Regresar a las trincheras

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Regresar a las trincheras 32

Ha concluido la Semana Mayor 2019, y principia la semana de Pascua. Para algunos la vacación ha quedado atrás, y para otros, la mayoría de ellos estudiantes de primaria, continuará durante algunos días más. Qué diferencia con los tiempos de mi muy lejana infancia, cuando la Semana Santa corría del Jueves Santo al Domingo de Resurrección. Se estudiaba más, se trabajaba más, y se tenía otro concepto muy diferente de lo que era el sentido de responsabilidad, de la cuaresma y su remate, la Semana Santa, llamada también Semana Mayor. Nada de semana diabla, ni inventos por el estilo, popularizados a un grado indescriptible por las nuevas costumbres que, por desgracia, cada día se degradan y descomponen un poco más, dentro de las  comunidades con permisividad creciente, que cada día tienen las mangas más anchas.

Hablar en estos tiempos de una “Semana Santa blanca”, es una utopía descontinuada, y representa un ridículo eufemismo, una broma cruel, dado el nivel de violencia que priva en el país. Los accidentes como accidentes, y los hechos sangrientos como reflejo de la creciente descomposición social que vive nuestro país, nos hablan claro y fuerte de la gravedad de la situación. La masacre de Minatitlán, Veracruz, en los días más significativos para quienes profesamos la fe cristiana, con todo su impresionante horror, no deja de ser sino otra manifestación más, una evidencia más del avance incontenible de las fuerzas del mal, encarnadas esos comandos de la muerte integrados por sicarios sin pizca de compasión ni de respeto por la vida, sean hombres, mujeres y/o niños.

Los asesinos y criminales campean a sus anchas, van y vienen y atacan donde les da la gana, sembrando el terror por doquier, y bañando de sangre los rincones de esta patria nuestra, mientras el presidente López y los responsables de evitar que eso suceda, y de devolver la paz y la tranquilidad al país y a los mexicanos, elaboran frases decorativas para el consumo de la masa, y pronuncian discursos vacíos de contenido ante auditorios integrados por “personas importantes” que son como muñecos de cera que se derriten en el horno ardiente de realidades que por contundentes no admiten discusión… ni cifras oficiales diferentes.

¡Qué ganas de escuchar hablar de lo bonitos que estuvieron los lugares donde se vaciaron miles de seres humanos ansiosos de pasar unos días lejos del mundanal ruido de las ciudades! ¡Qué gusto ver las fotografías y los videos que nos muestran los rostros sonrientes de los que tomaron la decisión de abandonar la ciudad y lanzarse por esos caminos de Dios, hacia destinos muy diversos! Mientras miles y decenas de miles de mexicanos gozaban de diferente manera, otros lloraban ante la sangre derramada en un crimen atroz que no tiene sentido, y que probablemente quede sin castigo. Pero aún suponiendo que lo tenga, el castigo, por duro que sea, no podrá reparar el daño, ni el sufrimiento, ni el dolor que generó la sangrienta masacre en los familiares de las víctimas.

El calvario de Jesús culminó el viernes anterior, al expirar en la cruz “el Cordero de Dios que vino a quitar los pecados del mundo”. Pero al tercer día, el Domingo de Resurrección, volvió con gloria esplendorosa para devolvernos la fe en que la vida eterna existe, y que es el destino final que nos espera a todos, creyentes o no creyentes. En contraste, México sigue escalando penosamente su propio Monte Calvario, cargando una cruz fabricada con ráfagas de metralleta, machetazos y descuartizamientos, errores de gobierno, estupideces políticas, enfrentamientos, perversidades, descalificaciones y mentiras, mientras las nubes de odio insano se arremolinan en los cielos tormentosos, y los convierten en el preludio de una noche que tal vez no tenga amanecer.

¿Dónde está aquel paraíso que se ofreció a las masas delirantes que aclamaban a su Mesías entronizado? ¿Dónde está aquel remanso de paz, amor y hermandad que se les dibujó tantas veces desde los templetes fabricados con carne humana? ¿Qué ha pasado con los juramentos y las protestas públicas de cumplir y hacer cumplir la Constitución, y las leyes que de ella emanan? ¿Dónde ha quedado el Estado de Derecho, el cumplimiento de la ley y la búsqueda incansable de la justicia? ¿Desde cuándo el odio, la confrontación de clases, la diatriba, la mentira y el engaño son los ladrillos con que se pretende construir el México feliz, próspero y diferente que nos ha sido prometido?

De muy poco pueden haber servido unos cuantos días de supuesto descanso, cuando la furia de los vientos de la desunión, y las flamas de una transformación fallida están convirtiendo al país en un camposanto en el que, al decir del señor presidente López, los críticos hemos sido momias silenciosas, y nuestras inconformidades y protestas son como inscripciones grabadas en los sepulcros blanqueados.

Al regresar cada quien a la trinchera que le aguarda, encontrará que la breve vacación fue una simple fantasía, y el anhelado descanso una quimera irrealizable. La realidad, cruda, descarnada, brutal e inclemente no ofrece tregua, no cede, no ha cambiado, ni ha mermado en su virulencia estremecedora. Antes al contrario, se ha endurecido todavía más y, mientras una parte del pueblo bueno y sabio gozaba de un breve e ilusorio asueto, se ha vuelto más atemorizante como consecuencia de las incapacidades, de los errores e inacciones de los que han convertido a la nación en un campo de juegos perversos, en los cuales nadie ganará y todos perderemos.

En los momentos de angustia, en los momentos de incertidumbre y en las situaciones en que los contratiempos nos roban la calma y nos impiden pensar con claridad, el tiempo transcurre lento, demasiado lento, y se nos antoja eterno su transcurrir. Los minutos nos parecen horas, las horas días y los meses siglos. Es una irrealidad, desde luego, pero la percepción se impone sobre una realidad que nos evade, que se nos fuga como arena fina entre los dedos de las manos.

El gobierno sin rumbo ni brújula, carente de identidad y de ideología claras y definidas, que llegó en alas de un zopilote carroñero y maligno llamado “Cuarta Transformación”, apenas va a cumplir cinco meses de haberse hecho cargo de un país cuyos habitantes muestran una diversidad asombrosa, que compite y supera la de cualquier otra nación, y que difícilmente es alcanzada en ningún otro país del planeta. Cinco pesados meses que se antojan cinco siglos. Cinco meses eternos de habernos convertido en hojas secas a merced del viento huracanado del capricho y la improvisación presidencial.

México es, además, de lo anterior, un amplio abanico de culturas y de perfiles socioeconómicos totalmente diferentes entre sí, lo cual nos convierte en un hervidero de formas de pensar y de necesidades insatisfechas. ¿Cómo armonizar entonces las políticas de gobierno que satisfagan los requerimientos de un país con tamaña diversidad y con tan grandes y acentuadas diferencias? ¿Cómo tomar las medidas correctivas de tantas inequidades e injusticias, de tantos rezagos y promesas incumplidas, y pretender que sean las correctas? ¿Cómo, si a simple vista podemos apreciar que el hombre que toma todas las decisiones en forma unilateral y totalmente despótica, luce completamente extraviado y confundido, y sin idea clara de lo que se debe hacer para recuperar el rumbo perdido?

¿Qué tan efectivos pueden resultar unos cuantos días de asueto, si al regresar a nuestras respectivas trincheras nos vamos a encontrar un país en situación todavía peor que cuando tomamos la determinación de escapar a cualquier lado, o decidimos quedarnos en casa relativamente cómodos y engañosamente seguros? Un gobierno que, en nombre de una pretendida austeridad republicana y de una falaz pobreza franciscana, ha reducido drásticamente el presupuesto y ha despedido personal en forma masiva, perdiendo con ello funcionalidad y eficiencia para caer en una suerte de parálisis funcional?

Si en tan solo cinco meses la situación del país se ha deteriorado tanto, y el futuro inmediato luce incierto y desconsolador, y si no tenemos ni siquiera atisbos microscópicos de que las cosas vayan a mejorar, siquiera un poco ¿qué podemos esperar en los meses que vienen, y en los años que faltan para que esta pesadilla termine?

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

 

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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