Más claro, ni el agua

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Más claro, ni el agua 26

A escasos seis días de la entronización de Andrés Manuel I, las cosas ya se pueden ver con casi total claridad. Dicho sea de paso, y nomás pa’que naiden se confunda, el término “entronización” significa la ascensión al trono de un soberano, de un emperador o un rey. Y una entronización implica cualquier cosa, menos sobriedad, ni en las conductas, ni en los mensajes, ni en las demostraciones. En una entronización lo que abunda son los excesos, y excesos fueron los que contemplamos hace unos cuantos días, atónitos, los millones de mexicanos que no quisimos quedarnos con la duda. Al menos en este sentido, ya no existe incertidumbre. La certidumbre ha ocupado el lugar que le corresponde, al menos en este aspecto.

Como iba yo diciendo, las cosas ya se ven bastante claras, y nos indican que México no se encamina hacia el cambio que muchos ilusos esperan, sentados a la vera del camino y recargados en el tronco de un sahuaro. La difusa transformación que se sigue manejando como bandera de campaña, y como vil estoque del populismo, no habrá de llevar a México a convertirse en el paraíso de justicia social, de pacífica convivencia, de equidad y de decencia que se agitan como un mazo de zanahorias ante las narices del burro. Lo llevará por otros derroteros, sin duda, pero de eso hablaremos en los párrafos subsiguientes.

Demasiado ruido, mucho barullo, una batahola estruendosa, y muy grande la confusión, para poder aventurar algún pronóstico sustentado. Escucho muchas opiniones, me dicen muchas cosas, leo un montonal de comentarios de personas que viven en otras partes y que piensan de muy diferentes maneras y que, si bien va, identifico solamente por sus nombres. También leo los mensajes de los adeptos y los adictos al nuevo régimen, tarea que me impongo como necesaria para poder contrastar ambos extremos. Los primeros pronostican en general una debacle definitiva para México, y los segundos un paraíso. Así, sin términos medios, sin tonos de gris. México se hunde en los abismos de la intolerancia. la ineptitud, y la barbarie selvática; o México asciende a las alturas inmarcesibles del súper mundo, al Valhalla donde van a reposar los vikingos totonacas con piel de bronce y mente extraviada.

Seis días apenas han transcurrido, y ya han sido clavadas las lanzas de los guerreros en las arenas del campo de batalla. Hombres de empresa, líderes de opinión, comunicadores de todos pelos y colores, analistas, filósofos improvisados, mercachifles de baratijas, merolicos de plaza pública, obnubilados, iluminados y, en fin, todo cuando es posible reunir bajo el cielo mexicano, ha salido a hacerse escuchar. La cacofonía es impresionante. México convertido en una versión 2018 de la mítica Torre de Babel. El ya muy próximo advenimiento del Rey de la Paz, se dará en medio de un ambiente social sórdido y azotado por vientos de violencia, confrontación y rencor. Esta Navidad, al menos en México, no habrá paz para los hombres, porque la buena voluntad se ha ido con rumbo desconocido, tal vez para no volver.

Los cinco meses que comprendió la etapa de transición, fueron en realidad los primeros cinco meses de gobierno del nuevo presidente. El comportamiento vergonzoso del gobierno saliente, encarnado por la patética figura de un presidente que abdicó sin el menor decoro, que abandonó sus responsabilidades y salió a hurtadillas por la puerta del corral, permitió que el emperador recién entronizado se robara 153 días que no le correspondían, y que aprovechó para empezar a revolver el lodo en que se desplantará una pretendida cuarta transformación.

Para expiar los múltiples pecados que he cometido en mi larga existencia de escritor, me impuse como penitencia el presenciar las primeras tres conferencias matutinas de Su Desgarbada Majestad Andrés Manuel I. Con la angustia y el desagrado que me provoca el escuchar su forma de expresarse, con esas pausas que utiliza para medio poner en orden sus pensamientos dispersos  e inconexos, con el uso de los añejos lugares comunes que ha utilizado durante casi dos décadas, con la demagogia siempre a flor de labios, y el engaño impregnado en cada frase, esas tres primeras conferencias fueron un verdadero suplicio y, debo confesarlo, no conseguí terminar de presenciar ninguna de las tres. Mea culpa, mea grandísima culpa.

Me queda clara la estrategia obradoriana al realizar esas conferencias en Palacio Nacional al arrancar cada jornada. La propaganda difundida con el respaldo del apabullante aparato de comunicación del Estado, sin duda tendrá sus impactos. Conseguirá mantener hipnotizada a una gruesa parte de la feligresía, pero no podrá impedir que la realidad se imponga, y que la oposición aumente progresivamente, así sea en forma desorganizada y desvinculada. Uno de los principales objetivos del nuevo gobierno deberá ser el impedir a costa de lo que sea, que la oposición de organice, se solidifique y tome impulso. Me queda claro que las somníferas conferencias matutinas pudieran sostenerse por un tiempo -no estoy seguro de qué tan largo o corto será- y que audiencia a modo no le ha de faltar, porque abunda la carne de cañón en la Ciudad de México y porque, además, forma parte del nuevo estilo de gobernar, ante un atril dentro de Palacio Nacional, y también desde la plaza pública en cualquier lugar.

El destierro a California del Boeing 787-8 Dreamliner, cuyo simbolismo político no es posible soslayar, la oleada de 3000 médicos cubanos, el funesto plan de recompra de bonos del NAIM (bautizado como el “PEJEPROA”), el rompimiento del Pacto Federal mediante la introducción de la cuña de los súper-coordinadores estatales, la militarización del país, el sojuzgamiento incesante de las instituciones y de los poderes instituidos, el advenimiento de las consultas ciudadanas cuyo fin es otro diferente al de tener una democracia participativa, la creación de la “Constitución Moral”, el hostigamiento creciente a periodistas y comunicadores críticos… la lista es larga para el breve tiempo que lleva en el poder la horda morada. Esto nos debe dar la medida de lo que nos espera, conforme pasen los días, las semanas y los meses.

Si en algo podemos coincidir, dentro de los propósitos del nuevo gobierno, es en el combate a la corrupción y a la impunidad. Ahí la coincidencia es absoluta y total. Pero -ah, ese “pero” que siempre aparece de manera inoportuna- los hechos contradicen a los dichos del Emperador, quien se propone echar mano del “borrón y cuenta nueva” en lo que corresponde a investigar a los corruptos que andan tan campantes como don Sebas, paseándose a sus anchas y disfrutando de los frutos de sus raterías. No a la impunidad… pero bienvenida la impunidad en forma de amnistías, perdones, indulgencias y absoluciones.

En este México que convulsiona, cada nuevo día se habrá de convertir en una nueva Caja de Pandora. Los medios de comunicación, y por supuesto las redes sociales (con todo y las infecciones e imperfecciones que todos les reconocemos) serán los instrumentos que irán reuniendo y registrando los acontecimientos del confuso e inquietante día a día nacional. No hay lugar para la apatía, no hay forma de escurrir el bulto, nadie puede decir que está a salvo de los peligros que nos acechan, y nadie puede fingir demencia y hacer como que todo está bien. Quienes, a pesar de de las primeras cucharadas amargas, sigan pensando que México se encamina hacia un brillante y promisorio futuro, más vale que se pongan las pilas, abran bien los ojos y aclaren su entendimiento, porque las evidencias son irrefutables.

Con todo y las amenazas, los peligros, y los negros presagios, la situación no deja de tener su lado interesante. Nos toca comprobar, como nunca antes en ningún otro momento de los muchos que registra la historia, la capacidad de aguante y de resistencia que tenemos realmente los mexicanos, si existe en nosotros esa “resiliencia” de la que tanto se habla en la actualidad y, finalmente, qué tan cierto es aquello de que “México es más grande que sus problemas”.

Problemas hemos tenido muchos, y a lo largo de toda nuestra historia como país, pero ninguno ha sido tan grande como el que nos está presentando el advenimiento de esta maloliente “cuarta transformación”, que se puede llevar todo entre sus pezuñas apocalípticas.

Espero su comentario en: oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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