Sequía

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Sequía 47

La amenaza de sequía se cierne de nuevo sobre Sonora, esta tierra nuestra tan árida y desértica… y tan sorprendentemente despreocupada. La sequía, ese viejo enemigo que viene y nos visita con demasiada frecuencia pero que, a pesar de ello, no acaba de hacer mella en nuestra mente, y menos aún en nuestras costumbres y formas de entender la realidad. Desde tiempos muy lejanos en nuestra región se habla de la sequía, y en momentos específicos se han llegado a tomar medidas desesperadas para contrarrestar la ausencia de lluvias. Recuerdo por ejemplo cuando surgió la teoría de que bombardeando las nubes con una sustancia (creo que con sales de cobalto) se propiciaba la lluvia, cosa que al no dar resultado pronto quedó en el olvido.

Pues bien, este año nuestra vieja enemiga vuelve a amenazarnos, después de una breve tregua. El año pasado llovió bastante bien, y las presas recibieron aportaciones suficientemente generosas como para llenarse casi a plena capacidad, con lo cual las sonrisas brillaron en los rostros, sobre todo de los agricultores de los valles agrícolas que dependen de los embalses de las presas para sus cultivos. Pero la naturaleza está dispuesta a demostrarnos que con ella no se juega, que el cambio climático mundial es real y que viene a sumarse a las tradicionales condiciones climáticas adversas que caracterizan a nuestra desértica región. Nadie puede escapar a su destino, y la escasez creciente de agua es un destino fatal y sombrío que inevitablemente está teniendo, y tendrá que enfrentar nuestro planeta, nuestro continente, nuestro país, y nuestro estado.

Pero las cada vez más breves épocas de relativa bonanza, en lo que se refiere a precipitaciones pluviales, actúan como un velo que oculta momentáneamente a los ojos de nuestra conciencia una realidad que no desaparece, ni se minimiza, ni se vuelve desdeñable. Irresponsables e insensibles como tendemos a ser, preferimos colgarnos de la esperanza que nos brinda un buen año de lluvias, para sentarnos como la cigarra a cantar, en vez de ponernos a trabajar como lo hizo la laboriosa hormiga en aquella vieja fábula. Se nos ha concedido tiempo, pero lo hemos desperdiciado en pleitos, en vez de poner manos a la obra.

Y así se suceden los años, y los ciclos adversos y los veranos inclementes regresan para recordarnos que la amenaza de sequía es real, y que cuando ésta llegue -porque sin lugar a duda llegará- volverá a sorprendernos como dicen que agarraron al famoso “Tigre de Santa Julia”: con los calzones en los tobillos.

Los pronósticos para la próxima temporada de verano que ya se anuncia son bastante pesimistas y ominosos. Los climatólogos profesionales estiman que lloverá poco, lo cual sería terrible, o que de plano no lloverá, lo que sería mortal. Sea cual sea la situación, el clima de zozobra en todo el estado crece paulatinamente, y cuando menos los sonorenses más conscientes, sea que vivan en el campo o en las ciudades, están empezando a preocuparse en serio ante las sombrías perspectivas. Y desde luego, surgen de nuevo los viejos resabios, los añejos reclamos por medidas y decisiones que se han tomado en el pasado para supuestamente solventar la falta de agua, sin resolver en realidad absolutamente nada. Lo único que a lo sumo se ha logrado hacer es diferir el problema, o sea patear el bote hacia delante.

Recientemente se han posteado en Twitter diversas fotografías que muestran escenas impresionantes en las presas “El Novillo” y “El Oviachic”, dos de las más importantes en el estado. La idea de los posteadores, supongo, es no solo demostrar el peligro que supone tener embalses tan bajos cuando aún no llega todavía el pleno verano (y con él la temible sequía), sino también revivir el conflicto que permanece inmutable por el trasvase de agua de “El Novillo” a través del Acueducto Independencia, que sigue dividiendo a los sonorenses “de allá” y “de acá”, peor que el muro que pretende construir Donald Trump en la frontera entre Estados Unidos y México. Ese muro ignominioso es de materiales sólidos; el nuestro es líquido, pero no menos ignominioso y dañino.

La preocupación por la amenaza de sequía es grande, y crece cada día más, lo cual es bueno. Pero preocuparse y perder el sueño por lo que puede suceder no resuelve absolutamente nada. El encono, el ácido corrosivo de la desunión, las añejas rivalidades regionales, las consignas duras y por momentos violentamente agresivas que se manifiestan y se convierten en el caldo de cultivo de una rencilla que no mengua, y que se mantiene clavada en el corazón de Sonora como una afilada estaca de palofierro. Lo anterior, que me parece terrible, es agravado por el momento electoral que algunos insensatos están aprovechando para cobrarse las afrentas recibidas, pero poniendo en riesgo el futuro de nuestro estado y en general del país, promoviendo la toma de decisiones enfermas de rencores derivados de situaciones que no tendrían por qué dirimirse en este terreno y en esta forma.

Nadie asume el liderazgo en la búsqueda de las soluciones correctas. No existen los liderazgos dentro de la sociedad que encaucen las inquietudes por el camino correcto. Tampoco en el gobierno se advierte preocupación. Ni en el gremio académico y científico, ni en las prestigiosas instituciones de educación superior que tenemos en Sonora, ni en el sector empresarial cada vez más comprometido con sus propios intereses, ni mucho menos en los partidos políticos a los que les vale madre que estalle la bomba climática, y desde luego tampoco en el interior de una comunidad dispersa, desvinculada, atribulada e indefensa, que no atina a defenderse de las agresiones que tan gravemente la lastiman.

Simplemente se recurre al recurso del reclamo público, pero sin aportar ninguna propuesta de solución. Cierto, se revive la idea de construir las diversas plantas de desalación que desde hace mucho se requieren en nuestro estado. Guaymas, Empalme, Hermosillo, Huatabampo, Puerto Peñasco, Bahía Kino, y muchos otros lugares se encuentran haciendo fila para que se les construya la planta de desalación que resuelva definitivamente su problema de desabasto de agua.

Es un tema que debe colocarse en uno de los primeros lugares dentro de las prioridades estatales, a la par de los otros que son fundamentales. El reto para el gobierno estatal y sobre todo para el gobierno federal es gigantesco, tomando en cuenta la situación financiera del país, y la mentalidad impredecible de ciertos aspirantes a ocupar la presidencia en el próximo sexenio. La situación es apremiante, pero no estoy seguro de que así lo vean quienes toman las grandes decisiones. Sin embargo, se debe plantear de nuevo para que los políticos, y también los ciudadanos de a pie entiendan cabalmente la dimensión del problema, y que en un futuro no muy lejano se puedan desarrollar estos proyectos con la plena aceptación de las comunidades afectadas.

Me queda claro que en Sonora, en el caso de ciertas poblaciones, no tenemos otra alternativa que la desalación de agua de mar. Y sugiero que para que el agua no nos siga dividiendo, y no siga siendo pretexto para mantener vivas las viejas rencillas, se debe implementar un gran plan que utilice las nuevas tecnologías de desalación, y se aproveche el suministro de energía económica necesaria para hacer funcionar esas plantas. Esto, además de insistir en promover el uso racional del agua en todas las actividades, incrementar la eficiencia de los organismos operadores de manera que funcionen a su máximo nivel, y reparar las redes de distribución para evitar las constantes fugas. El gran universo de factores que influyen en la crisis crónica del agua.

Todo eso es posible en un mundo utópico y feliz, que desde luego no es en el que vivimos. Pero soñar no cuesta nada, según dicen. Por lo pronto el verano se aproxima y la sequía amenaza. Al menos este año no habrá solución mágica que mitigue los efectos de la falta de lluvia… si es que en verdad no llueve. Escucharemos los lamentos, las imprecaciones y subirá el nivel del encono y la diatriba en aquellos que en vez de actuar y tomar el toro por los cuernos, se contentan con echarle la culpa al gobierno, a los habitantes de otras partes, a la mala suerte, al destino, a lo que sea, con tal de no aceptar su parte de responsabilidad en la situación.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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