Oídos sordos

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Oídos sordos 175

Como dijera Juan Gabriel en una de sus canciones de la época de oro: “Jamás me cansaré…”. Efectivamente, jamás me cansaré de hablar y de repetir hasta el hartazgo, y de escribir hasta que me salgan reumas en los dedos de tanto teclear, acerca de los peligros que nos acechan a la vuelta de la esquina, apenas a un par de pasos ahí afuera, en el contexto de los tiempos que vienen. Entre esos peligros están los efectos de los cambios climáticos que está sufriendo el mundo entero, y por ende también nuestra región que, desértica, recóndita y lo que usted quiera, ha probado ser una tierra pródiga y generosa… cuando se le cuida y protege adecuadamente.

¿Quién no ha escuchado hablar de los cambios climáticos que está experimentando el planeta? ¿Cuántos programas de televisión, artículos periodísticos y estudios científicos se han realizado y presentado ante la opinión púbica mundial, y cuáles y de qué dimensión son los efectos que se han logrado, en los campos preventivos y correctivos? Amplios o escasos, según el cristal con que se mire. De que hay cada vez más conciencia, ni duda, pero de que aún falta mucho para que exista un convencimiento pleno que favorezca un cambio general, profundo y amplio en las actitudes y costumbres, también hay poca duda.

Los cambios climáticos obligan a una reflexión seria y profunda, y obligan también a poner atención en las consecuencias de seguir prestando oídos sordos a las advertencias, y a mantener actitudes irresponsables con respecto a los cambios urgentes que exige una amenaza de tal dimensión. Los cambios climáticos en proceso pueden ser detenidos, pero eso no se podrá lograr en un plazo corto, y desde luego, no antes de que sus consecuencias nos hayan dañado profundamente. Pueden quizá ser revertidos, aunque no de manera total, y con eso nos debemos conformar. Lo que hemos perdido ya, el daño que hemos causado al medio ambiente es tan grande, que sus efectos en muchos sentidos son irreparables. Hay que salvar lo que se pueda, antes de que no quede nada que salvar, tal vez sea la consigna de aquí en adelante.

Jean Meyer es un prestigiado intelectual de nivel mundial. Nacido en Francia, se ha avecindado en nuestro país, donde ha desarrollado parte de su brillante carreta como investigador y escritor. Jean nos envía cada semana para su publicación sus artículos, y es para nosotros motivo de orgullo contar con la colaboración de un personaje de su talla. Jean Meyer quiso ser director del prestigioso CIDE –del que forma parte- y no pudo por haber nacido en Francia. Luis Villoro, el gran filósofo recientemente fallecido, hubiera sido un magnífico director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, pero al haber nacido en Barcelona, una anacrónica disposición legislativa expedida en 1947 se lo impidió. Se trata de dos grandes talentos que pudieron aportar mucho, pero se enfrentaron a la “cortina de nopal” pese a los años que vivieron en México y a lo mucho que hicieron (y siguen haciendo, en el caso de Meyer) para el crecimiento intelectual y ético de su país de adopción.

Para Jean Meyer el medio ambiente y los cambios climáticos forman parte de sus temas favoritos, y hemos publicado en nuestra página varios de sus artículos donde aborda la problemática que existe en estos temas. También ha dedicado algunos artículos al tema del agua en nuestra región, particularmente al conflicto desatado por el trasvase de agua del El Novillo a Hermosillo. La voz de Jean es una de las muchas que persistentemente están lanzando voces de advertencia sobre las consecuencias de los cambios climáticos a nivel mundial, y sus repercusiones en la parte centro-norte de nuestro continente. Por su importancia, me voy a permitir reproducir una parte de su último artículo que publicamos la semana pasada en “Casa de las Ideas” con la esperanza de que, si no lo leyó usted, se le despierte el interés y lo busque, porque su contenido es realmente impresionante. Dice Jean en el artículo mencionado:

“Castigo de Dios… El Oeste de los Estados Unidos, nuestro vecino, sirve de ejemplo. En California, 100% del territorio está oficialmente en situación de sequía, extrema en el 68% y excepcional en 15%. La superficie agrícola trabajada se va a reducir en cerca de 20%. En Texas, 46 sistemas de agua están en riesgo de quedar sin agua antes de julio. Varias comunidades se podrían quedar sin agua en mes y medio. El hato ganadero tejano se ha reducido en 20% en los cinco últimos años. Nevada, Arizona, Nuevo México, Kansas están severamente golpeados, y también Idaho, más al Norte, y Nebraska.
Según los especialistas es la peor sequía de la historia de California. Hasta la siguiente, dice un periodista con humor negro. Dicen que se puede iniciar de inmediato la construcción de cuarenta plantas nucleares para desalación, las cuales proporcionarían agua a las ciudades, a la industria, compensaría la limitación, ahora inevitable, del agua destinada a la agricultura, y resolvería el problema de la intrusión salina en los acuíferos de la costa, problemas todos que tenemos en el Noroeste de México. ¿Cómo ven?”

Sequía, desertificación, pérdida paulatina de reservas de agua superficial y subterránea, afectaciones en la capacidad productiva en materia de alimentos, mortandad en los hatos ganaderos, pobreza, hambruna, ruina, dolor… tragedia en ciernes de terribles proporciones. ¿Catastrofismo ridículo? Catalóguelo usted como quiera, y diga si gusta que son exageraciones de personas que solo ven el lado negro de una realidad que no es posible ocultar ni desdeñar. Existe gente pensante y también, desde luego, gente rumiante. Dentro de los pensantes hay diversos criterios y numerosas corrientes de pensamiento. En temas como los ecológicos, no hay uniformidad y todas las ideas son igualmente respetables, porque todas contienen parte de una verdad que es sumamente elusiva y difícil de captar.

En Sonora tenemos problemas muy serios en lo que respecta al medio ambiente y los cambios climáticos. Quien lo duda o lo desprecia es un necio que vive fuera de la realidad. Y dentro de los muchos y muy graves problemas ecológicos que nos acechan, está el de la escasez de agua en todas partes. No hay región del estado que pueda decir que no tiene problemas con el agua en alguna medida. Incluso las zonas que por el momento cuentan con agua suficiente, no pueden decir que tienen el abasto asegurado para siempre. En este sentido concuerdo totalmente con el decir de los ciudadanos del Valle del Yaqui que desde un principio han afirmado: “no es posible repartir lo que no alcanza”.

Nadie puede afirmar con certeza que las presas de la Cuenca del Yaqui no puedan algún día llegar al estado en que actualmente se encuentra nuestra presa Abelardo L. Rodríguez, cuyo vaso luce seco y agrietado, sin una gota de agua desde hace años, salvo períodos breves en que le entran unas cantidades ínfimas que no tardan en evaporarse. ¿Quién hubiera dicho hace 20 años que esa presa llegaría a secarse por completo? ¿Quién hubiera dicho que el Río Sonora dejaría de aportar el agua de la que Hermosillo y su zona agrícola habían dispuesto siempre? Y sin embargo ahí tiene usted esa presa, vacía, seca e inservible, como mudo testigo de lo que pasa cuando los hombres pierden la razón y no respetan las reglas de la naturaleza. Y ahí tiene nuestra ciudad, sedienta y en peligro por falta de las soluciones reales y definitivas que no se tomaron a tiempo.

Las cosas no suceden nada más porque sí, y menos en cuestiones medio ambientales. La angustiosa situación que viven en particular Hermosillo y la zona agrícola de La Costa es producto de la depredación humana; la que se ha hecho a lo largo de la Cuenca del Río Sonora, y la que se ha hecho del acuífero de La Costa, que como todos sabemos ha sido criminalmente sobre explotado desde que fueron abiertos al cultivo los primeros campos agrícolas, a finales de la década de los 40’s y principios de los 50’s del siglo pasado. De aquella zona ubérrima y altamente productiva, en la que llegó a haber miles de hectáreas sembradas con diversos cultivos y cerca de 600 pozos profundos, solo queda una fracción cada vez más reducida desde el punto de vista productivo, y la mayoría de los pozos están inoperantes por falta de agua.

Y ahora tenemos un acueducto que es motivo del conflicto más ácido y enconado de que se tenga memoria en nuestro estado. Una obra que, dígase lo que se diga, tiene y tendrá un profundo impacto sobre la región del Valle del Yaqui y sobre la cuenca del río del mismo nombre. La ciudad de Hermosillo no detendrá su crecimiento y demandará cada vez mayores volúmenes de agua para sostenerse, con la consiguiente amenaza que eso supone para la cuenca del Río Yaqui y la presa El Novillo. Así pues, trasvasar agua de aquella presa hacia Hermosillo no es ni puede ser considerada una solución definitiva. De ninguna manera.

Estos asuntos son realmente graves y deben ser analizados con mucha mayor seriedad y profundidad de lo que se ha hecho. Con todo y que el acueducto ya ha sido puesto en operación –así haya sido en forma parcial y condicionada- es necesario reflexionar un poco más viendo hacia un futuro no muy lejano, y corregir las decisiones equivocadas que pudieron haberse tomado por los motivos que sea, y que pueden dañar en forma irreparable el entorno ecológico de nuestra región.

Si no lo hacemos ahora que aún estamos a tiempo, y seguimos ciegos y sordos ante las advertencias que nos hace la Madre Naturaleza, nos haremos acreedores a las terribles consecuencias que acarrean la codicia, la estupidez y la falta absoluta de sentido común, que según se dice, es el menos común de los sentidos.

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Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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