Ruina vs inseguridad

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Ruina vs inseguridad 71

Hay muchos mexicanos preocupados por la gran inseguridad que existe en el país. Ciertamente es motivo de preocupación, eso nadie puede negarlo, pero también es cierto que las zonas donde predomina la violencia y la inseguridad están bien focalizadas. En amplias zonas del país la situación es relativamente tranquila, y la inseguridad no es la principal de las preocupaciones que les quitan el sueño a los compatriotas que las habitan. Los indicadores así lo muestran, y aunque los medios de alcance nacional destacan invariablemente en sus notas del diario acontecer los balaceados, decapitados y descuartizados, la realidad es que eso sucede nada más en tres o cuatro entidades del país.

En cambio, me atrevo a asegurar que la situación económica actual le preocupa a todos los mexicanos… bueno, por lo menos a la inmensa mayoría, y desde luego en ella no se encuentran multimillonetas como Carlos Slim (Grupo Carso), Lorenzo Servitje (Grupo Bimbo) y otros cuello 20 de ese exclusivo club de súper magnates. La economía nacional va mal, muy mal, y el reciente ajuste a la baja de las expectativas de crecimiento lo comprueban. Bando de México acaba de darnos la “buena noticia” de que este año la economía crecerá si mucho entre 2.7 y 3.4, o sea aproximadamente dos puntos menos de lo pronosticado inicialmente y, desde luego, absolutamente insuficiente para las necesidades de este país que parece condenado a transcurrir entre la mediocridad económica y la pobreza generalizada. Lo anterior, vuelvo a repetirlo, para la gruesa masa de mexicanos que no siente lo duro, sino lo tupido… y lo constante.

México, un país de aberrantes contrastes y asombrosas paradojas. Se ha dicho y repetido hasta el cansancio, y la persistente pobreza de más de 50 millones de mexicanos sigue siendo una constante que no por sabida y expuesta infinidad de veces, deja de ser lacerante e hiriente, como una astilla filosa que se clava entre la uña y la carne de un dedo, y que luego termina por infectarlo. Pero es bien sabido que los seres humanos, y muy en especial los mexicanos, tenemos una capacidad de asimilación casi ilimitada, y que dadas las condiciones apropiadas, a todo, o a casi a todo, nos acostumbramos, tal vez aceptando aquello de “para todo hay remedio, menos para la muerte”. En fin.

Nos encontramos prácticamente a la mitad de este año 2014 en el que las bondades –reales o supuestas- de las reformas estructurales contenidas en el debatido y manoseado Pacto por México ideado por el presidente Enrique Peña Nieto y sus asesores en materia de estrategias nacionales, y que fueran aprobadas a matacaballo a finales del año anterior, simple y sencillamente no se materializan ni se aprecian. Luis Videgaray –tal vez el funcionario de primer nivel más expuesto de todos- admite que las cosas no van como fuera deseable, pero afirma que con seguridad para el año que entra, el 2015, las cosas empezarán a mejorar en forma consistente.

Algo no está funcionando como debería, y ese “algo” tan importante para efectos de poder corregir los defectos y las desviaciones, ni se define ni se precisa, y escapa a la capacidad de corrección de los responsables de conducir este país por las anheladas y elusivas sendas del desarrollo, el progreso, la prosperidad y la equidad en todos los campos. Si los expertos no logran establecer con precisión lo que anda mal para poder corregirlo, imagine usted a los ciudadanos de este país, a los que se nos escatima la información acerca de lo que realmente pasa, y por lo tanto se nos mantiene constantemente en una zona de ignorancia que fluctúa entre lo opaco y lo espeso.

Estoy razonablemente seguro de que tal vez algunos de los escasos lectores de esta columna han renunciado a la comprensión del fenómeno de mediocridad en materia económica que parece constituir la maldición de Moctezuma para el pueblo mexicano y, siendo muy probablemente residentes o nativos de Sonora, prefieren concentrar su atención en la situación de desbarajuste económico y financiero que se empezó a insinuar en nuestro estado a partir del año 2010, y que se ha ido haciendo más y más patente, y más y más peligroso, a medida de que ha transcurrido el resto del tiempo de este período de gobierno que la generalidad del pueblo sonorenses está calificando como el peor y más desastroso en la historia de la entidad. No hay indicador más fiel que las finanzas de las familias para determinar el estado real de las cosas, y por lo que se ve, se escucha y se siente, la situación económica de las familias sonorenses, va de mal en peor. Los lamentos y las quejas se hacen más fuertes con cada día que pasa, y ya no quedan agujeros en los cinturones para apretarlos más.

Esto, por supuesto, es una réplica exacta, casi al carbón, de lo que decía al principio de este escrito, en cuanto a que afecta a la gran mayoría del pueblo sonorense… excepto a la nueva casta de políticos de entrañas negras y uñas desproporcionadamente largas que hoy por hoy se han integrado a la delgada costra de los ricachones tradicionales de por estos rumbos. Y al decir “ricachones tradicionales” no me refiero necesariamente a los herederos de aquellas familias pudientes con apellidos de abolengo y pedigree social, sobre cuyas espaldas solía descansar el peso principal de los negocios y las empresas que generaban el movimiento económico de nuestro estado, la mayoría de los cuales por diversos motivos ha ido cayendo en una clase media cada vez más debilitada y vapuleada. Quedan todavía por ahí, desde luego, algunos ricachones –especie en vías de franca extinción- que se mantienen como figuras de excepción representativas de un pasado más o menos glorioso que nadie, salvo los snobs, extraña y/o añora.

La inseguridad sigue siendo uno de los temas más preocupantes de la actualidad en México. Lo fue durante el sexenio de Felipe Calderón y lo sigue siendo en el de Enrique Peña Nieto. Las características han variado, como sucede con los mortales virus mutantes, y han aparecido nuevos ingredientes y entidades y personajes diferentes, pero se mantiene el denominador común, que es la pérdida constante de vidas humanas a la par de la paz y la tranquilidad tan necesarias para que los habitantes de cualquier país desarrollen sus actividades en forma normal. Es difícil, por no decir imposible, trabajar, producir y lograr la competitividad de la que tanto se habla, cuando hay violencia por todos lados, y los cadáveres se amontonan por doquier. Pero eso, repito, sucede en forma focalizada, en las zonas específicas del país que todos conocemos e identificamos.

En Sonora es preocupante la inseguridad y la violencia. Habría que estar mal de la cabeza para que no fuera así. Sin embargo, me parece que no es la preocupación número uno en esta parte del territorio nacional, en cambio la mala situación económica, siendo de efectos absolutamente más amplios y profundos, representa el peor dolor de cabeza para el 90% de los sonorenses. Y esta mala situación ha ido empeorando conforme avanza el sexenio de Guillermo Padrés, y definitivamente no son suficientes los millones de pesos que el gobierno en turno gasta en crear una realidad virtual para convencernos de que vamos bien… de que vamos muy bien y que deseamos mantener ese cambio que nadie ve, excepto los que se han hecho de mulas Pedro desde que tomaron por asalto el poder en Sonora.

El tiempo corre y nos aproximamos a paso veloz al momento de decidir si seguimos por donde nos han llevado en esta fallida alternancia, o damos un nuevo golpe de timón en busca de mejores rumbos. Las opciones para lograr cualquiera de ambas alternativas están claramente a la vista, y en tanto que una de ellas representa el mantenimiento del status quo establecido por un partido que ha demostrado con creces su incapacidad para gobernar, la otra representa la posibilidad de regresar a algo que muchos abominan. Seguir como estamos, e inclusive peor que como estamos, o aceptar los riesgos que implica un partido que dejó amarga huella en sus décadas de hegemonía total.

El secreto en la toma de esta crucial decisión está entonces en observar cuidadosamente no a los partidos políticos –que han perdido totalmente la credibilidad y la confianza de los ciudadanos- sino a los diversos aspirantes –hombres y/o mujeres- que luchan por lograr la nominación de sus respectivos partidos, en ruta hacia la posición de poder que pondría las riendas de Sonora en sus manos. Ahí está la clave, y ahí está el paso más complicado de todos: El desentrañar de entre la maraña propagandística lo que es real de lo que es fantasía, la paja del grano, y las monedas de oro de la morralla sin valor.

Coincido totalmente con Abel Murrieta Gutiérrez (PRI) y con Carlos Navarro López (PRD), legisladores ambos que se desempeñan en la LX Legislatura local, en su apreciación de que el problema número uno que en la actualidad enfrenta Sonora, es el estado deplorable que guardan las finanzas públicas estatales. Una situación que resulta imposible de arreglar en el año escaso que le resta al gobierno de Guillermo Padrés. Siendo así, me parece obvio que el problema más gordo que deberá enfrentar el siguiente gobernador es el de la debacle financiera en que se encuentra actualmente Sonora.

En estas excepcionales y complicadas circunstancias, a Sonora le hará falta un gobernador con gran experiencia en la administración pública, con amplias relaciones en el Gobierno Federal, con temple para acometer esta y las otras crisis y conflictos que están vigentes y esperando solución y, sobre todo, una voluntad a toda prueba que le permita acabar de raíz con el clima de impunidad absoluta dentro del cual ha proliferado la corrupción, como nunca antes en la historia de este estado que anda de capa caída.

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Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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