La música cubana

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en La música cubana 43

Este escrito se sustenta en las notas y documentos que guardo en mis archivos, y en mi propio conocimiento de la hermosa música que nos llegó de Cuba, la isla de la música y el baile.

 

No tengo la menor duda de que entre los cuatro o cinco lectores que me hacen el favor de leer las tonterías que escribo, hay uno o dos que son aficionados a la música. Tal vez otro par que son auténticos melómanos, conocedores de los diversos géneros musicales que existen. Y quizá muchos tengan solamente un conocimiento superficial y un gusto indefinido. Pero dicen que todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar, así que me voy a atrever a ofrecerles una descripción breve de lo que es la música maravillosa de Cuba, y los principales tipos que han surgido de esa isla que históricamente ha sido y es esencialmente música, ritmos y baile.

 

Tuve la suerte de visitar Cuba a finales de la década de los ‘90s, en un viaje memorable que guardo celosamente entre mis experiencias de vida más preciadas. Gracias a ese viaje pude conocer una parte de la isla, y tener contacto directo con su gente, que en las calles, en las plazas y sitios pintorescos, en los bares y lugares típicos mantienen vivo el espíritu de la música que suena todo el día por todos los lugares.

 

Bajo en control férreo que ejercía Fidel Castro en aquel momento, en condiciones económicas precarias por el bloqueo impuesto por los EU y por las restricciones y el racionamiento establecido por el gobierno revolucionario, los cubanos seguían cantando y bailando con una alegría que me dejó impresionado. Pobres al grado de miseria, sujetos por el cuello por un sistema totalitario, y entre los hermosos edificios en ruinas de La Habana, los cubanos seguían siendo un pueblo alegre, optimista y fiel a su revolución, y defensores de Fidel, al que ellos llamaban “El Caballo”. No obstante, bajo la superficie se podía percibir un cierto cansancio, una suerte de rebeldía incipiente que indicaba un estado de ánimo ambivalente, y el deseo de recuperar la libertad plena a la que siempre han tenido derecho.

 

Siendo yo desde siempre un adicto a la música del Caribe, muy en espacial a la de Cuba, fue inevitable que en aquel viaje me trajera un buen paquete de CDs de música cubana, que forman parte de los tesoros musicales que conservo en mi colección. Música de los compositores Sindo Garay, César Portillo de la Luz, Frank Domínguez, José Antonio Méndez, Ernesto Lecuona, y otros inmortales, así como CDs de grandes soneros como “Compay” Segundo, “Puntillita”, “Cachao”, Ibrahím Ferrer y Elíades Ochoa,  las damas del “filin” cubano Omara Portuondo, Elena Burke, Soledad Bravo, y los grandes cantantes Lino Borges, Barbarito Díez, Antonio Machín, Vicentico Valdés, Beny Moré, Pío Leyva, Pacho Alonso y una lista interminable de maravillosos intérpretes e instrumentalistas.

 

Regresando al tema original, diré que Cuba es el país que ha dejado el mayor legado a la música popular del siglo XX, por el gran número de instrumentos de percusión tales como la conga, el bongo, los timbales, maracas, claves, güiro, y chékere; y los distintos ritmos que lanzaron al mundo, como el son, el bolero, la guaracha, el sucu-sucu, la rumba, la conga, el mambo, el cha-cha-chá, la pachanga, el Mozambique y el songo.

 

Por doquier se escucha una prodigiosa marejada de sonidos, una nueva timba que emerge de la terraza de un café, un estruendoso rap que sale de un apartamento, diálogos modulados que vuelan de una ventana a otra, o de un balcón a otro, alargando las últimas sílabas y el timbre de las voces fañosas, voces gangosas heredadas de África, tambores que resuenan en los patios interiores, una radio a todo volumen, los gruñidos de los cerdos, el canto de los gallos, animales que, tras tantos años de penalidades, se han convertido incluso en las ciudades en fieles compañeros de fatigas… un instante de silencio y luego un hombre que pasa por la calle entonando un apasionado bolero:

“No existe un momento del día,

En que pueda olvidarme de ti,

El mundo parece distinto,

Cuando no estás junto a mí…”

 

En el siglo XIX llegaron a Cuba las romanzas francesas, los aires de la ópera italiana y las melodías napolitanas que constituyeron una importante fuente de inspiración para un variado repertorio de canciones locales; entre ellas cabe destacar La Bayamesa, canción que acabó adoptándose como himno nacional.

 

Por su parte, España dejó como herencia la tonadilla escénica y la zarzuela; entre 1910 y 1920 aparecieron las criollas, canciones a menudo impregnadas de ecos afrocubanos como Criolla Calabalí, una canción que tocaba el grupo Sexteto Habanero a mediados de la década de 1920, y las romanzas como María de la O, Cecilia Valdés o María Belén Chacón. Con los años, todas estas canciones fueron reemplazadas por el bolero criollo, que surgió en Oriente a finales del siglo XIX, lento y sentimental, pero con un ritmo muy marcado, por lo general con un bongó. Este empezó siendo exclusivo de trovadores como Compay Segundo, quien acompañaba su canto con una guitarra, y que se dio a conocer en el extranjero a mediados de la década de los ‘90s. Posteriormente esta clase de bolero cantado a dos voces, fue interpretado por varios tipos de formaciones musicales, incluidas las grades orquestas.

 

EL SON

 

Con distintas variantes locales como en nengón, el kiriba, el chagüí o el sucu-sucu, se constituye como la columna vertebral de la música popular cubana y de la salsa en versión estadounidense. Los músicos lo suelen combinar de manera totalmente natural con otros ritmos como el bolero, la guaracha o el danzón y, de hecho, en un momento dado surgió el son-rap.

 

EL BOLERO

 

La etapa más rica del bolero cubano transcurre entre 1943 y 1955, una década verdaderamente de Oro. Es la hora en que culmina la unión cancionística tradicional, la lírica, con la buena influencia de la canción norteamericana y mexicana, y se vislumbra un nuevo feeling. Lágrimas Negras, de Miguel Matamoros, fue el primer bolero-son, un género mixto que luego llamarían de fusión.

 

LA GUARACHA

 

Es un tipo de canción o baile emparentado con el son, pero de ritmo más vivo y letras más humorísticas, nacido en el siglo XVIII en las tabernas y los prostíbulos del puerto de La Habana. Durante el siglo XIX se introdujo el teatro buffo, un teatro de vodevil de origen napolitano, pero con repercusiones típicamente cubanas; más tarde, en el siglo XX, pasó a formar parte del repertorio de las orquestas de baile.

 

El DANZÓN

 

A finales del siglo XVIII, los franceses que migraron a Cuba llevaron consigo la “contradanza”. En 1809 un periódico de La Habana declaraba escandalizado que la “contradanza” era un invento indecente, diametralmente opuesto al cristianismo; tanto sus gestos y movimientos lascivos como su obscena vulgaridad que enerva el cuerpo, excita los sentidos e incita a la concupiscencia. A pesar de todo, este baile símbolo del libertinaje, acabó imponiéndose, y tras impregnarse de los ritmos africanos del país, se afirmó en la llamada “contradanza”. A su vez, con el tiempo la contradanza evolucionó convirtióndose en danza, hasta terminar por dar lugar al danzón, a finales del siglo XIX.

 

Al principio el danzón originario de Matanzas, era interpretado por las típicas orquestas formadas por grandes cobres (vientos), güiro y unos timbales especiales descendientes de los timbales militares que los soldados negros de los batallones habían introducido a finales del siglo XIX. Fue así como a mediados de la década de los ‘20s pasó a ser tocado por las charangas, formaciones musicales más ligeras a base de violines, flauta, güiro, contrabajo, piano y paila.

 

EL CHA-CHA-CHÁ

 

Popularizado por la Orquesta América hacia 1952, sacudió toda La Habana. Según cuenta Enrique Jorrín -su creador- el nombre de Cha-Cha-Chá está inspirado en el chasquido que hacen los bailarines al arrastrar los pies. Al poco tiempo, tanto la Orquesta Aragón como la de Riverside, o la de José Fajardo incorporaron el cha-cha-chá a sus repertorios, y en seguida el baile consiguió conquistar al mundo entero.

 

El general Fulgencio Batista fue electo Presidente dos veces: 1940-1944 y 1952-1959, y a lo largo de la década de los ‘40s proliferaron los clubes de música y surgieron nuevos cantantes como la genial Celia Cruz, Celina González “La Reina de la Canción Campesina”, cuyo gran éxito “Santa Bárbara” está inspirado en la santería. En 1948, con “La Engañadora”, Enrique Jorrín dio a luz al cha-cha-chá, con su inolvidable estribillo “al Prado y Neptuno, iba una chiquita, que todos los hombres la tenían que mirar…”

 

En esa misma época el gran rival de Arcaño, el genial tresero y contrabajista Arsenio Rodrígiez (apodado “El Ciego Maravilloso” a causa de su ceguera y talento), creó un nuevo tipo de orquesta de son: un conjunto compuesto con tres trompetas, piano, contrabajo, tres congas y cantante. Este artista más tarde se fue de la isla a España, para finalmente establecerse en Nueva York, donde finalmente murió, en 1971.

 

Este repaso de la música cubana pretende ser un sencillo recorrido descriptivo, breve pero suficiente, de una parte tan solo de la rica música cubana, sus ritmos, sabores, compositores e intérpretes, emblemáticos todos e iniciadores de los géneros musicales que hicieron trascender esta música maravillosa no solo a lo largo y ancho del paisaje de la isla, sino a través de todo el Continente Americano, y de la mayor parte del planeta Tierra.

 

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

 

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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