La música, tesoro universal

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en La música, tesoro universal 13

Amigas… Amigos…

 

Heme aquí, de nuevo ante ustedes y entre ustedes, que se han convertido por derecho propio en mi familia ampliada, si ustedes me conceden el privilegio de considerarlo así.

 

Después de la situación altamente traumatizante por la que acabo de atravesar, junto con la totalidad de mi querida familia, por un tiempo llegué a pensar que no conseguiría superarlo y sobreponerme al golpe, hablando desde luego a título personal.

 

Pero con el correr de los días, y después de largas noches plagadas de sensaciones, de imágenes y de vivencias, en las que el sueño se negaba a venir en mi auxilio, poco a poco he ido saliendo del pesado sopor anímico en que me encontraba hundido hasta el cuello, como en un charco de negrura profunda y espesa.

 

Vuelvo a mi querencia. Retorno a lo que tanto amo y disfruto: escribir, y últimamente, desde hace algún tiempo, a comunicarme con ustedes a través de estos video-comentarios, en los cuales voy dejando trozos de lo que soy, vibraciones de lo que pienso y siento, con la confianza plena de que ustedes serán indulgentes, y que aceptarán mis dislates y divagaciones como buenos amigos que son.

 

Muchos de ustedes me han pedido con insistencia que les platique acerca de la música, mi gran afición y mi pasión de toda la vida, y aunque no soy ni con mucho un experto o un especialista en la materia, estoy tratando de cumplir con esas peticiones, dentro de las limitaciones del caso, con la serie de video-artículos sobre temas musicales que con mucho gusto les he ido ofreciendo.

 

Hoy que ya me siento un poco mejor, anímicamente hablando, y que empiezo a ver nuevamente con claridad el camino que tengo ante mí, con inmenso placer retomo el tema fascinante que me han solicitado, y que en mi caso particular resulta ser un bálsamo curativo altamente eficaz…

La música, tesoro universal

   

Como todo buen universo, el de la música es infinito. En él existen nebulosas, galaxias, constelaciones, sistemas planetarios, y toda clase de cuerpos celestiales musicales. Cada pueblo de la Tierra tiene su propio mundo musical, y por él y a través de él, expresa quizá la parte más importante de su cultura, la parte que brota del alma y se convierte en el espejo que refleja los infinitos estados de ánimo de su pueblo.

Siete pequeñas notas musicales que, mezcladas en un pentagrama, con sus bemoles y sostenidos, a lo largo del tiempo y en derredor de planeta han dado lugar a millones de obras musicales. La combinación de esas siete notas en manos de los compositores ha generado las grandes obras maestras de la música clásica, folklórica y popular con que los pueblos se han expresado a lo largo de su historia.

De entre las grandes artes, la música es sin duda la que está más cerca y más dentro del corazón humano. Sin menospreciar de ninguna manera a la pintura, la literatura, la poesía, la escultura, el teatro, el cine y demás excelsas expresiones del alma humana, la música es a mi parecer la que más y mejor refleja el espíritu de un pueblo, su esencia, su forma de ser y sentir, su vida y el trayecto que ha tenido que recorrer en su historia.

Desde su aparición sobre la Tierra, el hombre ha ido con su música y la música ha ido con él. Le ha servido para reír y llorar, para demostrar enfado o tristeza, amor, odio, desilusión o admiración por algo o alguien, o simplemente le ha servido como alfombra mágica para viajar en alas del ensueño mientras escucha cualquier melodía.

Pretender abarcar un universo infinito como el de la música en un espacio tan reducido como éste video artículo resulta ridículo, y obviamente no es eso lo que pretendo en esta colaboración. Tan solo deseo ofrecer al lector un vistazo rápido al opulento, maravilloso e inagotable mundo de la música, la de hoy, de ayer y de siempre.

Así que, con todo y las limitaciones del caso, veamos algunas páginas sueltas de la infinidad que los compositores han escrito desde que el mundo es mundo.

¿Cuál sería la primera canción que se escuchó en el planeta Tierra? Imposible saberlo. Seguramente se trató de algunos sonidos elementales emitidos por la garganta de algún cavernícola, por allá en la Edad de Piedra. Luego vendrían los primeros instrumentos de percusión y viento que el hombre inventó, después los de cuerda y así sucesivamente hasta que, por fin, un remoto día la música se convirtió en la expresión del alma humana por excelencia.

Independientemente de la preferencia que se tenga respecto de algún género musical, poca duda existe sobre el hecho de que la llamada “música clásica” constituye la máxima expresión del genio musical humano. Desde el período barroco hasta el romántico, pasando por el clásico y todos las demás etapas, las obras maestras de los grandes compositores representan la más alta expresión y la apoteosis de la inspiración del hombre.

Genios como Vivaldi, Marcello, Bach, Mozart, Beethoven, Rachmaninov, Tchaikovsky, Grieg y el resto de los maestros de la Edad Media, el Renacimiento y los albores de la era moderna produjeron un gran legado que se conserva hasta nuestros días, y sigue siendo motivo de nuevas y magistrales interpretaciones en las salas de concierto de todo el orbe.

No volverán a existir compositores como ésos y, por supuesto, otra música que se compare a la que nos regalaron sus mentes privilegiadas.

Pero también dentro de la música popular hubo genios. Tanto en Europa, como en América e inclusive en Asia y África, surgieron autores y compositores que dejaron honda huella en sus países y regiones de origen.

Gershwin, Berlin, Porter, Rodgers and Hart, Kern y muchos otros en los Estados Unidos. Portillo de la Luz, Garay, Domínguez, Méndez, Matamoros y demás monstruos cubanos. En México Ponce, Carrasco, Villanueva, Castro, Elorduy, Lerdo de Tejada y otros maestros de la música de salón, y más tarde el maravilloso romanticismo de Grever, Lara, Curiel, Ruiz, los hermanos Domínguez, Palmerín, Cárdenas y una larga lista de prolíficos compositores se encargaron de inundar nuestro País de bellas melodías que embelesaron a nuestros bisabuelos y aún nos deleitan a nosotros hoy en día.

Para mí, hablar de música resulta tan natural y deleitable como respirar. No concibo la vida sin la música y, sin ser un experto ni mucho menos, puedo distinguir entre la música de calidad y la chatarra. Uno de los factores clave para distinguir una de otra es su permanencia en el tiempo y el gusto de la gente. Pienso que la principal característica de la música de hoy es su intrascendencia, lo efímero de su permanencia en el gusto popular. Me parece también que esto constituye otro signo de los tiempos que vivimos.

Pero por fortuna tenemos el gran tesoro musical que heredamos de los buenos tiempos. Y mientras que en la actualidad una tonada dura apenas dos o tres meses en las preferencias, hay obras imperecederas, como por ejemplo Stardust [Polvo de Estrellas], música de Hoagy Carmichael y letra de Mitchell Parish, que probablemente sea la canción más grabada en la historia de la música norteamericana.

De acuerdo con los musicólogos conocedores y los expertos, la introducción de esta hermosa canción [Stardust] es incluso más bella que la parte temática central, lo cual constituye algo completamente fuera de lo común. Tan es así que incluso el inmortal vocalista de los ojos azules y de la magnética personalidad, nativo de Hoboken, N.Y., mi ídolo de todos los tiempos, el inmenso Francis Albert “Frank” Sinatra [1915-1998], realizó una preciosa grabación exclusivamente con la parte inicial de la melodía. Algo realmente insólito en la historia de la música popular estadounidense. Para muchos, la de Sinatra es la mejor versión realizada jamás de esta canción, incluso superior a la de Nat ‘King’ Cole, que es realmente bellísima.

He aquí la liga, por si quieren escuchar la extraordinaria versión de Stardust, cantada por Frank Sinatra:

https://www.youtube.com/watch?v=2z-nzIUcVAA

Aprovecho la oportunidad para comentarles que, a lo largo de su carrera profesional, Sinatra grabó más de mil 300 canciones, y participó en más de cincuenta películas. Recibió multitud de premios y homenajes, entre los que se cuentan diez premios Grammy, otorgados por la Academia de Artes y Ciencias de la Grabación, y la Medalla de la Libertad del gobierno estadounidense, e incluso le concedieron un Óscar como mejor actor secundario por su actuación en la excelente película “De Aquí A La Eternidad”.

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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