La caminera

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en La caminera 455

“Dedicada con justificada ingratitud a la ‘contralora ciudadana’ Guadalupe Ruiz Durazo, funcionaria representativa de lo que ha sido el infame padrecismo”

Dicen por ahí que todo llega en esta vida, lo bueno, lo malo o lo feo, cada cosa por aparte, o todo junto como un ramalazo combinado; como sea pero en esta vida y en este mundo, prácticamente nadie se escapa de recibir lo que merece por sus actos u omisiones. Dicho de otra manera, y como bien saben los agrotitanes de por estos rumbos, el que siembra cosecha y el que no cosecha es porque no siembra… o porque le cayó el chahuixtle, la mosquita blanca, el gusano rosado, o la plaga del amor no correspondido, aunque haya sido bien pagado. El caso es que, como dicen, a todo santito se le llega su día.

Pero también le llega a los diablitos, o para el caso, a las diablitas, que también tienen su corazoncito, sus mañitas, sus muy especiales formas de joderle la vida a cualquiera, y que dan más guerra que un panista suelto en la nómina del gobierno estatal padrecista. Los sonorenses, que somos seres humanos, aunque haya quienes sostengan que somos más bien organismos tipo cyborg creados para recibir guamazos y ser víctimas de las trapacerías de los gobernantes, sabemos todo lo necesario respecto a los diablos y las diablas, porque también en el infierno hay equidad de género, por si usted no lo sabía. Donde creo que no la hay -paridad de género- es en el cielo, por aquello de las once mil vírgenes. Porque a ver, dígame usted por favor ¿dónde es posible encontrar, en estos tiempos de amoroso desenfreno que corren, once mil vírgenes del sexo masculino, y menos aún en el indefinido sexo del reino medio (gay)? Pero en fin, estos son temas escabrosos que queman, hacen tutu y levantan roncha, así que mejor los dejaremos para otro día.

Respecto al título que escogí para este escrito que tiene usted ante sus ojos, “la caminera” hace referencia a la copa que se bebe antes de emprender viaje pa’l rumbo que sea. Vamos a echarnos “la caminera” dicen los beodos cuando no quieren mochar la parranda, y esa caminera jamás es la última, sino la penúltima, porque la última es la que se bebe antes de emprender el viaje final, el más largo de todos, el que empieza cuando se ve la luz el final del túnel, fenómeno que algunos aseguran haber experimentado, y luego regresado para describirlo. Aclarado lo que significa “la caminera”, brindemos pues por la dicha de que ya casi se va la plaga que ha asolado Sonora desde hace seis pavorosos años, una plaga que reúne las características conjuntas de las siete devastadoras plagas que el Dios de Moisés envió sobre los egipcios que se negaban tercamente a liberar a los judíos que tenían esclavizados, acarreando día y noche bloques de piedra para construir pirámides para faraones muertos, esfinges y ese tipo de cosas que hay en los desiertos del otro lado del mundo.

Y dentro de esa plaga inmunda -la de los invasores azules- es necesario destacar una figura que ha hecho, y sigue haciendo, historia dentro de las plagas más dañinas que hayan azotado estas tierras. Como tal vez lo haya adivinado usted, estoy hablando de Guadalupe Ruiz Durazo, que un aciago día en que Guillermo Padrés amaneció con diarrea (estomacal y mental), tuvo a mal designar “contralora ciudadana”, para cubrir la infinidad de manchas de sarna que dejó el contralor no ciudadano, Carlos Tapia Astiazarán, que fue enviado a seguir robando en la Oficialía Mayor, dependencia reinventada para uso exclusivo del mano-larga Tapia. La contralora Ruiz, ciudadanizada por designios del Ejecutivo, aceptó encantada de la vida el cargo que le confirió su jefe y patrón, y así lo expresó con voz trémula y el alma estremecida de gratitud al tomar posesión de su chamba. De ahí pa’l real esta mujer no ha dejado de ser tema de múltiples comentarios a cual más negativos, dentro de los medios y fuera de ellos, en los cafés, las reuniones y tertulias, las cantinas y casas que se consideran de mala nota, quién sabe por qué motivos.

Desde mediados de agosto de 2013, en las fechas en que fue ungida oficialmente como protectora y encubridora de los pillos que infestaron las estructuras burocráticas desde el más alto hasta el más bajo nivel, Guadalupe Ruiz se dedicó con ahínco y entusiasmo inusitado a demostrarle a su patrón Padrés que no se había equivocado al entregarle las llaves del zaguán que cierra el mundo de inmundicia que existe -todavía- en el gobierno de Sonora. Las evidencias documentales y testimoniales demuestran que esta mujer merece el título de “La Tapadera de Oro”, que desde este momento propongo como presea exclusiva de los contralores que se distingan en el servicio de encubrir y solapar las bribonadas de los funcionarios públicos de esta y las futuras administraciones.

El 12 de agosto de 2013, y por intercesión de su esposo, con quien yo tenía una buena amistad, me reuní con esta mujer en la privacidad de mi hogar. Presentes estuvieron su marido y mi señora, que fueron testigos presenciales de lo que esa noche platicamos la nueva contralora y yo. La conversación se tuvo que interrumpir en un par de ocasiones porque la emoción hizo que Guadalupe Ruiz prorrumpiera en llanto, aparentemente embargada por una genuina emoción. Lágrimas que en aquel momento consideré sinceras, y que poco tardé en comprobar que simplemente eran lágrimas de cocodrilo, parte de la actuación teatral que la taimada mujer desarrolló en mi propia casa, y en mi propia cara y las de su marido y mi esposa. Conforme fue transcurriendo el tiempo, y los sucesos se fueron sucediendo y las cosas aclarando, el recuerdo de aquella noche, y de la desfachatez de la contralora, queman mi mente como un tizón ardiente. Y es que a nadie le agrada que le vean la cara, y menos con premeditación, alevosía y ventaja, como sucedió aquella noche que no puedo ni quiero olvidar. La canija vieja me “chamaqueó”, como se dice, y yo caí en la trampa como un pendeko redondo que, por si usted lo ignora, viene siendo la peor clase de pendeko que hay, ya que los pendekos cuadrados son bastante menos peligrosos que los pendekos redondos.

Así pues, llegó 2015, pasaron las elecciones y el ‘pan de la gente’ recibió en las urnas una tunda de padre y señor mío, de parte de los ciudadanos sonorenses que le pasaron la factura a la mayoría de los candidatos padrecistas por el cúmulo de tropelías, ilegalidades y abusos cometidos en el sexenio de la funesta alternancia. Al llegar el tiempo de la transición que debe cumplirse según la ley, y al darse a conocer el equipo por parte del gobierno saliente, nos topamos con la noticia de que la coordinadora y figura principal de este equipo es… ¿quién creen?… pues nada más y nada menos que la inefable “contralora ciudadana” Guadalupe Ruiz Durazo, que se convierte así en un ajonjolí de todos los moles, cuando menos en el final del sexenio que ha sido calificado por tirios y troyanos como el peor de cuantos ha habido en la historia de Sonora.

Y esta sorprendente mujer ha tomado tan en serio su papel que se ha convertido en una especie de mentolato dentro del desfalleciente y desfondado padrecismo. Lo mismo hace de afanadora de los baños de Palacio de Gobierno, que de vocera oficial, de defensora de oficio de los facinerosos que aún quedan en el servicio público estatal, de cuasi-procuradora de justicia que da parte de las ilegalidades que siguen surgiendo, y de abogada de las causas delincuenciales de sus colegas y cómplices. A todo le tira y a nada le da. En fin, todos los días a todas horas, la irrefrenable Guadalupe Ruiz aparece dando la nota, y para su desgracia, la mala nota. Y esto se agrega a la brutal carga de desprestigio que ya carga sobre su espalda.

Esta mujer de rasgos faciales duros y expresión avinagrada, reflejo quizá de las tormentas interiores que trae en su conciencia, ya se va. Y se irá dejando tras de sí una estela de oprobio y descrédito que la seguirá muy  probablemente hasta el fin de sus días, porque su actuación en los dos años que hizo lo que Guillermo Padrés le ordenó hacer, lo amerita, y cuyos efectos nocivos perdurarán durante muchos años, tal vez para siempre.

Estoy bien seguro de que siendo una artista del autoengaño y la creación de argumentos insostenibles, buscará la forma de justificar sus deleznables actos al frente de una dependencia que debe desaparecer, para dejar paso a una nueva forma de contener la caudalosa corriente de corrupción e impunidad que amenaza con arrastrar todo y a todos.

Cuarenta días faltan para que concluya el sexenio de Guillermo Padrés, y son los mismos días que faltan para que desaparezca la epidemia infecciosa de microbios, una de cuyos exponentes más peligrosos es sin duda Guadalupe Ruiz Durazo, una contralora que no pudiendo acreditar su condición de ciudadana, no obstante pudo dejar una amplia y profunda constancia de su condición de lacaya, encubridora y solapadora de los bribones y sus bribonadas que dejaron a Sonora en calidad de cadáver insepulto, como para que bajen los zopilotes a devorar la carroña remanente.

Es momento de levantar nuestra copa para echarnos la caminera, a la salud de la contralora anti-ciudadana que se va con su música, sus declaraciones idiotas, sus argumentos guangos, sus mentiras y tonterías a otra parte. Salud, pues, y que le vaya como debe irle a quienes ofenden tanto y de tantas formas a la comunidad a la que pertenecen. Llegó volando en alas de la hipocresía y la pudrición moral, y se irá arrastrando tras de sí la espesa sombra de sus culpas y la peste asfixiante de una actuación que queda para el posterior juicio de la historia, porque el tribunal ciudadano de la generación actual de sonorenses ya ha emitido un veredicto inapelable de culpabilidad.

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Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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