HMO cuéntame tu historia

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en HMO cuéntame tu historia 40

A nivel personal me complace sobremanera la decisión tomada por la directora regional de “El Sol de Hermosillo”, mi estimable amiga Gabriela “Gabby” Salido Véjar, al abrir un nuevo espacio en ese periódico que el jueves pasado cumplió 5 años de haber iniciado sus publicaciones en nuestra región. Felicitaciones dobles, pues, para este medio impreso: por su quinto aniversario, y por esta nueva sección en la que podremos vaciar nuestras remembranzas nostálgicas y las anécdotas de lo que ha sucedido en esta ciudad que se nos escapa de las manos y, en muchos sentidos, de la mente. Y cuando las historias diarias se olvidan, y se pierden en la bruma del tiempo los sucesos que fueron tejiendo el entramado de la comunidad en que vivimos, vamos por mal camino. Eso no lo debemos permitir, por ningún motivo.

Por ello es fuertemente aplaudible la iniciativa de la dirección de ese medio, que seguramente no solo nos traerá interesantes aportaciones de los hermosillenses de ayer y de antier (como quien esto escribe), y también -¿por qué no?- de los hermosillenses no nativos pero que se han avecindado aquí a lo largo de los años, y que deseen compartir las vivencias y experiencias de su vida en esta ciudad que compartimos. Venturosamente, pues, se abre un nuevo e interesante espacio de comunicación, en el que todo aquel que lo desee puede ofrecer a los lectores sus memorias y recuerdos.

A partir del viernes pasado encontrará usted en la sección “HMO cuéntame tu historia” una serie de historias, anécdotas y vivencias que sin duda enriquecerán el conocimiento sobre el Hermosillo de ayer, sin el cual el Hermosillo de hoy simplemente no tendría sentido. Una primera colaboración que su servidor envió para inaugurar esta sección, abrió la puerta y el espacio para que sigan muchas más, tantas como sea posible, y que según me comenta Gabby, formarán parte de un libro que “El Sol de Hermosillo” tiene pensado publicar dentro de un año, al cumplirse el sexto aniversario. Otra excelente idea que celebro con entusiasmo.

Voy ya hacia a los 36 años escribiendo para los escasos lectores que tienen el atrevimiento de honrarme con su atención, y hay muchos hermosillenses a los que les disgusta mi estilo agresivo y directo. Gente que me considera polémico y controversial, por decir las cosas en la forma como las digo. Nunca ha sido mi intención molestar a nadie, excepto a los que son objeto de mis críticas directas, cuyo comportamiento en mi opinión haya dañado o esté dañando a la comunidad a la que pertenezco, y a la que me debo por entero.

En estos casi 36 años que llevo alebrestando a la comunidad sonorense el tema constante ha sido, obviamente, la política, los personajes de la política y sus acciones, y los sucesos buenos, malos y terribles, que se han venido dando desde aquella primera colaboración que publiqué en “El Imparcial”, el 7 de junio de 1984. Desde entonces ha corrido mucha agua debajo de los puentes, y Hermosillo, Sonora en general, y el país en su conjunto se han transformado, para bien o para mal, según el cristal con que se mire.

Además de los miles y miles de artículos que he escrito sobre temas políticos, económicos y conflictos y situaciones sociales diversas, he abordado también en numerosas ocasiones los temas de mi ciudad natal, sus rincones casi desconocidos, sus momentos inolvidables, sus costumbres tradicionales, sus personajes pintorescos, y los lugares donde se reunían nuestros padres y abuelos, y luego nosotros, las generaciones que llegamos más tarde, y posteriormente algunas otras, oleada tras oleada, migración interna tras migración, en una corriente humana incesante que tiene a nuestro Hermosillo actual a punto de rebasar el millón de habitantes.

De entre todos esos millares de artículos, los me han dejado más satisfecho y con un inigualable sabor de boca, son los que he escrito sobre Hermosillo, Mi Hermosillo, el que yo viví cuando niño, y luego recorrí como chamaco y adolescente, con el interés y la curiosidad por verlo todo, por no perderme de nada, por grabar en mi mente inquieta todos los detalles, todos los aromas y todos los sabores de aquella ciudad que pian pianito salía de su modorra, en su empeño por dejar de ser un pueblo grande para convertirse en la agitada urbe que hoy es, con todas sus cosas buenas y malas, su variopinto crecimiento positivo y negativo, su impresionante desarrollo urbano, su innegable pérdida de valores y su dolorosa ausencia de identidad.

Quienes me conocen mucho o algo, saben que -por la gracia de Dios- poseo una memoria privilegiada, que a pesar de los muchos años que llevo a cuestas, retiene en forma increíble incluso detalles de cuando yo era un niño de apenas cuatro o cinco años de vida. Lo crea usted o no, es la verdad, y puedo demostrarlo en el momento que se me pida. El caso es que ese privilegio de no olvidar, hace que el amor por mi ciudad se haya convertido en la más avasalladora de mis pasiones, y a la vez sea una de mis grandes motivaciones para tratar de mantener vivas las tradiciones, los valores, los recuerdos, las vivencias y los miles y miles de detalles que permanecen vivos en los rincones polvorientos de mi memoria.

Le daré a usted un ejemplo: En el año de 1940 tenía yo apenas tres años de edad, la III Guerra Mundial estaba en su apogeo, y entonces el PRI se llamaba PRM. En una agitada y violenta campaña presidencial se enfrentaron Manuel Ávila Camacho (candidato oficialista apoyado por Lázaro Cárdenas) y su opositor, Juan Andreu Almazán. Mi papá, mi mamá, mi hermana Leticia de apenas un año de edad, y yo de tres años, vivíamos entonces en una casa ubicada en la esquina de las calles Sinaloa (hoy Niños Héroes) y Garmendia. En aquel entonces cortaban la luz a las 9 de la noche, de manera que la ciudad quedaba a oscuras casi por completo, y recuerdo que por las noches pasaban por la calle los contingentes de almazanistas armados, gritando consignas e iluminándose con antorchas encendidas. Mi papá y mi mamá no me permitían salir a ver las violentas manifestaciones de los almazanistas, pero yo las veía a través de los postigos entreabiertos y al amparo de la oscuridad nocturna. Escenas como esas, y muchas otras de todo tipo, se me quedaron grabadas en la memoria para siempre.

Esa milagrosa capacidad de retención me ha permitido escribir sobre multitud de situaciones que, de no tener ese privilegio, se hubieran borrado inevitablemente de mi mente, con el paso de los años. Gracias a Dios permanecen ahí, sin sufrir menoscabo alguno, y listos para ser expuestos a mis conciudadanos hermosillenses en el momento que yo lo desee.

El artículo que acaba de publicar “El Sol de Hermosillo” en la nueva sección “HMO Cuéntame Tu Historia” es el primero de muchos que pienso publicar ahí, desde luego si la dirección del periódico lo permite, y entre ellos incluiré historias, fantasías, cuentos cortos y toda clase de relatos, con la mejor intención de que los lectores enriquezcan su conocimiento sobre esta ciudad cuya historia amenaza con escurrírsenos entre los dedos, y cuyo sabor y aroma indescriptibles se esfuman poco a poco y sin remedio.

Es por ello que debemos tratar de capturarlos, de aprisionarlos en la cárcel de las letras, las palabras y las frases, para que no se nos escapen como aves asustadizas, y para que sirvan como ancla entre las generaciones de hoy y las que vengan mañana; y las generaciones de antiguos hermosillenses que con su esfuerzo y tenacidad pusieron las bases para que aquella pequeña y soñolienta ciudad, se transformara en la pujante urbe en que se está convirtiendo en la actualidad.

¿Qué pasará mañana en esta ciudad que crece en forma incesante, desordenada y caótica? Imposible saberlo, y seguramente yo ya no estaré aquí para ser testigo. Pero lo que me importa, y en lo que puedo colaborar activamente, mientras tenga vida y salud, es en que permanezcan vivas las huellas del pasado, para disfrute de quienes gusten de las noches estrelladas, de los atardeceres de llamaradas y del aroma de azahares de naranjo, que es a lo que olía mi Hermosillo, en aquellas épocas limpias y tranquilas que atesoro en mi memoria, y que jamás olvidaré.

En Twitter soy @ChapoRomo

Mi dirección de correo es oscar.romo@casadelasideas.com

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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