La gota y la roca

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en La gota y la roca 55

A lo largo de muchos años la gota estuvo cayendo sin cesar sobre la imperturbable roca de granito, hasta que finalmente un día consiguió perforarla. Una gota insignificante de agua tuvo el poder suficiente para horadar el duro material, y el secreto de su éxito fueron la persistencia y la constancia. El viento también logra efectos asombrosos al soplar sobre las montañas durante largo tiempo, logrando moldear su superficie en formas y texturas asombrosas. Lo que a simple vista luce imposible de lograr, es posible conseguirlo mediante esos dos formidables elementos: la persistencia y la constancia. A veces una simple gota de agua cayendo con persistencia y constancia, es capaz de lograr efectos más impresionantes que una serie de violentos golpes de martillo.

Persistencia, constancia… y tiempo, el otro elemento que no puede faltar en la demoledora ecuación. En nuestro país la gota corrosiva de la crítica de la oposición de izquierda estuvo golpeando la roca de las instituciones creadas para dar sustento y funcionalidad a la República. Noche y día, minuto a minuto, durante largos años, la gota cayó y golpeó la roca institucional, hasta que finalmente terminó por hacer en ella un enorme boquete que está a punto de volverla inservible, para usos funcionales prácticos.

Credibilidad y confianza. Son dos elementos esenciales que resultan indispensables para que las instituciones funcionen correctamente. La crítica persistente y constante golpeando sobre las instituciones termina por pulverizar la credibilidad y la confianza que deben tener las instituciones y que, en el mejor de los casos, terminan por reducir su eficacia a prácticamente nada. En diferentes momentos esa estrategia ha funcionado en diversos países del mundo, y desde luego México no es la excepción.

Cuando se destruye la credibilidad y la confianza en las instituciones con el fin de conseguir determinados efectos políticos, pero no se construyen a la vez otras opciones que las sustituyan de manera que el aparato de gobierno se mantenga funcionando, las consecuencias son desastrosas. Y lo estamos viendo en estos precisos momentos, con la tragedia que recientemente acaba de ocurrir y que cobró la vida de cinco personas, entre ellas la del ex gobernador Rafael Moreno Valle y su esposa Martha Erika Alonso, recientemente había sido confirmada por el TEPJF como nueva gobernadora del estado de Puebla.

Andrés Manuel López Obrador, Presidente Constitucional de México y líder indiscutible de las izquierdas en el país, estuvo dejando caer una gota de crítica ácida sobre los gobiernos de la República y sus instituciones, durante cerca de veinte años. En forma persistente, constante y machacona, se dedicó a golpear a diestra y siniestra al aparato de gobierno y su sistema institucional, hasta dañarlos en forma grave y tal vez irreparable.

La consigna fue destruir, hacer añicos las instituciones atacando su base indispensable de confianza y credibilidad, pero al no contar con el poder para sustituir las instituciones sometidas a destrucción con otras que fueran mejores y más eficientes, quedó abierta la posibilidad del fracaso. Esa permanente labor destructiva se convirtió en la base estructural de su Cuarta Transformación, cuyo lanzamiento despertó entusiasmo en millones de seguidores suyos que no alcanzaron a entender que esa Cuarta Transformación, sin el apoyo de instituciones fuertes y confiables, produciría lamentables resultados.

En apenas 24 días de ejercicio del poder, la tragedia ocurrida puso en evidencia la sombría realidad: El gobierno de la Cuarta Transformación no dispone del sustento de instituciones fuertes, plenamente operativas y que cuenten con la confianza plena del pueblo mexicano, que sigue observando con ojo crítico todos los esfuerzos que hacen el nuevo gobierno y sus endebles dependencias para explicar lo que ocurrió en el percance ocurrido el día previo a la Navidad. Se cosecha lo que se siembra, y lo que se ha sembrado durante casi dos décadas ha sido el odio, la confrontación y la destrucción sistemática.

Hoy que Alfonso Durazo Montaño, titular de la muy tierna y experimental Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, se convierte en el foco de atención nacional y se presenta ante el pueblo mexicano pidiéndole que no caiga en especulaciones, que no haga caso de rumores y noticias falsas y que tenga confianza en las instituciones, se topa de cara con la amarga realidad de que los mexicanos hoy en día ya no creen en nada ni en nadie, y no tienen confianza en ninguna institución, porque los que en estos momentos tienen en sus manos el poder, durante años se dedicaron a demolerlas desde un partido de izquierda, y luego desde otro.

Confianza y credibilidad. Polvos de aquellos lodos que el tiempo y las circunstancias políticas resecaron. Accidente o atentado. Error humano, falla mecánica, acto deliberado, conjunción de circunstancias desafortunadas. Especulaciones, “sospechosismo”, incredulidad, escepticismo en un pueblo que desconfía hasta de su sombra… los peores y más dañinos ingredientes mezclados dentro de un explosivo coctel político y social. A las consecuencias y repercusiones de un evento de esta naturaleza y magnitud, y en momentos tan complicados como los actuales, solo se les puede hacer frente mediante autoridades e instituciones política y éticamente solventes, y con base en las evidencias disponibles podemos afirmar que en estos momentos no las tenemos en nuestro atribulado y convulso país.

En este nuevo evento, que se maneja entre teorías conspirativas e inciertos diagnósticos forenses, como todos los otros que registra la historia reciente, solo conoceremos la verdad que nos ofrezcan las instancias oficiales encargadas de la investigación de los hechos. Y esa “verdad” será aceptada a regañadientes y con gran desconfianza, igual que ha sucedido en todas y cada una de las investigaciones que se han realizado en torno a sucesos trágicos ocurridos en el pasado. Que yo recuerde, ninguna de ellas ha sido capaz de disipar a plenitud las dudas e interrogantes que inevitablemente surgen cuando muere en forma inesperada y sospechosa  alguna destacada figura del mundo político nacional.

La premura con que las autoridades recién inauguradas salieron a hacer las primeras declaraciones y ofrecer los primeros resultados, cuando aún humeaban los restos del helicóptero siniestrado, han generado un mal ambiente, y han hecho fruncir el ceño a una gruesa parte de la ciudadanía mexicana. Ha habido manifestaciones sumamente rudas y pesadas tanto en los medios electrónicos como en las redes sociales, especialmente en estas últimas, que han hervido de furor y de acusaciones y contra-acusaciones. Unas redes sociales que, hay que decirlo con todas sus letras, desbordadas y en plena efervescencia opositora ya estaban fuertemente impregnadas de reproches hacia el nuevo gobierno, por la inusual cantidad de errores y dislates cometidos, desde mucho antes de hacerse cargo formal del gobierno del país.

En los muchos años que cargo sobre mis espaldas, nunca había sido testigo de un inicio de gobierno tan accidentado e inestable como este. No es por la llegada al poder del primer gobierno de izquierda, sino más bien por la forma en que ha llegado, y el tipo de avisos que está enviando hacia todos los sectores de la población. No es la difusa promesa de una Cuarta Transformación, que incluso muchos opositores vemos como necesaria y conveniente, sino la indefinición total de sus características y propósitos. El no saber cuál es el destino que nos espera, y cuál es la ruta que habrá de seguir el pueblo mexicano para llegar a él, actúa como un poderoso acicate para la rebeldía y el peligroso incremento del encono social que estamos experimentando.

En la antesala del primer año del sexenio 2018-2024, y sea cual sea el resultado oficial de las investigaciones que se están realizando respecto a la lamentable tragedia de Puebla, las señales que estamos recibiendo son profundamente inquietantes. A nadie en lo absoluto le agrada iniciar de esta manera un año que ya se adivinaba lleno de complicaciones y vicisitudes, y todos los mexicanos, sin excepción, nos veremos obligados a echar mano de nuestras probadas reservas de fortaleza y de esperanza, para poder superar con éxito los tremendos retos que nos plantea el futuro inmediato.

Ofrezco a usted y su familia mis mejores deseos de paz y tranquilidad, de salud y bienestar, y de felicidad y prosperidad para este nuevo año que ya se anuncia. Que de alguna manera se disipen los negros nubarrones que oscurecen el firmamento, y que juntos podamos los mexicanos encontrar al ambiente propicio para salir del barranco en que nos están metiendo, a base de empujones y malas decisiones.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top