La Marioneta

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en La Marioneta 29

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.

Escucharía cuando los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto no solo mi cuerpo, sino también mi alma.

Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el Sol.

Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la Luna.

Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas y el encarnado beso de sus pétalos…Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida…No dejaría pasar un solo instante sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.

Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.

A un niño le daría alas, pero dejaría que él solo aprendiese a volar.

A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres…

He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por primera vez el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.

He aprendido que un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.

Son tantas las cosas que he aprendido, pero finalmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.

* * * * *
La vida, la muerte, el tiempo de existencia, y nosotros los humanos… Lo que somos, lo que soñamos, lo que hacemos y decimos… nuestra forma de ser, de pensar y de actuar… Nuestras realidades y nuestras fantasías… el ser o el tener, como principios fundamentales de vida que, a fin de cuentas, nos definen, para bien o para mal…
Amigos:
El escrito que les presento en la parte principal de este artículo ha sido atribuido a Gabriel García Márquez, el inconmensurable “Gabo”, quien supuestamente lo escribió al enterarse de que el cáncer que lo aquejaba había recrudecido.

Sin embargo, personas que lo conocieron íntimamente (o dicen haberlo conocido muy de cerca) sostienen que García Márquez no es, ni puede ser, el autor de ese bello trozo de prosa que les he compartido. Dicen que, por principio, “Gabo” no era creyente y que, además, el tono plañidero de la poesía no corresponde con el carácter del brillante escritor. Puede ser que sí, o puede ser que no. Lo importante, en este caso en particular, no es tanto quién lo haya escrito, sino el contenido del escrito.

Como sea, si García Márquez es o no es el autor de esta poesía, o prosa sin rima, como ustedes quieran, ese hecho no le resta belleza y profundidad al escrito. Posee, a mi juicio, una especie de dulzura melancólica que ciertamente puede corresponder a alguien que ve venir el momento final de su existencia, y que trata de comunicarse con su creador en plan íntimo.

Entre paréntesis, hay en Netflix una serie tipo documental de National Geographic en que el gran actor Morgan Freeman realiza y narra una investigación sobre Dios, la muerte, y la vida después de la muerte, vistas desde diversas culturas y visiones religiosas en diversas partes del mundo, entre ellas México. Vale mucho la pena, y nos obliga a reflexionar a profundidad. Se las recomiendo ampliamente.

¿Quién puede saber con exactitud lo que ocurrirá en su mente y en su alma al ver aproximarse la muerte inexorable? ¿Quién puede decir con certeza cuáles creencias y cuáles principios serán renegados -o ratificados- por cada uno de nosotros, en ese momento fatal?

Podemos entonces, con toda tranquilidad, pensar que el escrito es autoría de García Márquez, o de cualquier otra persona que ha intentado ponerse en los zapatos de “Gabo” en ese momento tan delicado de su existencia, que imaginamos muy rica en todo tipo de situaciones de vida. Tanto en un caso como en el otro, resulta mucho más importante el contenido del mensaje, que el mensajero mismo, por ilustre que éste sea.

Ojalá disfruten ustedes de este hermoso escrito tanto como lo hice yo. Y le encuentren el lado positivo, que indudablemente lo tiene, si somos capaces de escudriñar entre las letras para llegar al fondo del bellísimo mensaje.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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