La democracia que nos elude

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en La democracia que nos elude 41

“Democracia, de las raíces griegas ‘demos’ (pueblo) y ‘kratos’ (autoridad).
Forma de gobierno donde el poder es ejercido por el pueblo, mediante mecanismos legítimos de participación en la toma de decisiones políticas. En la democracia es donde el pueblo ejerce su soberanía.
Si no somos realmente democráticos ¿cómo entonces ejercemos nuestra utópica soberanía?”

El momento electoral que estamos viviendo obliga a revisar el significado de algunos términos y conceptos de uso constante, pero que surgen con fuerza en tiempo de elecciones, cada tres y cada seis años, igual como las ranas surgen del lodo cuando llegan las primeras lluvias. El término que sin duda domina durante un proceso electoral, en nuestro país y en cualquier otro, es “democracia”, cuyo significado y raíces etimológicas aparecen debajo del encabezado de este artículo. Pero no es suficiente con eso, y por ello -si el amable lector me concede licencia- voy ponerme un tanto académico, para lo cual me apoyo en el infalible Google, que suple con creces “la falta de ignorancia” de un tipo que, como su servidor, presume de ser un aprendiz de escritor.

¿Qué es democracia, entonces? Académicamente hablando, es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. La democracia se puede definir a partir de las formas de gobierno planteadas por Platón, primero, y Aristóteles, después, en tres tipos básicos: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno de ‘los mejores’ para Platón y ‘de los menos’ para Aristóteles), y democracia (gobierno ‘de la multitud’ para Platón, y ‘de los más’ para Aristóteles).

En una democracia el mecanismo fundamental de participación de la ciudadanía es el sufragio universal, libre, igual, directo y secreto, por medio del cual los ciudadanos eligen a sus dirigentes o representantes para un período determinado. Las elecciones se llevan a cabo por los sistemas de mayoría o representación proporcional, o combinación de ambos. El máximo representante de los ciudadanos en una democracia es quien ejerce el poder ejecutivo, es decir, el presidente del gobierno. No obstante, otros cargos ejecutivos de rango regional o local, lo mismo que cargos legislativos, son también atribuidos democráticamente mediante el voto. En este sentido, la democracia es también el gobierno de las mayorías, pero sin dejar de lado los derechos de los individuos, y sin desatender a las minorías.

La democracia, como sistema de gobierno, puede existir tanto en un sistema republicano como en uno de carácter monárquico de tipo parlamentario, donde en lugar de la figura de presidente existe la de primer ministro, con atribuciones muy semejantes. La democracia, por otro lado, puede ser entendida como una doctrina política y una forma de vida en sociedad, y su principal función es el respeto por los derechos humanos, consagrados por la Organización de las Nacionales Unidas (ONU), la protección de las libertades civiles y los derechos individuales, y la igualdad de oportunidades en la participación en la vida política, económica y cultural de la sociedad.

Como democracias son también designados los países que asumen esa forma de gobierno: “Las democracias del mundo piden justicia”. La mayoría de las democracias del mundo cuentan con una Carta Magna o Ley Suprema -Constitución General, en nuestro caso- como guía para los legisladores y como garantía para los ciudadanos, con el objetivo de hacer valer sus derechos, y regular la actuación del gobierno en turno. El término democracia es extensivo a las comunidades o grupos de personas donde todos los individuos participan en la toma de decisiones: “Aquí se decide qué programa de televisión vamos a ver como en una democracia”.

Tomando en cuenta lo dicho por Platón y Aristóteles, se puede definir como democracia al gobierno de la multitud o de la mayoría.

Hay democracia indirecta o representativa cuando las decisiones son adoptadas por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes legítimos. Hay democracia participativa cuando se aplica un modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influecia directa en las decisones públicas, o cuando se facilitan a la ciudadanía amplios mecanismos plebiscitarios consultivos. Finalmente, hay democracia directa cuando la decisión es adoptada directamente por el pueblo mediante plebiscitos y referéndums vinculantes, elecciones primarias, y la facilitación de la iniciativa popular, concepto que incluye la democracia líquida. La democracia líquida o democracia delegativa revocable es una forma de democracia directa que incluye la posiblidad de delegación de voto revocable de forma instantánea, de ahí su liquidez. Términos relacionados son la democracia directa electronica, democracia participativa digital o democracia real electrónica, aunque en este caso no existe la posiblidad de delegar el voto. En todo caso, hay que distinguirla de la democracia delegada, que es otra denominación para la democracia restrictivamente representativa.

Las democracias indirecta, participativa y directa no son excluyentes entre sí, y suelen integrarse como mecanismos complementarios en determinados sistemas políticos, aunque siempre suele haber un mayor peso de una de las tres formas en un sistema político específico. Finalmente, no debemos confundir ‘República’ con ‘Democracia’, porque se refieren a principios distintos: La República es el gobierno de la ley, mientras que Democracia en los términos más amplios y conocidos significa “gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”.

Nuestra sui géneris democracia

Abandonando lo académico, pero apoyándonos en los conceptos mencionados para entrar de lleno en la esfera del criterio personal del suscrito, se puede afirmar que la democracia en cualquier parte de nuestro México es cualquier cosa menos una democracia o, siendo menos severos en el juicio, es a lo sumo “una especie de democracia muy sutil”, con lo cual se entiende que estamos hablando de una democracia entre corchetes y con limitaciones muy grandes, y asegunes todavía peores. Analice usted punto por punto las definiciones y descripciones de los tipos de democracia que existen y que he descrito, y luego dígame si aplican, siquiera mínimamente, en lo que en nuestro país llamamos pomposamente, aunque errónea, viciosa y tendenciosamente “democracia”.

A lo largo de los años muchas veces he leído y escuchado decir que los mexicanos como pueblo no podemos ser y jamás seremos realmente democráticos, en buena parte por nuestras raíces étnicas mestizas, en las que el autoritarismo feroz de los conquistadores y la hipócrita sumisión indígena se combinaron para formar un ente con un carácter único, y una forma de ser y de concibir el mundo que nos rodea como ninguna otra en el mundo. Conformamos un fenómeno que no encaja en ninguna clasificación sociológica. Nos gusta que nos digan qué hacer, y nos atemoriza tomar decisiones trascendentales. Compartir la toma de decisiones con otros, da lugar a auténticas batallas campales que llegan a convertirse en verdaderas guerras civiles. El feroz individualismo mexicano llega a ser patológico, y es universalmente reconocido.

Así pues, si individual y colectivamente no somos democráticos, si no entendemos lo que es la democracia y no aceptamos sus principios básicos, y si nuestro sistema de gobierno es cualquier cosa menos una democracia ¿qué demonios somos y en qué clase de país vivimos, y cuál es realmente la forma de gobierno que tenemos? ¿Una oligarquía (del griego olígos que significa ‘pocos’, y arko que siognifica ‘regular o comandar’)​​​, que es una forma de gobierno ejercido por las familias o los grupos poderosos? ¿Una plutocracia (ploutos: riqueza), que es una forma de gobierno con preponderancia de la clase rica? ¿Una aristocracia (del griego ‘aristos’, sobresaliente, que es una forma de gobierno en el que predomina la clase noble de una nación? ¿Una partidocracia, que es una forma de gobierno en el que las élites de los partidos ejercen el control absoluto en un país, y sobre sus ciudadanos?

Los hechos hablan por sí solos, y la realidad se impone. Si usted lo reflexiona, se dará cuenta de que nos gobierna un ente multiforme, mezcla de las cuatro formas mencionadas en el párrafo anterior: el gobierno que tenemos es parte oligarquía porque ahí están los grupos más poderosos (incluyendo a los cárteles de la droga); parte plutocracia porque intervienen en forma visible y definitiva los ricos más ricos de este país; una aristocracia porque ahí están los políticos de sangre azul-chocolatosa que se pasan el poder unos a otros; y desde luego, es también una partidocracia porque ahí están los partidos políticos y sus cúpulas que perduran, operan y se mezclan, intercambian posiciones, roban, matan, corrompen y se dejan corromper.

Pobre nuestro México, tan lejos de la democracia pura y sin adjetivos, y tan cerca de esta calaña que se revuelca en las heces fecales del mundo político nacional.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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