagos y debilidades que tiene. Si ella pensó que gobernar Hermosillo, por ser la ciudad capital de Sonora, equivalía a sacarse la lotería, o a encontrarse una corona de oro tirada en los callejones de la política, se equivocó rotunda y redondamente. Vio lo que quiso ver, y de nada o de muy poco le sirvió el conocimiento previo que pudo obtener de la compleja situación de esta ciudad, siendo diputada en la LXI Legislatura local. Es decir, no tiene pretextos ni puede alegar desconocimiento, porque oportunidades de informarse tuvo de sobra.

Lo mismo en el aspecto de la infraestructura urbana, que en el estado que guarda la prestación de los diversos servicios públicos, la imagen urbana y, desde luego, la situación financiera, que viene siendo el talón de Aquiles y el gran argumento para justificar todas las ineficiencias y tonterías que se han cometido, y que sin duda se seguirán cometiendo. Hermosillo bien puede servir como ejemplo de lo que son las ciudades en pleno crecimiento, pero que en sus entrañas esconden todos los vicios que caracterizan a las urbes que crecen y crecen sin ton ni son, sin un plan de desarrollo armónico y consistente.

Célida López Cárdenas conoce, o debe conocer todas estas situaciones. Si por uno u otro motivo no las conoce, significa entonces que no está capacitada para gobernar esta ciudad, que muchos consideran está a punto se convertirse en ingobernable. No estoy hablando de inteligencia, incluso no hablo de ganas o de voluntad. Hablo de capacidad, de preparación, de amplitud de miras y, en fin, de todo aquello que redondea y perfila la personalidad de quienes se atreven a asumir la administración de ciudades plagas de problemas, y que bordean la crisis permanente.

Célida López Cárdenas tiene ante sí una serie enorme de retos, igual que los tuvieron cuando menos los últimos ocho o diez alcaldes anteriores. Cada uno en su momento y circunstancia tuvo que enfrentar los mismos retos, guardada toda proporción. Muy pocos, si es que alguno, logró salir bien librado al terminar su período. Hoy las perspectivas son tal vez menos favorables que en ninguna otra ocasión en el pasado, porque la nueva y flamante alcaldesa tiene ante sí una montaña muy difícil de escalar, y a simple vista no parece contar con los atributos y los aditamentos necesarios para llegar a la cumbre con felicidad.

No se trata de enjuiciar y de sentenciar a priori, porque sería por demás injusto. Pero nada impide realizar un análisis preliminar de las situaciones que prevalecen en esta ciudad que roza ya el millón de habitantes, y de las características personales de quien fue electa en condiciones por demás anormales e irregulares. Célida no fue electa por su capacidad, por su experiencia en puestos ejecutivos, por tener el perfil idóneo, y ni siquiera por su simpatía y carisma. Célida López fue electa de manera circunstancial, como resultado de un fenómeno que tardará mucho tiempo, años seguramente, en ser explicado a plenitud y satisfactoriamente.

Pero ahí la tenemos ya entronizada en la presidencia Municipal de Hermosillo, un dragón de fuego al que probablemente jamás imaginó enfrentar en el azaroso camino hacia su destino político. Y obviamente se encuentra atemorizada, insegura y llena de dudas… ¿quién no lo estaría, en su lugar?

Apoyarse en la lucha contra los actos de corrupción cometidos supuestamente por su antecesor inmediato, puede proveerla de una plataforma suficiente por un corto período de tiempo. Pero desde luego no es eso lo que la hará salir triunfante de la difícil encomienda que se ha echado a la espalda. Los ciudadanos hermosillenses no queremos vendettas políticas, ni cobranzas de cuentas que huelen a acedo. La masa heterodoxa de ciudadanos insatisfechos claman por un mejor nivel de vida, y eso implica la solución satisfactoria de todos los reclamos, las exigencias y las demandas que han sido relegadas o postergadas durante demasiado tiempo.

Por todo lo expuesto ya no existen los plazos de gracia, ni los bonos democráticos, ni zarandajas de esas. La cuerda se acabó y el tiempo de agotó, y sea quien sea que llegue a gobernar a Hermosillo tendrá que jugar el juego político sujetándose a las nuevas reglas y ateniéndose a las consecuencias.

Estas son las condiciones políticas y sociales que privan en estos momentos en Hermosillo, en Sonora y en general todo el país. Y de esta forma, serán las acciones y los resultados que vaya presentando la nueva administración municipal de esta capital, las que determinarán el veredicto final, aprobatorio o reprobatorio. Un veredicto que en los tiempos actuales se va dando infaliblemente, día con día.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

 

Author

Benjamin Gaxiola Loya

Benjamin Gaxiola Loya (Hermosillo, Sonora, 16 de Marzo de 1970) es Profesor Universitario desde hace varios aÒos. De formacion Abogado e Historiador se ha desempeÒado ademas de la docencia y la abogacia, en el servicio publico y como asesor en el Poder Legislativo. En la administracion publica ha colaborado desde la Presidencia de la Republica y la Secretaria de Educacion Publica hasta la Secretaria del Ayuntamiento de Hermosillo recientemente, asi como en la Camara de Diputados del Congreso de la Union en la pasada legislatura y en la Camara de Diputados del estado de Sonora aÒos atras. Ha sido columnista en diferentes medios de comunicacion escritos de la localidad asi como analista en radio y television. De igual forma ha sido Secretario de la Sociedad Sonorense de Historia, A.C. asi como capacitador en tematicas educativas, politicas e historicas en distintas instituciones del sector publico y privado del estado.

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