Infierno

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Infierno 169

Hermosillo, capital mundial del calor. Al menos durante dos días consecutivos nuestra ciudad ocupó el primer lugar en el planeta como la ciudad con las temperaturas más altas, que inclusive llegaron hasta los 50°C a la sombra. Al rayo del Sol sólo Dios sabe a cuánto ascendería la temperatura, pero sin duda fue suficiente como para que el pavimento ardiente pudiera derretir las suelas de hule de los zapatos tenis, o para freír un huevo en el cofre de los automóviles, o para reventar bolsas de palomitas para microondas dentro de cualquier vehículo. Un Sol infernal e inclemente, pues, y un calor no menos infernal y no menos inclemente… ¿Hermosillo o infiernillo?

Pero lo bueno de todo, dentro de una situación de calor extremo que provocó que se agotaran las botellas de suero rehidratante en los súper mercados y tiendas del ramo, es que… ¡aún no llega la temporada de verano! ¿Qué tal? Eso sucederá hasta el próximo día 21 de este mes de junio que, como ocurre desde hace ya muchos años, cuando llega lo hace lanzando rayos y centellas especialmente sobre esta tierra que, en cuanto a temperatura ambiental, nada tiene que envidiarle a un horno para cocinar pizzas. Así pues, estas temperaturas brutales corresponden todavía al clima primaveral de nuestra entidad… ya sabrá usted cuando lleguen las temperaturas veraniegas en pleno.

En algún artículo que publiqué hace varios años afirmé que en el Hermosillo de hoy hace mucho más calor que en el de antes, digamos en el Hermosillo de mediados del siglo pasado. Y también dije que en aquellas épocas llovía más que ahora. Hubo lectores que no estuvieron de acuerdo, y respondieron que en esta ciudad siempre ha llovido igual, o más o menos igual. Sigo pensando y sosteniendo que no es así, y que hemos dañado de tal manera nuestro entorno ecológico regional que hemos terminado por modificar gravemente el microclima urbano. Le hemos dado en la madre, pues, y ahora no hallamos la forma de revertir las muchas y muy grandes estupideces cometidas en aras de un pretendido y mal entendido “progreso”. Jamás hemos querido entender, y menos aplicar, eso que se llama “crecimiento urbano sustentable”.

Simplemente hay que comparar la superficie pavimentada actual en esta ciudad, y la que había a principio de la década de los 50s del siglo XX. Una placa de asfalto y concreto de las dimensiones actuales por fuerza tiene que irradiar cantidades enormes de calor. Por otra parte ha desaparecido gran parte de la vegetación que antes había. En aquellas épocas la ciudad, mucho más pequeña por cierto que la de hoy en día, estaba rodeada por los cuatro costados con huertas, milpas, y sembradíos de todo tipo, lo cual favorecía la generación de humedad y eventualmente la precipitación pluvial.

Hoy nuestra ciudad luce cada vez más desértica y cada vez perdemos más árboles. Por doquier podemos ver los yucatecos moribundos, las ceibas, los eucaliptos, las piochas y los árboles del fuego son cada vez menos y no existen los bosques urbanos y las zonas arboladas que son indispensables para la generación de condiciones climáticas adecuadas para una vida sana y de calidad. Pocas plazas, y las que hay son simples planchas con losetas o concreto estampado, y apenas uno que otro arbolito esmirriado y medio muerto de sed y descuido. Los bulevares, antaño llenos de frondosos árboles, hoy lucen cada vez más despoblados de vegetación, y por supuesto, olvide usted las fuentes que alegran la vista y reconfortan el ánimo de los transeúntes.

Que no vengan entonces a decirnos que las condiciones climáticas de hoy son similares a las de ayer. Y que mucho menos vengan a decirnos que Hermosillo es una de las cinco mejores ciudades del país para vivir. A menos que sea usted cachora o porohui, nada tiene de preferible una ciudad como la nuestra, donde vivimos los que aquí hemos estado desde que nacimos, y de donde son nuestros antepasados, o donde se han radicado los inmigrantes que han llegado de otras partes en busca de mejores oportunidades. Aquí estamos los que no tenemos otro lugar a dónde ir, o que no tenemos forma de subsistir en alguna otra parte. Aquí estamos clavados los que por amor, devoción o ciego apego a esta tierra inhóspita, cruel y exigente en alto grado, nos negamos a salir de ella, calor o no calor, con agua o sin ella, para bien o para mal.

En medio de las bocanadas de aire hirviente que respiramos en días pasados, las quejas y lamentos de la gente fueron constantes, y algunos se referían a las fallas que empieza a mostrar la CFE en el suministro de energía, sobre todo en las horas de más calor y, por lógica, de mayor demanda. Lógico, la paraestatal no tiene la capacidad para dar abasto a las brutales exigencias de los miles y miles de aparatos de aire acondicionado, coolers, abanicos, refrigeradores, congeladores y demás voraces consumidores de watts, que luego se convierten en verdugos a la hora de pagar los recibos de luz. No tiene remedio: Nos hemos convertido en esclavos del dios Freon y de los aparatos que lo utilizan.

Muy bien, quedamos entonces en que nosotros mismos en gran parte somos los artífices de nuestras desgracias ecológicas y sus derivaciones climatológicas. Que ciegos y torpes, y aún teniendo una cierta conciencia de lo que podía pasar, seguimos adelante con la tarea de darle en la torre a nuestro entorno ecológico. Y que hoy nos encontramos inermes ante los efectos absolutamente devastadores de nuestras múltiples imprudencias. El cambio climático global y sus manifestaciones locales y regionales nos tienen agarrotados por la garganta y estúpidamente creemos que con un acueducto ilegal y defectuoso, con los garrafones y las botellitas de agua purificada, y unos aparatos de refrigeración bufando día y noche, ya la hicimos. Bien, le tengo a usted una mala noticia: No es así, y esta situación va a empeorar mucho más, antes de mejorar.

Urbanísticamente hablando hay mucho que se puede y debe hacer. Es obvio que la presente administración municipal ya se la acabó el tiempo y no puede hacer gran cosa. Pudo y debió, pero no quiso o nunca estuvo en sus planes. Y ahora tendremos que esperar a que llegue la siguiente administración para ver si se le ocurre emprender lo que desde hace mucho debió hacerse: Construir los nuevos bosques y repoblar las áreas arboladas moribundas, para recrear las condiciones propicias que nos brinden una mejor calidad de vida. Hasta donde yo sé no existe un programa serio de reforestación en marcha, y en cambio diariamente se nos anuncian nuevas obras de pavimentación que, siendo desde luego necesarias, no hacen sino empeorar las condiciones de desproporción entre el área urbana pavimentada y el área urbana arbolada.

Miles y miles de millones de pesos han gastado los actuales gobiernos estatal y municipal y ni un solo peso de ellos ha sido invertido en la forestación de esta y las otras ciudades sonorenses. Ese es un delito de omisión en el que nadie, o muy pocos, reparan. Y es un delito –tipificado o no en las leyes vigentes- que tiene relación directa con la salud de los ciudadanos, y con su bienestar físico y espiritual. Pero nadie habla de esto, nadie lo exige, y a nadie le importa un bledo. Que sigan los cambios, dice la propaganda oficial, y la pregunta que debemos hacernos es si se refieren a los cambios destructivos que estamos experimentando en todos los órdenes, o a qué clase de cambios se refieren esos costosos, machacones y odiosos spots de radio y televisión con que nos cachetean día y noche.

Mientras se aproxima oficialmente el verano sonorense nos esperan días malos y días peores. Habrá niños y ancianos deshidratados -porque siempre son ellos los más propensos a sufrir los estragos de las altas temperaturas- y julio llegará más adelante con su promesa de lluvias que, de acuerdo con los pronósticos de los expertos, seguirá siendo por debajo del promedio, como ya se ha vuelto costumbre.

Sonora tiene y tendrá cada vez menos agua, a ver quién lo discute, y en vez de iniciar las obras necesarias para aumentar el agua disponible mediante el uso de las tecnologías modernas, hay quien sigue empeñado en echar mano de la poca que hay, repartiéndola no entre quienes carecen realmente de ella, sino entre un grupo de bribones que -siendo cómplices en el inmundo tráfico de influencias- pretenden utilizarla para negocios particulares y caprichos demenciales, tales como caballerizas con aire acondicionado, fraccionamientos con lagos artificiales, clubes hípicos para nuevos ricos, campos de golf y demás frivolidades por el estilo.

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Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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