Perdón, pacificación y reconciliación

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Perdón, pacificación y reconciliación 49

“En los burdeles las damas de la vida alegre venden su cuerpo… y en los lupanares electorales los políticos exhiben con impudicia su falta de vergüenza”

 

¿Qué impresión le causa a usted cuando escucha o ve -o cuando escucha y ve- a las y los políticos hablar de perdón, pacificación y reconciliación, después de una contienda en la cual hicieron carne machaca a los rivales, ‘haigan’ sido quienes ‘haigan’ sido? ¿Qué piensa usted cuando los escucha hablar de perdón, sanación, pacificación, reconciliación y ‘operaciones cicatriz’, como si fueran practicantes de la magia negra, o cirujanos plásticos de la política callejera y grosera? ¿Qué siente en su interior cuando observa las fotografías y videos de los conjuntos de babosos que aplauden delirantes y vociferan consignas, mientras ganadores y perdedores se abrazan y besan públicamente en los portales de los prostíbulos políticos?

A propósito de lo anterior, le comento a usted que hace unos seis años Rafael Cardona, creador del “Cristalazo”, escribió algo que me pareció perfectamente descriptivo de la empalagosa y teatral unidad política -más falsa que una promesa populista- y que me dejó con el estómago revuelto ante el espectáculo que han estado ofreciendo los protagonistas a medida de que se desarrolla el proceso de transición entre el gobierno que se va, dejando un penetrante olor a azufre, y el que llega, trayendo un penetrante olor a azufre.

Recuerdo muy bien que con ese estilo afilado como escalpelo que le caracteriza, el irreductible Cardona destilaba hiel en su escrito -y con sobrada razón, hay que decirlo- ante el acontecer en el marco de los triunfos y las derrotas, políticas, of course. Usted sabe tan bien como lo sé yo que, al igual que en el fútbol soccer a la mexicana, en política tampoco existen las derrotas honrosas, y por tanto, tampoco son creíbles los abrazos redentores y los besos hipócritas que todo lo curan, o pretenden curar, incluyendo los navajazos propinados y recibidos en el abdomen durante las refriegas a muerte que se suscitan en los oscuros callejones de las contiendas electorales. Sobre el tema en aquella ocasión nos dijo Cardona, en una parte de su “Cristalazo”:

“Los antiguos contendientes y rivales se enfrascan en una aparente armonía cuya finalidad no parece ser otra más allá de su habilidad para repartirse el paño en un juego de dados.

Pero las ambiciones se disimulan de manera civilizada. Se establecen complicidades y juegos de equilibrio basados en la mutua oferta de no ejercer la capacidad de estorbar en el futuro en cuyas vastas praderas pastarán todos los apetitos habidos y por venir.

La unidad permite un esfuerzo en conjunto y garantiza -si la contienda se libra en términos favorecedores- la prolongación de los privilegios conquistados y otros por venir. Nadie gana en la ruleta si se sale del casino. Unámonos todos en la búsqueda del número premiado y repartamos con justicia cuanto cada quien merezca.

En ese sentido la gran sombrilla hace nugatorio todo intento de desarrollo personal. Se gobierna más con la habilidad del funámbulo y menos con el paso firme del hombre convencido. Todo se negocia, todo se tasa, se vende y se compra.

En esas condiciones no tiene caso desarrollar una personalidad política verdadera. La negociación tarde o temprano, la conveniencia, se va a imponer por encima de ideologías o convicciones. Nadie quien. El partido masifica y unifica.

Toda arista de individualidad será limada por el esmeril de la conveniencia, de la práctica cotidiana del arreglo, la concesión o la componenda. Cuotas, espacios, posiciones como les llaman; todo va formando un amasijo donde caben todos los ingredientes de un potaje a la larga repulsivo.

Así pues, lo mismo da la victoria de cualquiera, especialmente en las contiendas internas. El vencedor o la vencedora llamarán a aquellos cuyos propósitos en apariencia no empataban con el suyo; pero una vez logrado el puesto ya nada tiene importancia ni se trata de hacer, sino de hacer creer. Me sumo, me sumo, gritan todos los oportunistas mientras los ganadores, tan oportunistas como aquellos, se dejan arropar por los vencidos para aumentar el rebaño.

No queda en ninguno de ellos una pizca de clase, de estilo para hacerse a un lado sin pisotearse unos a otros para subir más rápido por el mástil encebado. Ahí van, a empellones y mordiscos, trepando en la resbaladiza torre de sus ambiciones menores, pues la mayor se ha esfumado.

Aparecer algo de entre lo perdido, hallar en el basural de la derrota una prenda de medio uso, vestirse con el andrajo olvidado; una delegación, una diputación; un huesito a medio roer, ahí como sea su voluntad. Todo, menos quedarse en la penuria política, pues de la otra ni hablar, todos llevan bien forrado el lomo, pero viéndolo bien debemos resarcirnos de los gastos de la campañita fracasada.

Y el ganador (o la ganadora) los mira con sonrisa despectiva mientras musita; la unidad, la unidad”.

Aquel mismo día, en el espacio que tiene dentro del programa que tiene Pepe Cárdenas en Grupo Fórmula, Cardona amplió considerablemente los conceptos que planteó en su “Cristalazo”. Me pareció claro y preciso, y sustentó ampliamente sus puntos de vista. Sin inclinarse por ningún partido o candidato, dejó bien claro qué piensa acerca de los abominables espectáculos circenses que hemos estado leyendo y presenciando, y la total falta de congruencia que muestran los candidatos una vez que surgen triunfadores, al acoger amorosos y caritativos a quienes sustentan ideas totalmente diferentes, y muchas veces totalmente divergentes. Es más, acogen como elementos vitales a quienes les han insultado y faltado al respeto públicamente. Todo en nombre de la pacificación y la reconciliación… y la salud y permanencia de los partidos, como si los partidos estuvieran por encima de la dignidad personal.

En este lupanar de perdones y reconciliaciones, quienes curiosamente han salido mejor librados, o menos mal librados, son los enemigos en turno de México e integrantes de la “mafia del poder”, léase los priistas y los panistas. Cuando José Antonio Meade y Ricardo Anaya decidieron salir a inclinar la cerviz ante el bulldozer López Obrador, tuvieron la astucia y la decencia (si se puede hablar de decencia en el putrefacto mundo de la política) de asumir actitudes de humildad y resignación mediante las cuales mostraban su acatamiento a las formas, más que a los fondos, manifestando también su buena disposición de apoyar al rival que los había vencido en toda la línea, Andrés Manuel López Obrador. Cuando menos en los dos candidatos apaleados hubo una suerte decoro hasta cierto punto teatral, y desde luego, no absoluto. En la política mexicana eso nomás no se ve, ni se da.

Desde el día posterior a la elección, la masa triunfadora adoptó la clásica actitud del pordiosero hambriento que se cuela en un banquete real. Se sirvieron de todos los manjares y están bebiendo de todos los vinos. Reclamaron y se hicieron de los espacios políticos y noticiosos, ofrecieron un sinfín de ruedas de prensa, acudieron a todos los programas de radio y televisión habidos y por haber y, en fin, se han convertido en el ajonjolí de todos los moles. Y mientras eso sucede, los partidos derrotados han abandonado el banquete saliendo ignominiosamente por la puerta de servicio, lamiéndose las heridas y jurando que regresarán, igual que lo hiciera Douglas MacArthur al salir expulsado del Pacífico por los japoneses, en la II Guerra Mundial.

Los temas dominantes durante la exitosa campaña obradoriana han ido cambiando paulatinamente, a medida que la polvareda se asienta y se empiezan a ver las realidades que predominan en el país. La amnistía general ofrecida pasó a un segundo término y luego prácticamente desapareció. De las estrategias de combate a la corrupción, eje central de la campaña obradoriana, nada se sabe. Las consultas populares empiezan a menudear, ante el estupor de los que no votaron y de los que sí votaron por AMLO, y amenazan con convertirse en el instrumento favorito para la toma de las grandes decisiones nacionales, tal vez para minimizar las responsabilidades. Entre aplausos y rechiflas se anuncian varios funcionarios de primer nivel. Y arrancan los Foros Escucha para la Pacificación y la Reconciliación, de los cuales se han realizado tres, con resultados nada prometedores.

El país recupera poco a poco el ritmo normal, pero las aguas siguen sumamente agitadas en los océanos de la política. Algunas declaraciones, nombramientos y planes de López Obrador han sido bien recibidas, pero la mayoría han topado con la dura pared de la crítica, la desaprobación, y hasta de la burla inmisericorde. Al adelantar los tiempos para el ejercicio formal del poder, Andrés Manuel y su cohorte automáticamente han adelantado los tiempos y las formas del desgaste. Y el desgaste es lo que condujo a la hecatombe en el gobierno de Peña Nieto.

Es un primer vistazo al rostro real de quienes, en el incipiente y turbulento escenario del nuevo gobierno, se ostentan como portadores de la luz, la pureza y la virtud… Dios nos libre de las aguas mansas.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top