Los saldos de las campañas

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Los saldos de las campañas 25

Faltan 20 días para las elecciones, y de ellos solo 17 son días hábiles en lo que respecta a actividades abiertas en las campañas. Los últimos tres, o sea el 28, 29 y 30, corresponden a lo que se ha dado en llamar “veda electoral”, “toque de queda”, “zona de silencio” y otras denominaciones por el estilo. Tres días que la autoridad electoral ha decidido que no pueden dedicarse a ninguna actividad de tipo proselitista, encaminada a obtener votos, lanzar mensajes promocionales, y realizar reuniones con objetivo electoral, sean grandes, pequeñas, o minúsculas. Pero eso no significa que el “impasse” electoral sea total y la inactividad absoluta. Los equipos de campaña, asesores, estrategas, comandantes de brigadas mapaches, jefes de batallón y demás fauna nociva, no duermen ni descansan durante esos tres días que preceden al fatídico “Día D”.

Ese período de veda electoral de tres días, aunque breve, resulta clave para los equipos de los candidatos en campaña, porque en el transcurso de ellos se realiza la concentración final de todos los esfuerzos realizados, se afinan las estrategias de movilización y cobertura en las casillas diseminadas por todo el país, se hacen las sumas y restas de los resultados obtenidos en las diversas actividades realizadas por todo el país, los eventos exitosos y los fallidos, los impactos positivos y negativos que han tenido sobre la mente de los ciudadanos las encuestas y sondeos que unos y otros han mandado hacer a la medida de sus deseos. Tiempo de darles los últimos toques a los movimientos legítimos (y muchas veces veces ilegítimos) tendientes a controlar el destino de los aproximadamente 54 millones de votos que se esperan depositemos los ciudadanos el primer domingo de julio, o sea dentro de 19 días.

Tomando en consideración que el proceso electoral 2017-2018 inició formalmente el día 8 de septiembre del año pasado y que concluirá el ya muy cercano 1º de julio, significa que llevamos ya nueve meses inmersos en la vorágine electoral, y de esos nueve meses seis han sido de campañas federales, que dieron principio el 14 de diciembre con las precampañas de aspirantes a puestos federales. Seis meses en que se nos han endilgado algo así como 60 millones de spots a través de los diversos medios, aparte de pasarelas de candidatos, centenares de entrevistas y dos debates a nivel nacional, estando programado el tercero y último para mañana martes al filo de las 21:00 horas en la ciudad de Mérida, Yucatán.

Podemos decir entonces que si algún arroz ya está prácticamente cocido, es el de las campañas, pero de ningún modo el resultado final de las mismas, que astutamente ha sido inducido por MORENA en la mente del universo de votantes, mediante una estrategia de encuestas a cual más cuchareadas que se han difundido con notable éxito a través de los principales medios locales y nacionales, y por medio de las intensas, incansables y furibundas redes sociales, que no descansan ni un segundo, ni de día ni de noche. El primer saldo visible de la plaga de encuestas que han diferido en forma altamente sospechosa unas de otras, ha sido que dichas herramientas de medición han perdido la credibilidad y la confianza de la gente casi por completo. Esa inexplicable e injustificable variabilidad indica que la mayoría de esas encuestas fueron mal realizadas, o simplemente que fueron deliberadamente manipuladas con el fin de alterar la percepción del ciudadano.

En contrapartida, un grueso porcentaje de influyentes comunicadores y comentaristas, articulistas y columnistas, han insistido en que el arroz electoral se cuece exclusivamente en las ollas “Presto” que son las urnas, el día de la elección, lo cual a mi juicio es absolutamente correcto. Los argumentos base han sido que la moneda está en el aire; que las encuestas no son votos, y que dado que el porcentaje de indecisos se mantiene sorprendentemente alto, a la hora de la hora todo puede suceder. Si bien es cierto que muchos creen que el resultado final está dado y que nada lo puede modificar, somos muchos más los que pensamos lo contrario. De otra forma se estaría induciendo a un perverso e inaceptable ausentismo y a una muy peligrosa abstención, ante la percepción generalizada de un resultado supuestamente definido.

Podemos considerar que la confusión es otro de los saldos de estas campañas que, digámoslo sin cortapisas ni rodeos, han sido para el olvido. Nueve partidos encorsetados en tres coaliciones, de las cuales dos: “Juntos Haremos Historia” integrado por MORENA (54.1%), PT (22.5%) y PES (23.4%)” y “Por México al Frente” integrado por PAN (49.4%), PRD (32.3%) y MC (18.3%) contienen ingredientes de izquierda y de derecha imposibles de aglutinar y mucho menos de armonizar, y la tercera “Todos por México” que mantiene inalterables a sus integrantes tradicionales PRI (62.7%), PVEM (22.9%) y PANAL (14.5%). Otro saldo adicional es el visible derrumbe de los seis partidos llamados peyorativamente “chatarra”, “chiquillería”, “fauna de acompañamiento” y cosas por el estilo, que estarán luchando por mantener su registro, y con él su permanencia en la mesa del pantagruélico banquete presupuestal que se asigna a los partidos políticos en México.

Dicho banquete no puede ser más opíparo: Para 2018 los partidos están recibiendo un monto record de 6 mil 778 millones de pesos, de los cuales 4 mil 200 millones son para gasto ordinario y 2 mil 100 para gastos de campaña. A esos 6 mil 778 millones de pesos hay que agregar las cantidades que cada estado dedica al financiamiento de los partidos, con lo cual el monto del súper pastel sube hasta los 11 mil 900 millones de pesos, lo cual representa una indecencia, una auténtica obscenidad, en un país en el que más de la mitad de su población vive en algún grado de pobreza. Así pues, otro de los saldos perversos es sin duda el costo absurdo que tiene la democracia en nuestro México, una democracia que, para acabarla de amolar, se aleja cada vez más de nosotros y se vuelve más desdibujada, más criticada y menos perceptible.

Pero no para ahí el asunto de los saldos de este proceso electoral y de las campañas. Aún hay más, mucho más. Y no puedo dejar de mencionar el efecto que han tenido y están teniendo sobre el ambiente social del país. Las campañas de los candidatos y sobre todo de los partidos opositores que están dispuestos a expulsar al PRI del poder aún a costa de acabar con el país, se han centrado en estrategias que promocionan el odio, la rencilla, el desencuentro y la confrontación, muchas veces violenta. La fractura social que existe a nivel nacional es absoluta y totalmente evidente, y me parece que solo falta una chispa para que el polvorín creado por los que se autoproclaman como salvadores de la patria, estalle y todo vuele por los aires.

En este sentido el saldo es mil veces peor que los que he mencionado en párrafos anteriores, por la simple razón de que la ruptura, el odio y el conflicto promovidos por las coaliciones opositoras afectan gravemente a la paz y la concordia nacional, que resultan imprescindibles de mantener y conservar en un país que tiene los enormes problemas que actualmente tenemos en México. No importa quien llegue a la presidencia, se encontrará con un país altamente perturbado, en un estado de confrontación enfermiza, con la rabia a flor de piel, la fe perdida y la esperanza al borde del abismo. Un país sin la mínima gobernabilidad que permita enfrentar con éxito los retos que nos plantea el entorno global en que nos desenvolvemos.

Los saldos de las campañas: Cenizas de la armonía y la concordia, y rescoldos de comunidades en conflicto, amistades rotas e incluso familias en grave desencuentro, a causa de unas elecciones que nos están alejando de lo que realmente vale la pena, y convirtiendo lo que debería ser una gran fiesta democrática, plagada de ideas de avanzada y de propuestas visionarias, en el funeral de las ideas, de los principios cívicos, de las alternativas de solución factibles, y de una mejoría en la calidad de vida que se antoja cada vez más inalcanzable y lejana.

La política como una ciencia que se ha vuelto perversa, practicada por cuasi delincuentes sin moral, sin conciencia ni decoro, puesta al servicio de los intereses más oscuros e inconfesables, y como flagelo de un pueblo que, al perder la confianza en sus gobernantes, ha perdido el rumbo y la esperanza, dando con ello entrada a la frustración, al hartazgo y a la aceptación del discurso embustero y engañoso de los que prometen paraísos terrenales y tierras de leche y miel en un mundo donde nunca han existido, ni existirán jamás.
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Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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