Los demonios andan sueltos

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Los demonios andan sueltos 45

Resulta sumamente doloroso y profundamente triste tener consignar que los chamucos han invadido nuestro amado terruño, desparramándose por casi todo el territorio sonorense. Si bien es cierto que la invasión de los demonios del crimen empezó desde hace rato, de acuerdo a las evidencias y los hechos que se han suscitado recientemente, la situación está adquiriendo matices verdaderamente alarmantes, tanto para los ciudadanos que contemplamos horrorizados los niveles de violencia y salvajismo a los que se está llegando, como para las autoridades que a pesar de los denodados esfuerzos que desarrollan, no logran controlar la situación.

Me resisto a decir que las autoridades responsables de la seguridad en Sonora están rebasadas, porque aunque lo perezca, no necesariamente corresponde a “la realidad real”, sino que cae dentro de la esfera nebulosa y cambiante de las percepciones, que algunos insisten en tomar como una realidad efectiva. Las corporaciones policiacas -municipales y estatales- no se las acaban, en la lucha por contener los constantes y crecientes brotes de violencia y criminalidad que se presentan un día por aquí, otro por allá y otros en varias partes del estado a la vez. De que los demonios andan sueltos en Sonora, lo andan. Ni hablar.

De las corporaciones policíacas federales es mejor no hablar, porque andan a salto de mata ante los cambios que se avecinan con la creación de la cuestionada y cuestionable “Guardia Nacional”, que finalmente funcionará un bajo mando civil. Este extraño e inverosímil mando civil que tendrá potestad sobre los contingentes militarizados, es aún un misterio, y hasta el momento se ignora cuáles serán las reglas de operación, quienes lo integrarán y cómo serán designados. En lo personal confieso tener enormes dudas acerca de la funcionalidad y la eficacia de esta figura, que será la encargada de devolver a los infiernos los demonios que andan sueltos por todos los rincones del país, entre ellos nuestro Sonora.

La Guardia Nacional y su mando civil estarán supeditados a la nueva Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), que ha quedado bajo la responsabilidad del prohombre de Bavispe, Alfonso Durazo Montaño, incuestionablemente un neófito en materia de seguridad y protección. Dicho sea de paso y para futuras referencias, el primer equipo del paisano Durazo está integrado por Leonel Cota Montaño, Subsecretario de Planeación, Información, Protección Civil y Coordinación;  Francisco Garduño Yañez, Comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado, Prevención y Readaptación Social, encargado de los penales federales; General Audomaro Martínez Zapata, Director General del Centro Nacional de Inteligencia, (un área que absorberá al Cisen y al Centro de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia); José Pedro Vizuet Bocanegra, Servicio de Protección Federal, (área encargada de la vigilancia de las instalaciones físicas gubernamentales). David León Romero, Coordinación Nacional de Protección Civil; Ernesto Alejandro Mendoza Álvarez, Unidad de Información, Infraestructura, Informática y Vinculación Tecnológica; Alfonso Sánchez Anaya, (ex Gobernador de Tlaxcala), Unidad de Enlace Administrativo y Financiero; Francesco Pipitone de la Roche, Unidad de Asuntos Internos de la Policía Federal y  Franco Fabbri Vázquez como Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

No sé a usted, pero a mí me queda perfectamente claro que el presidente López Obrador y su selecto equipo de colaboradores, la mayoría de los cuales ya no se cuecen al primer hervor, han estado manejando la agenda de la seguridad pública nacional de manera muy peculiar, mezcla de caprichos con ocurrencias. El mismo López Obrador en algunas de sus primeros monólogos matutinos dejó claramente establecidas las líneas generales de conducta de su gobierno, con respecto a los capos de los cárteles de la droga, los capos del huachicoleo, y en general todos los grupos que operan dentro y en la periferia de lo que se conoce como “delito organizado”.

“No entraremos en guerra con ellos” ha dicho más o menos en forma textual, con lo cual se les deben de haber puesto los pelos de punta, a aquellos que aún tienen cabellera. “No perseguiremos a quienes roben por necesidad” también ha dicho, despertando con ello reminiscencias del “hurto famélico” siendo el éste la sustracción de productos de primera necesidad por un individuo sin emplear los medios de violencia física o moral, para satisfacer sus necesidades personales o familiares del momento.​ En el derecho penal puede actuar como causa de justificación, dependiendo del estado de necesidad, y del criterio del juez juzgador.

Si usted reflexiona un poco, se dará cuenta de que el tema del huachicoleo envolvió al país en una repentina conflagración que amenazó con consumirlo en una bola de fuego, mil veces más letal que la de Tlahuelilpan, y se mantuvo en el primer lugar de la atención nacional hasta que al presidente le dio la gana. Luego surgió lo de cancelación de los fondos para las estancias infantiles y el consiguiente perjuicio para miles de madres que trabajan. En la feria de amañadas banalidades obradoristas, enseguida vendrá otro tema, y luego otro y después otro, todos manejados a gusto y capricho de López Obrador, que sin tener nada importante que decir, sigue manejando la agenda mediática nacional, y salvo muy escasas y honrosas excepciones los medios, los periodistas y comunicadores de todo el país lo seguimos obedientemente, como mansos corderitos.

Gracias al huachicoleo, hábilmente explotado durante las homilías palaciegas mañaneras de don Andrés Manuel, el enorme problema de la producción, el tráfico y el consumo de drogas en el ámbito nacional prácticamente desapareció del menú de la inseguridad y la delincuencia. A como se están dando las cosas, pudiera pensarse que pronto será considerado como “delito no grave”. El problema de la pobreza en diversos grados -sin la menor duda uno de los principales que afecta a más de la mitad de la población mexicana- se está “resolviendo” mediante entregas de dinero a diestra y siniestra, prolongando la doctrina priista de regalar pescados antes que enseñar a pescar. El olor nauseabundo del clientelismo impregna los cielos y la tierra mexicanos.

Lo que si puede ser considerado como un producto neto del gobierno de la Cuarta Transformación es que se nos está convirtiendo rápidamente en un país de lelos, autómatas sin voluntad y sin capacidad de discernimiento; en una nación de mantenidos y huevones que consideran muy conveniente depender del Estado para seguir caminando por la vida, hacia el destino aciago que nos aguarda con las fauces abiertas.

Los demonios andan sueltos en Sonora, ni duda cabe, pero son como niños de pecho comparados con los demonios que andan sueltos en el altiplano mexicano, donde se encuentran las ligas mayores de lo mejor y de lo peor que hay en este país. Aunque esto de ninguna manera desmerece ni justifica el tremendo desorden y la brutal inseguridad que se está dando por estos rumbos, su solución en mucho depende del éxito o del fracaso del paisano Durazo y su SSPC, y de la flamante Guardia Nacional que, para tener el éxito que todos esperamos, tendrá que convertirse en una versión moderna de Hércules quien, según la mitología griega, logró la hazaña de limpiar los inmundos establos del Rey Augías, en el entendido de que los establos del crimen en nuestro país están bastante más inmundos que los del mítico rey de la Élide.

Mientras empezamos a ver los resultados que presente la Guardia Nacional, habrán de transcurrir por lo menos tres años, según lo ha aceptado su titular Alfonso Durazo, y mientras tanto cada entidad tendrá que rascarse con sus propias uñas, y resolver los grandes problemas provocados por una criminalidad que definitivamente no entiende de amor y de paz, y le vienen guangos los ofrecimientos de amnistía que entraron y salieron sin dejar la más leve huella, en el discurso de campaña obradorista. “Abrazos y no balazos” se convirtió en el ofrecimiento sustituto y, hasta el momento, los malandros se lo han pasado por lo más pando, y si no, veamos lo que está sucediendo en Sonora, en comunidades como las de Cajeme y Guaymas, y en numerosas partes del país.

A los demonios que andan sueltos por todos lados, no les interesan las jaculatorias (oraciones breves, encendidas de amor y de cariño) y las absoluciones y amnistías presidenciales que, a la luz de los hechos, pueden interpretarse como señales de debilidad, y el reconocimiento de la incapacidad y la impotencia para resolver los problemas número uno en México, entiéndase la inseguridad y la violencia.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

 

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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