Probablemente

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Probablemente 54

Probablemente tú, que en estos momentos estás leyendo esto que escribí para ti, formas parte integral de la inmensa masa de mexicanos que se debaten entre la incertidumbre y la desesperanza, entre el clima de odio y rencor que ha sido generado entre nosotros, entre el sombrío hoy y un ominoso mañana. Probablemente seas de los millones de mexicanos que apenas duermen, aterrorizados por las pesadillas diurnas y nocturnas, y que aún disfrutando de la suerte de tener un trabajo, el ingreso no les alcanza y viven estrujándose las manos y preguntándose qué pueden hacer para enfrentar el incesante aumento en el costo de la vida, y cómo solventar los compromisos que, esos sí, no duermen ni desaparecen, y en cambio crecen y crecen sin cesar.

Probablemente seas como yo, un mexicano de clase media, profesionista, comerciante o técnico que disfrutó de las épocas relativamente buenas que vivió México por allá a mediados del siglo pasado. Tiempos que nos permitieron soñar en un mejor futuro para nosotros, para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos… El despertar ha sido y sigue siendo terrible, tan espantoso como caer al vacío desde un edificio de cien pisos, y el estrellón contra el suelo materialmente nos ha despanzurrado.

Probablemente seas de los que inteligentemente -y también atinadamente- han reflexionado y decidido que es indispensable, de vital importancia, racionalizar los gastos familiares y personales. Eliminar lo superfluo, abandonar las prácticas y costumbres costosas e innecesarias, medir milimétricamente cada compra, el destino de cada centavo que sale de la bolsa familiar; y probablemente aún así, pese a toda la disciplina y todo el sacrificio, sigue sin llegar siquiera al punto de equilibrio, ese punto donde es posible mantenerse a flote pero que no garantiza la supervivencia en forma permanente.

Esa no es forma de vivir. Tú lo sabes y lo sé yo, y quizá algunos más, pero quedan millones que lo ignoran y aún creen en las promesas estúpidas de algunos políticos, en las campañas propagandísticas de los gobiernos y en los programas asistenciales que siempre ofrecen peces, pero que -deliberadamente- jamás han enseñado al pueblo a pescar, porque un pueblo empobrecido, impotente, ignorante y mantenido siempre será presa fácil de los populistas demagogos, de los malvados y de los poderosos.

Probablemente… Probablemente seas de los que erróneamente piensan que enterrando la cabeza en la arena como los avestruces, con sujetarse a un estricto presupuesto de gastos y administrar y repartir sabia y prudentemente el ingreso ya estuvo, y que con eso es suficiente. Lamento desengañarte, pero estás redondamente equivocado. Naturalmente que hacer todo eso, y someterse a una disciplina casi espartana en cuanto a los gastos, es bueno y sin duda indispensable. Nunca estará por demás… pero no basta. Puede inclusive proveer la base necesaria para una eventual solución, pero en sí mismas la disciplina y el orden no son suficientes.

Esos son algunos de los factores que tú tienes a tu alcance y sobre los que puedes y debes actuar o influir, pero es insuficiente. ¿Entonces? Bueno, lo lógico es que si con lo que tienes, por más que le busques no te alcanza y se te alejan cada vez más los sueños a los que tienes legítimo derecho, lo que tienes que hacer es buscar la forma de incorporar nuevas fuentes de ingresos a los que tienes… si es que los tienes.

Algunos lo que hacen es doblar turnos, salir a vender quesadillas en las esquinas, a ofrecer a los automovilistas jugos, frutas y legumbres recalentados por los rayos inclementes del sol, a vender billetes de lotería, a dar bola al calzado, a repartir volantes casa por casa… todo eso que quizá, tan sólo quizá, mitigue un poco la angustiosa ruina, pero que definitivamente no resuelve la situación en forma definitiva.

Otros, habiendo sido personas decentes y honorables toda su vida, se incorporan al bajo mundo, y salen a robar al que sea y lo que pueden para llevar pan a su casa. Y ya no se diga aquellos que se convierten en miembros de las fuerzas más oscuras y dañinas del tráfico de estupefacientes, donde se gana quizá mucho pero en cambio la vida, igual que en el Guanajuato del corrido de José Alfredo, no vale nada.

Entonces, quedamos en que la lucha por la vida es feroz, cada día más dura, y cada día cuesta más trabajo encontrar la forma de incrementar el ingreso familiar, de ampliar las fuentes de ingreso y superar el abismo negro por el que todos, o la inmensa mayoría, estamos atravesando.

Y qué tal si alguien de pronto viniera a ofrecerte una solución definitiva, limpia, total, donde nadie pierde y todos ganan, empezando por ti y tu familia ¿qué responderías? ¿Qué actitud adoptarías? ¿Seguirías saliendo a robar ya sea en despoblado o en las calles -en caso de que por ahí te hubiera dado- arriesgando la vida o la libertad? ¿La aceptarías o la rechazarías? Y si algún otro que finge ser tu amigo intenta convencerte de que lo que estabas haciendo es lo correcto, y que no tienes por qué aceptar soluciones nuevas, modernas y, sobre todo, probadas y plenamente aceptadas ¿le creerías? ¿Estarías dispuesto a seguir igual que siempre, flotando a la deriva y sujeto a los caprichos de los elementos, mejor que abandonar las viejas prácticas y lanzarte por un nuevo y prometedor camino?

Pues mira lo que son las cosas, mi amigo: Lo mismo, o algo muy parecido a lo que ocurre en tu vida familiar o de tu trabajo o empresa, sucede en lo que respecta al agudo problema de desabastecimiento de agua que padece una buena parte de nuestro Estado, y nuestra ciudad en particular.

Hay que cuidar la poca que tenemos. Hay que distribuirla justa y juiciosamente. Hay que mejorar todos y cada uno de los aspectos de administración y suministro. Hay que insistir en los programas de fomento de la cultura en el uso del agua… todos y cada uno de esos factores son claves y deben ser atendidos… pero no ofrecen una solución definitiva, para siempre. Y podemos hacer lo que hacen los que aceptan la solución “fácil” de salir a robar para solventar el problema, o buscar la forma de incorporar nuevas fuentes de abastecimiento a las que tenemos, y que se encuentran en situación precaria.

Incorporar más agua tiene que ser indudablemente más sensato que simplemente repartir la que hay, inclusive despojando a otros de sus recursos.

Tomar agua de las presas que tenemos, o insistir en seguir extrayéndola de los mantos subterráneos sobreexplotados hasta agotarlos, es permitir neciamente que el destino nos alcance, como sucederá muy pronto. Las presas no generan agua, por más que ciertos gobernantes así lo hayan creído y lo sigan creyendo.

En Sonora siempre nos hemos preciado, y yo diría que con justa razón, de ser vanguardistas en muchas cosas, como por ejemplo en las tecnologías agrícolas y agropecuarias. Ello nos permitió ocupar durante muchos años posiciones de liderazgo en importantes y amplios renglones productivos, posiciones que dejamos de ocupar en parte por no seguir manteniendo vigente el uso de las tecnologías de punta que se requieren en el mundo globalizado en que vivimos.

Entonces resulta incomprensible el por qué, en un estado que presume de tener una mentalidad proclive a los avances tecnológicos, y que ha probado los frutos de utilizarlos adecuada y oportunamente, de pronto abandona esa línea conductual y decide cerrarle la puerta a la tecnología de la desalación de agua, con la cual se resolvería de una vez y para siempre el desabastecimiento de esta y todas las otras ciudades que inclusive están viendo amenazada su subsistencia misma. Un cambio de actitud que me atrevo a calificar de catastrófico, obtuso y retrógrado.

El agua para consumo humano y para cualquier actividad productiva, será cada día más cara. El agua nunca más volverá a ser barata, y será cada vez más escasa. La ley económica no miente: Nada es más caro que aquello que escasea, o que de plano no existe. Y dime tú: ¿Crees que algún día se acabará el agua de los océanos? Te garantizo que si eso ocurre ni tú, ni yo, e incluso las generaciones futuras más remotas estaremos aquí para presenciarlo.

En cambio, tú y yo y todos sabemos que los cambios climáticos son reales y que no prometen nada bueno. Los científicos nos lo están advirtiendo, y uno de los campos donde su efecto será más profundo es en las reservas de agua dulce. Cada vez serán menores, y el agua potable será más cara, y se pronostica que las próximas guerras entre los hombres serán por su control. Los pronósticos dicen que este año lloverá poco en nuestra región, o que de plano no lloverá, y eso significa que volverá la sequía, nuestra vieja conocida. La situación promete volverse crítica, y tal vez hasta desesperada… Entonces ¿a qué esperamos y por qué esperar?

Todavía estamos a tiempo. De hecho creo que este es el momento justo, y que en vez de enzarzarnos en rencillas dolorosas y sin sentido, en vez de seguir acabándonos la poca agua superficial y subterránea que nos queda, mejor haríamos en abrazar la oportunidad histórica de convertirnos en los pioneros en la tecnología de desalación de agua en el país…

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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