Para no olvidar

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Para no olvidar 39

“Un pueblo que decide olvidar, que simula amnesia y que voltea hacia otro lado, está condenado a repetir los mismos errores, y a sufirir los mismos atropellos”

Retrocedamos pues hasta diciembre del año 2014. Un retro-viaje que vale la pena hacer, para no olvidar. Se nos confirma que el Gobierno de Sonora está endeudado hasta la coronilla. Pero decir “el Gobierno de Sonora” implica decir “el pueblo de Sonora”, porque quienes al final del día tendremos que pagar esa deuda bestial somos nosotros: Usted, yo, aquel señor que está esperando el camión en la esquina y aquella señora que va cruzando la calle. Veintitantos mil millones de pesos es la suma que se menciona, y puede ser superior. Esa aterradora cantidad es como para quitarle el hipo al borracho más ‘hipiento’, y que no le vengan a usted con el cuento chino de que una parte de esa deuda ha sido reestructurada “en condiciones muy ventajosas”, porque esas “condiciones ventajosas” son puro jarabe de pico o, en el mejor de los casos, se refieren al plazo de pago y tal vez a los intereses, pero el capital no disminuye y mucho menos desaparece.

Paréntesis momentáneo: Ahora, en pleno 2017, y con otro gobierno totalmente diferente, pregunto: ¿qué ha pasado con aquella monumental deuda? ¿Lo sabe usted? Yo, que me mantengo al tanto del mitote, definitivamente lo desconozco. 

Sigamos en aquel aciago 2014, en que la corrupción era ya una ola tsunami que amenazaba con engullir a nuestro estado y a todos sus habitantes. Habrá que pagar esa deuda, y la tendremos que pagar durante muchos años después que se hayan ido los delincuentes que han despedazado a Sonora. Lo que ha desaparecido en forma irremediable son los miles de millones de pesos que pasaron por las manos de la plaga depredadora del gobierno de la alternancia, y que nadie sabe, nadie supo ni sabrá, qué se hizo con ellos o a dónde han ido a parar. Sospechas hay, y evidencia parciales tambien, pero no bastarán para dar con ellos, y menos aún para recuperarlos.

Bueno, eso de la ignorancia es un eufemismo, porque si usted se molesta en preguntar en la calle a cualquier transeúnte sobre el paradero de esa barbaridad de dinero, le responderá que el dinero está en las cuentas “off shore”, en los ranchos dentro y fuera del país, los hatos de ganado de registro, las presas (dinamitadas o no), las siembras de nogal, las caballerizas refrigeradas donde viven los cuacos purasangre, las mansiones palaciegas, las inversiones en el extranjero, los autos de lujo, las joyas, los yates y todo lo que usted guste agregar. Ahí está todo, o cuando menos una buena parte de lo mucho que han escamoteado esta bola de pillos descastados.

Seguimos en diciembre de 2014. De ahí se deriva la debacle financiera en que se encuentra el estado de Sonora, la cual representará sin duda el principal quebradero de cabeza para la siguiente administración. El principal, pero no el único: Hay que agregar la debacle de las instituciones, la debacle moral, la debacle del estado de derecho, la debacle de la justicia, de la educación, de la salud pública, de la seguridad pública, y de la infraestructura física del estado y de las principales ciudades en general… todo, absolutamente todo está hecho pedazos, y lo han hecho ante nuestras narices, mientras observábamos impasibles cómo los canallas cumplían a placer su labor destructiva. Si ellos no tienen madre por haber hecho lo que han hecho, nosotros los sonorenses no tenemos vergüenza ni perdón por haberlo permitido.

Llama la atención que el Congreso local (o sea la mayoría legislativa controlada por don Mem8) le haya aprobado al señor Guillermo Padrés la friolera de 900 mdp dizque para pagos a proveedores de bienes y servicios, cuando por otro lado el Ejecutivo le debe al propio Congreso cerca de 150 mdp y no da señales de querer pagárselos, motivo por el cual el Congreso (o sea la minoría legislativa no controlada por don Mem8) ha entablado una controversia constitucional ante la SCJN para obligarlo a aflojar la lana y ponerse al corriente. Se da como un hecho que el resultado será favorable para los demandantes, aunque no se descarta la sorpresa de un eventual fallo negativo, pues cosas más extrañas hemos visto en los últimos años.

El señor Padrés parece navegar cómodamente en un transatlántico de impunidad absoluta al que nada ni nadie puede hundir, ya sea el gobierno federal que más parece un cómplice, y mucho menos los rasguños de una oposición local desangelada y artrítica como la que tiene frente a sí el rey de la ilegalidad y los desacatos.

Por aquel entonces el PAN ya mostraba señales abundantes e inequívocas de resquebrajamiento: En aquellas mismas fechas se daba a conocer la renuncia de un militante distinguido del Partido Acción Nacional. Se trataba del ex embajador de México en Colombia, Florencio Salazar Adame, quien se va por considerar que dicho instituto político está sumergido en el oportunismo y la corrupción… y eso que aún no llegaban Ricardo Anaya y Damián Zepeda.

Así pues, Florencio Salazar Adame se sumaba a Luis Calderón Vega (papá de Felipe Calderón, ex presidente de la república); Carlos Castillo Peraza (ex presidente nacional del PAN); Fernando Elizondo (ex gobernador de Nuevo León); Manuel Clouthier Carrillo (hijo del “Maquío”); Manuel Espino Barrientos (ex presidente nacional del PAN); Ana Rosa Payán Cervera (ex alcaldesa de Mérida en dos ocasiones); Fernando Gómez Mont (ex secretario de Gobernación durante el gobierno de Felipe Calderón); Lía Limón (Asambleísta del DF); Tatiana Clouthier (hija del “Maquío”); Luis Correa Mena (ex alcalde de Mérida en 1994); Juan Ignacio Zavala (hermano de Margarita Zavala); Alfonso Martínez Alcázar (presidente del Congreso en Michoacán); Silvia Monje (ex diputada federal por Veracrúz); Silvia López Escoffié (ex diputada estatal en Yucatán); Antonio Hadad Manzur (ex diputado estatal en Yucatán); Héctor Osuna (ex alcalde de Tijuana); Pablo Arnaud (figura del panismo en Oaxaca); Leoncio Morán Sánchez (ex alcalde de Colima); Fernando Cervantes Cruz (ex alcalde de Pueblo Viejo, Veracruz); Luis Enrique Rojo Mancilla (su familia fundó el PAN en Culiacán, Sinaloa); que renunciaron entre otras cosas, por la corrupción interna, la desviación de los principios y la forma viciada de realizar los procesos internos para la selección de candidatos.

Relevantes también las renuncias de otros notables personajes como Pablo Emilio Madero, y otros panistas de la talla de José González Torres, Bernardo Bátiz, Jesús González Schmall, Juan de Dios Castro, Gabriel Jiménez Remus, Jorge Eduardo Ortiz Gallegos y Abel Martínez, que renunciaron al PAN tras denunciar acuerdos inconfesables de la dirigencia que encabezaba Luis H Álvarez con Carlos Salinas de Gortari, e intentaron lanzar la agrupación disidente “Foro Democrático”, pero que no prosperó y se diluyó en 2004. ¿Quiénes o con qué se sustituyó a tan costosas ausencias? Los hechos nos dan la respuesta: siguen abiertos los espacios dejados por los ilustres renunciantes, o en su defecto han sido cubiertos con chatarra improvisada extraída de los basurales de la política. Ergo: La debacle del PAN.

ooOoo

A estas alturas y ante las evidencias ¿quién puede dudar o negar que la corrupción es el cáncer que está matando a nuestro país, y a nuestro estado? Detrás, debajo y en torno a todos los problemas que afectan a nuestro país y a nuestro estado de Sonora (pobreza, hambre, violencia, anarquía, desestabilización, ausencia de justicia, favoritismos, tráfico de influencia, etcétera) está la corrupción, como un envolvente maléfico, como un líquido amniótico perverso y putrefacto. Corrupción en los gobiernos, y en la política partidista, institucional, empresarial, religiosa, gremial, social y familiar. La pudrición cunde y llega a las raíces.

La corrupción no es exclusiva de México, ni de chiste. Existe en todas partes, y de la corrupción no escapa nadie, persona o país. Y para no caer en imprecisiones, digamos que la corrupción mexicana no es nada más la corrupción del PRI y sus gobiernos: es la corrupción de todos los que habitamos en este país, de todos los partidos sin distinción, de todas las instituciones públicas y privadas y de todos y cada uno de los sectores que conforman la sociedad. Es imposible llegar a los niveles de corrupción en que nos encontramos, de acuerdo a las mediciones de “Transparencia Internacional”, sin la concurrencia de todos y cada uno de los actores que participan, y entre los cuales el pueblo -la gente- ocupa un sitio destacado en la primera fila.

Un pueblo que vive esperando que alguien, o algo, le resuelva sus problemas, un pueblo que abomina el trabajo y que vive pensando en los puentes vacacionales, un pueblo que no piensa más que en la llegada del viernes para dedicarse al chupe o a la holganza sin sentido, un pueblo que exige que le den todo sin dar nada a cambio, un pueblo que renuncia a su dignidad aceptando que lo manejen como vil carne de cañón en las marchas y manifestaciones callejeras por este o aquel pretexto, un pueblo que ha aceptado cambiar el amor y la compasión por el odio y la violencia… un pueblo así, exactamente como es el nuestro, no puede exigir nada, porque no se lo ha ganado, o porque no ha hecho lo suficiente.

Cuando el repudio -justificado o no- por un partido político se convierte en el argumento básico para lanzar al país de cabeza a las llamas de una revolución prefabricada en los hornos del anarquismo, y surgen de ahí las movilizaciones en una sincronía perfecta que desmiente su autenticidad, algo anda mal, algo está podrido, además del corazón de la masa ciudadana. Cuando las comisiones de derechos humanos se convierten en instrumentos que pervierten su función y se ponen al servicio de las fuerzas corruptoras y destructivas, algo anda muy mal. Cuando la justicia está al servicio del mejor postor, y cuando las togas de los jueces, ministros y magistrados adquieren el color del trafique y el olor de la traición, algo anda muy mal. Cuando en un país surgen fuerzas tan formidables que luchan para que nada funcione, y luego utilizan el argumento de que nada funciona para apoyar sus marchas y protestas, algo anda realmente mal.

Y cuando la gente común y corriente, la gente de todos los días y de todos los rincones, se somete, deja de pensar y se deja arrastrar por las consignas destructivas, y acepta alinearse al lado de las turbas anarquistas, entonces el peligro es real e inminente.

Y en este punto exacto es en el que se encuentra nuestro México, el suyo, el mío y el de todos. Y ese México es el que necesitamos salvar de la destrucción y del caos en que nos están metiendo. Así las cosas.

   

Agradeceré su comentario a continuación, o envíelo a oscar.romo@casadelasideas.com

En Twitter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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