¡Qué terrible es!

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en ¡Qué terrible es! 46

Qué terrible es vivir en un país donde cada mañana, al despertar,las primeras dos preguntas que se vienen a la mente es: ¿qué nuevo estropicio va a hacer hoy el presidente? y ¿qué nueva institución irá a destruir este día?

Qué terrible es, después de hacernos esas primeras dos preguntas, hacernos la tercera: ¿qué nuevas barbaridades irá a decir el presidente, en su mañanera de hoy?

Y qué terriblemente desconsolador es tener que iniciar las jornadas haciéndonos ese tipo de cuestionamientos, en vez de arrancar la jornada de trabajo con el espíritu alegre y el ánimo dispuesto para la lucha diaria. Qué duro y qué triste es vivir en un país en el que todo pasa, y al mismo tiempo nada pasa. Un país en el que un presidente, electo por mayoría abrumadora, pero falto de la mínima preparación e inteligencia para gobernar, hace y deshace a complacencia, simplemente porque puede hacerlo.

Reconozco sin embargo que vivir en un país como México nunca ha sido fácil, ni antes ni ahora, y salvo breves y esporádicos momentos, tampoco ha sido satisfactorio, al menos para quienes realmente hemos brindado sustento al país a base de nuestrotrabajo, nuestra capacidad productiva, y el esfuerzo diario que realizamos para salir al otro lado. Muy pocas veces, en verdad,para quienes con el diario sudor de su frente generan la verdadera riqueza de este país, de la cual medran y se alimentan las rémorasy las sanguijuelas que le succionan la sangre vital a la nación, antes como antes, y ahora como ahora.

No, nunca ha sido fácil, y no obstante yo y los integrantes de nuestra generación y otras que llegaron más tarde, hemos tenido que enfrentar sexenios verdaderamente catastróficos, de los que parecía que sería imposible recuperarnos… y sin embargo lo hicimos, y continuamos adelante en nuestra ruta hacia un destino que siempre quisimos imaginar como esperanzador y promisorio, por el que valía la pena luchar y perseverar.

Y así fue corriendo el tiempo, y se fueron los años, y se sucedieron los sexenios de gobierno con sus altas y bajas, y pasaron las cosas que pasaron; y unos nos fuimos haciendo viejos mientras llegaban en oleadas sucesivas las nuevas parvadas de mexicanos que supuestamente un día nos relevarían en la tarea de seguir construyendo el país de nuestros sueños, y presumiblemente de los suyos.

Qué terrible es constatar que no hemos aprendido a leer e interpretar nuestra historia, que así como tiene momentos brillantes que nos llenan de orgullo, también está llena de momentos oscuros y dolorosos, de fracasos, tropiezos y errores oprobiosos, capaces de llenarnos de vergüenza. No hemos aprendido de las equivocaciones anteriores, aún a pesar del enorme costo de sangre y dolor que han representado, que hay elecciones que no debemos hacer porque implican el abrir de par en par las puertas del infierno, para que salgan los demonios del averno y vengan a invadir nuestra tierra, que está exhausta y que sangra por los cuatro costados. Y como desconocemos nuestra historia, o hacemos como que no la conocemos, es que nos pasa lo que nos está pasando.

Nos quejamos del PRI, haciendo cera y pabilo de ese partido tan lleno de contrastes, tan lleno de luces y de sombras, insultando y vituperando a sus militantes en forma indiscriminada, culpándolos de todo lo malo que le sucede al país, como si en México no hubiera habido más que priistas durante todo el siglo XX, que es el período donde radica el peso de la historia del México moderno. Como si el país que tenemos en la actualidad no tuviera nada de bueno, y todo fuera malo. Como si lo bueno que tenemos, que es mucho, se hubiera dado por generación espontánea, y no por una suma de esfuerzos de gobiernos y ciudadanos, durante muchas décadas. Como si la corrupción estuviera en un solo lado, y no en todos lados, como de hecho está.

Porque es justo y porque es necesario, resulta inevitable considerar todo lo malo que nos ha sucedido -que desde luego es mucho- y las razones y motivos por lo que nos ha sucedido, pero es absurdo ignorar lo bueno que igualmente nos ha sucedido, y que forma parte importante del México que tenemos en la actualidad. Reconocer y destacar lo malo, sí, pero no solo para acentuar y criminalizar los actos reprobables cometidos por los deplorables gobiernos que antecedieron al actual, sino como medida profiláctica que cure nuestra ceguera milenaria, y que nos impide ver que nuestro polifacético país está poblado lo mismo de santos que de pecadores, de villanos que de héroes.

Qué terrible es haber llegado a un punto en el que desde una tribuna cualquiera, y mediante argumentos pueriles y retorcidos, se nos trata de convencer de que el fracaso y la pobreza tienen un mérito superior al éxito y la riqueza; y de que los triunfospersonales y comunitarios son una enfermedad maligna que debemos erradicar. Que ser un pueblo manso, dócil y sumiso es mejor que ser un pueblo crítico, con capacidad de discernimiento, y que no acepta lo que alguien dice simplemente porque ocupa un cargo público importante, así sea temporalmente.

Y sin embargo, a pesar de lo terrible que es el momento en que nos encontramos como habitantes de un país que navega al garete, y a pesar de las terribles circunstancias que nos agobian, nos azotan y hacen daño, subsiste un hálito de esperanza que, por breve y leve que sea, significa un punto de apoyo, una pequeña luz que nos dice que no todo está perdido y que nunca está más oscuro que cuando está a punto de amanecer. La esperanza es lo último que muere, nos dicen los hombres y mujeres que poseen experiencia y sabiduría, y confiados en su palabra muchos mexicanos nos negamos a apagar la lámpara que nos ilumina en la oscuridad que reina.

Esos hombres y mujeres también nos han legado una frase que dice: “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que los aguante”, frase que trasladada al momento presente se convierte en: “no hay gobierno que dure más de seis años, ni pueblo que los aguante”. Lo anterior implica, desde luego, que no surjan elementos perturbadores que modifiquen las disposiciones constitucionales que rigen hasta el momento, lo cual representaría sin lugar a duda el principio del fin para este país y todo lo que representa para la mayor parte de los 125 millones de habitantes que lo habitamos.

Día a día los mexicanos vamos desgranando la mazorca, con la mirada puesta en un horizonte que luce sombrío y cargado de espesos nubarrones de tormenta. Día a día los mexicanos vamos deshojando la margarita del destino, en un intento cotidiano que hacemos para definir si seguimos adelante, a pesar de la terrible situación, o bien nos arrojamos al piso en señal de rendición incondicional, ante el avance de las hordas de la destrucción que acometen sedientas de sangre, sable en mano y a galope tendido.

En combate individual somos fáciles de vencer, porque el adversario es montonero y actúa despreciando las reglas mínimas del código de honor, y no las respeta. Pero si en vez de arrojarnos en forma suicida y pecho abierto contra las puntas de las lanzas de los bárbaros, nos unimos y formamos un contingente insuperable, y siendo como somos incuestionablemente más numerosos que ellos, no podrán hacer nada contra nosotros, porque en la unión está nuestra fuerza, y porque en la razón y la justicia está la inspiración que necesitamos.

Así pues, no obstante lo terrible que es vivir lo que estamos viviendo, y ser víctimas de lo que nos están haciendo, no podemos doblar las manos fingiendo demencia, y haciendo como si la neumonía que nos ha dado fuera un simple catarro. Por terribles que sean las circunstancias, y aunque el temor nos estruje el ánimo, hagamos de tripas corazón y levantémonos de la lona para reanudar la lucha.

Si no por nosotros, hagámoslo por nuestras familias, por nuestras mujeres, por nuestros hijos y nuestros nietos. Hagámoslo porque ellos lo valen, y por ellos y su porvenir debemos recuperar lo que por derecho nos pertenece.

En Twitter soy @ChapoRomo

Mi dirección de correo es oscar.romo@casadelasideas.com

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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