La voz de la conciencia

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en La voz de la conciencia 35

¿Acaso existe entre quienes ejercen el poder? ¿Acaso existe entre los que vivimos y convivimos en comunidad?

En general siempre se ha considerado a los judíos personas de gran inteligencia y prudencia, muy cultas e inclusive poseedoras de gran sabiduría. Tienen un arraigado concepto de sus orígenes como pueblo, y son capaces de grandes sacrificios con tal de sobrevivir. Su historia como pueblo está llena de momentos trágicos y de prueba. Su capacidad de resistencia queda fuera de toda duda. Existen desde luego situaciones excepcionales, pero la regla general es esa.

Hubo una vez un niño judío que solía escuchar de su abuelo estas palabras: “Recuerda siempre que una persona debe ante todo cumplir con su propia conciencia y, después, apoyar a ciegas la mejor consecución de los fines últimos de su grupo. En nuestro caso, los fines del pueblo judío. Y el primero es su supervivencia.”

Aquella le parecía al niño una máxima sumamente sabia. ¿Quién no se había visto alguna vez obligado a elegir entre dos alternativas que estuvieran en pugna? Un día, el niño convertido ya en joven, acudió a su abuelo cuya barba era ya completamente blanca y tan larga que le llegaba hasta el abdomen, y le dijo: “Abuelo, tengo un problema. Me parece que no me equivoco si digo que todos estamos demasiado dispuestos a transigir con el plan que nos ofrezca la solución más fácil y agradable. Haciendo esto nos evitamos bochornos, optando por aquello ganamos aplausos inmediatos; obrando de otro modo acallamos las voces contrarias más fuertes… ¿Cómo sugieres que puedo resolver lo que conviene hacer en cada caso?”

El anciano quedó silencioso por un largo momento y dejó que su mirada se perdiera en el vacío. Y luego su respuesta fue contundente: “Si tienes que tomar una decisión difícil, pregúntate cómo responderá tu conciencia mañana, y al día siguiente, y dentro de un año. Si te surge algún escrúpulo es porque tu decisión es errónea, y debes entonces cambiarla.”

ooOoo

Esta anécdota me parece que debiera formar parte de un código general de conducta, ya que es aplicable a cualquier persona, en cualquier parte del mundo, ante cualquier conflicto. Y es igualmente aplicable a cualquier colectividad. La voz de la conciencia. Esa voz que nos habla desde el fondo de nuestro ser cuando actuamos de cierta manera, cuando nuestros actos se apartan de las líneas éticas de conducta. Y cuando esos actos repercuten sobre un gran número de personas, esa voz interior se torna un grito estentóreo que nos roba la calma, nos impide dormir, y nos corroe las entrañas como un ácido. La voz de la conciencia es imposible de ignorar, aún por el corazón más endurecido. Escuchemos siempre la voz de nuestra conciencia y jamás nos equivocaremos, jamás nos arrepentiremos.

¿Sucederá eso mismo con los gobernantes? Me pregunto. Si un gobernante es producto de una carrera política más o menos larga y más o menos accidentada y escabrosa, que le ha llevado por toda clase de decisiones trascendentes, y en todas ellas ha terminado acallando la voz de la conciencia y sometiéndose a los compromisos adquiridos, y aceptando las soluciones que le granjean aplausos efímeros, a costa del dolor y la miseria de muchos ¿Se puede confiar en la sabiduría de sus decisiones? Y aún más ¿Se pueden aceptar a ciegas las buenas intenciones que los políticos pregonan por doquier, cuando andan a la caza de los votos?

En estos momentos, que yo calificaría como aciagos, inéditos y sin precedente en Sonora, y muy en especial en Hermosillo, nos encontramos ante una situación que no se parece a ninguna otra que hayamos vivido antes, al menos que yo recuerde. Tanto por sus orígenes ocultos y sombríos que nos desconciertan y atribulan, como por sus características especiales y desde luego por los efectos desastrosos que eventualmente pudiera tener sobre el clima social de la ciudad en que vivimos. La anormal situación se refiere desde luego al tema de la violencia, que habiéndose convertido poco a poco en un lugar común, en un dolor ardiente cada vez más familiar, ha sido magnificado, manipulado y llevado a niveles de una psicosis social inducida.

Inducida por grupos y cofradías secretas integrados por políticos inescrupulosos y pervertidos, inducida por los medios de comunicación desenfrenados y puestos al servicio de la anarquía y la sedición, e inducida también por la ingenuidad enfermiza de una parte importante de la comunidad en que vivimos, proclive a dar crédito a cualquier patraña, a cualquier cuento temebroso que se parezca a las series de televisón que se popularizan a base de vender sangre y horror. La violencia que indudablemente existe, aunque en un grado muchísimo menor de lo que pretenden algunos de los columnistas más leídos, los conductores del momento y los maestros de las Redes Sociales que cuentan con millares de seguidores, especie de esclavos para los que sus Tweets equivalen a la palabra divina.

¿Qué misterioso influjo nos ha traído hasta aquí, a este momento inexplicable y terrible en que nos encontramos? ¿Cómo, cuándo y por qué abrimos la puerta de par en par, e irresponsable y temerariamente dejamos entrar al enemigo más terrible a todos los lugares, a todas las ciudades y todos los espacios, y hasta el último rincón de nuestros hogares, que supuestamente son sagrados y decimos proteger celosamente? Ese enemigo que habiéndose metido por todas partes será muy difícil de expulsar es la post verdad que, como todos sabemos, se crea artificialmente con un fin deliberado, y usualmente perverso. Y los conductos que se utilizan para que circule la post verdad son, como ya dije, los medios y los mensajes en las redes sociales, los famosos re tweets (RTs) y, muy importante los chismes de boca a boca, o de boca a oído, que son particularmente dañinos, como lo demuestra la conocida anécdota del teléfono descompuesto.

El tema, hoy por hoy, es la violencia. Tema o pretexto, como usted lo prefiera. Yo en lo personal pienso que es un pretexto, que como suele suceder parte de un hecho cierto, pero que casi de inmediato se distorsiona y magnifica para que produzca los efectos premeditados. El incremento en la inseguridad, que también es otro hecho indiscutible, ha dado pie a que las comunidades de Hermosillo, Ciudad Obregón, Guaymas y demás municipios del estado, presten oidos y den crédito a toda la variedad de fantasías sangrientas que las mentes calenturientas y malignas se les ocurre inventar. Partiendo de esta optica y con base en estos razonamientos, considero que la sociedad es parcialmente responsable de que el clima de intranquilidad haya crecido y se esté esparciendo como una espora maligna.

El otro 50% de la fórmula está conformada por las autoridades de los tres niveles, y por los medios de comunicación, incluidos los mensajes en Redes Sociales cuyos efectos, como bien sabemos, son particularmente corrosivos. Mientras que los comunicadores y los operadores de redes sociales actúan libremente y sin cortapisas y limitaciones, excepto las que les pueda imponer la propia voz de sus conciencias, las autoridades -los gobernantes, pues- se ven constreñidos por varias cosas: por la ley que les marca lo que pueden hacer y lo que no pueden hacer, por la maraña de formalidades reglamentarias, por la infiltración de elementos nocivos en sus corporaciones e instituciones, y finalmente por sus propias incapacidades y por la extensa red de complicidades y compromisos que existen. Como podemos ver, los impedimentos no son poca cosa.

Me da mucho gusto comprobar que poco a poco ha ido creciendo la cantidad de columnistas y comunicadores con peso e imagen ante la opinión pública que, acatando la voz de sus conciencias, y actuando bajo el código de ética personal que cada quien se haya impuesto para desarrollar su trabajo en el periodismo, empiezan a actuar como muros de contención ante el peligro que nos amenaza. Sus mensajes de advertencia, los datos y cifras que proporcionan y que nos ubican, y el planteamiento de una realidad considerablemente alejada de la estridencia y la manipulación perversa, resulta sumamente alentadora y refrescante, en medio de las miasmas pestilentes del chisme y la exageración de la masa inconsciente.

Recomendación final: No dar vuelo a la imaginación calenturienta, ni hacerles el juego a los enemigos del orden, de la concordia y la paz social, cuyo único propósito es dañar el ya de por sí frágil tejido social, y el lastimado y vulnerable entramado institucional que tenemos. No prestar oídos a los chismes y mitotes que surgen, crecen y proliferan como virus maligno en las familias, en las oficinas y centros de trabajo, en las escuelas, en los cafés y lugares de reunión, en las calles y las plazas y mercados, que se han convertido en enormes y muy efectivas cajas de resonancia, y en auténticas incubadoras del mitote y la falsedad.

Agradeceré su comentario a continuación, o envíelo a oscar.romo@casadelasideas.com
En Twitter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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