La cuesta de enero

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en La cuesta de enero 34

“Iniciar un nuevo año siempre resulta un momento difícil, y una tarea sumamente compleja. Ciertamente, empezar un nuevo año es complicado y hasta cierto punto atemorizante, pero me parece que nunca antes ha sido tan difícil como ahora, al menos desde mi muy particular apreciación”.

Con estos comentarios inicié mi primer artículo del año, publicado el jueves anterior en esta “Casa de las Ideas” que es mi hogar, mi refugio, la tibia y acogedora covacha donde me acurruco y me siento cómodo y seguro. Conforme transcurren los días, observo y escucho los comentarios que en torrente se derraman en los medios escritos y electrónicos, y sobre todo en las caudalosas redes sociales que no paran ni de día ni de noche. Y confirmo que el nivel de inquietud y de zozobra que existe en el país es real, y que va creciendo, conforme se acumulan las evidencias sobre la clase de gobierno que nos ha llegado, para beneplácito de algunos, y para otros en mala hora.

Escribí también: “En el umbral de los tiempos que se anuncian, el ánimo flaquea y la voluntad se reduce, dejándonos tan solo el pálido reflejo de aquel valor de sangre y de raza que nos distinguía, y que hoy parece diluirse con cada golpe, y con cada nueva e insensata ocurrencia”. “En estos momentos de zozobra e inquietud es que abrimos los ojos del corazón y del entendimiento, aturdidos y sobrecogidos de miedo ante la posibilidad de perderlo todo, o una parte. El peligro que nos aterra no es el cambio en el poder de un partido político por otro, ni de un hombre o grupo de hombres que tomen las riendas en lugar de otros”.

“Lo esencial no es lo que podamos ganar con esos cambios, sino lo que podemos perder”.

La “Cuarta Transformación”, que en sus pútridas entrañas oculta toda clase de sorpresas y decepciones, se nos irá revelando poco a poco, conforme se desarrolle la gran tragedia que estamos visualizando yo y muchos otros opositores al régimen en turno. Opositores no tanto por ideología, sino por elemental instinto de conservación. Opositores al desbarajuste, opositores al despilfarro manifiesto de recursos en “soluciones” que no tienen pies ni cabeza, opositores al brillo engañoso de los ofrecimientos populistas que arrastran multitudes y las esclavizan mediante dádivas que son como las aspirinas, que solo brindan un alivio momentáneo. Opositores, porque entendemos la urgencia de ponernos de pie y levantar la voz ante lo que está sucediendo, antes de que sea tarde.

Existe oposición al gobierno que encabeza López Obrador. Se ve. Se escucha. Se siente. Se percibe con absoluta claridad. El presidente ha tomado la determinación de presentarse todos los días hábiles en unos eventos somníferos que, lejos de cumplir con el propósito de mantener informado al país sobre la marcha de los diversos asuntos (lo cual resulta absolutamente redundante y molesto) se convierten en fuente automática de comentarios críticos e hirientes, derivados de la poca sustancia que contiene la información proporcionada. Las conferencias de prensa, mientras duren, serán la pólvora que abastecerá los cañones de los medios de comunicación y los periodistas opositores.

Hasta el momento se trata de una oposición ruidosa y vociferante, dura, machacona y persistente, pero disgregada, desarticulada, desvinculada y descoordinada. No tiene una estrategia que le dé sentido y dirección, y con ello potencia. No tiene un líder visible, aunque en esta oposición figuran la gran mayoría de los comunicadores más importantes que existen en México, en estos momentos. Articulistas de primer nivel, comentaristas de radio y televisión, líderes de opinión en las redes sociales, personajes anónimos que se ocultan tras un seudónimo y ciudadanos valientes que firman sus mensajes con su nombre real y que publican su fotografía, arriesgando con ello el pellejo. La oposición es real y se escucha, pero no tiene todavía la contundencia necesaria para convertirse en un contrapeso temible. Aún no lo es, y bien pudiera ser que por desgracia nunca lo sea. Depende de diversos factores y circunstancias.

La tradicional cuesta de enero se convierte en el tema central en cada inicio de año. Usualmente se refiere a los pagos que los ciudadanos tenemos que hacer para cumplir con nuestras obligaciones y compromisos, ya sea con los tres niveles de gobierno o con la diversidad de acreedores que insensatamente nos hemos echado encima, en el culto a un consumismo feroz que amenaza con asfixiar a muchos de nosotros. La siempre temida cuesta de enero de 2019 ya se encuentra aquí, pero en esta ocasión ha llegado con nuevos y ominosos componentes que la convierten en algo mucho más temible y peligroso de lo usual.

Este año, además de la cuantía de los compromisos económicos y la creciente falta de recursos para hacerles frente, tenemos una serie de situaciones anormales que complican extraordinariamente el panorama local, regional y nacional. Se mantiene como tema fuerte la absurda cancelación del NAIM y las desastrosas repercusiones negativas que ya han sido explicadas por expertos en la materia. Sigue preocupando la autoritaria decisión de construir un tren que nadie pidió y del que nadie conoce su futuro ni sustentación técnica, pero que costará centenares o miles de millones. Se están manejando mediática y engañosamente las concesiones fiscales especiales que se han decretado para la franja fronteriza norte, como si fueran una panacea para todos los males que agobian a esa estratégica zona del país.

Se ha presentado un sorprendente desabasto de combustible en varias importantes entidades, derivadas de un equivocada y deschavetada estrategia de combate al llamado “huachicoleo”. Las reformas estructurales son un vago recuerdo de un sexenio que se fue y nos dejó como saldo principal una nueva e indefinible situación política nacional, y que nos entregó en manos de una fuerza patológica que amenaza con convertirse en una infección viral. La paulatina destrucción o en su caso colonización, de las instituciones es un fenómeno evidente que parece no tener remedio, agravado con el control recientemente ocurrido, de la Suprema Corte de la Nación, que se consideraba el último baluarte ante la embestida de MORENA.

Como una piedra de toque siniestro y genial, al menos hasta el momento (porque vendrán otros golpes y nuevos asaltos a la tambaleante democracia) se agrega la formación de la Guardia Nacional que el presidente López considera un hecho consumado, aunque aún se encuentre en proceso de aprobación y le haga falta un largo trecho. Una abigarrada y nebulosa corporación que surge del Plan de Paz y Reconciliación Nacional inventado por nuestro paisano Alfonso Durazo Montaño en sus noches de insomnio, y que está recibiendo un fuerte rechazo que tiende a convertirse unánime.

En esta rosca de reyes que el gobierno de la Cuarta Transformación nos ofrece al empezar el año, se coloca como elemento decorativo la negativa del gobierno de López Obrador de apoyar el repudio general hacia el gobierno represivo e inhumano de Nicolás Maduro, encabezado por la Unión Europea y el Grupo de Lima que dicho sea de paso, están siendo acusados (por los moribundos gobiernos de izquierda, naturalmente) de ser instrumentos del gobierno norteamericano. Un auténtico galimatías, por donde se le vea.

Con todos estos ingredientes, más los que se vayan acumulando día con día en el desparpajado quehacer del gobierno en turno, y los paquetes que cada quién agregue en lo particular, se conformará la carga total que tendemos que empujar hacia arriba, en la empinada cuesta que este año no solo será de enero, sino de enero a diciembre. A algunos se les hará polvo el espinazo, a otros se les romperán brazos y rodillas, y al final no serán muchos los que lleguen sanos y salvos a la cúspide de la montaña, que este año pondrá a prueba la capacidad de aguante de todos, sea cual sea la posición y situación que ocupemos en la pirámide social mexicana.

A mis heroicos y muy escasos lectores les deseo que la titánica tarea de remontar la empinada cuesta que nos presenta un ejercicio de gobierno atípico, desordenado y errático (como el que estamos padeciendo en la actualidad) no acabe convirtiéndose en una versión post-moderna del suplicio del mítico Sísifo.

Espero su comentario en: oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

 

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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